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RESEÑA CRÍTICA

 

Eduardo Soto Ruiz*

 

 

 

Título original

 

Hayden White*. Metahistory. The historical imagination in nineteenth century Europe, The Johns Hopkins, University Press, Baltimore-Londres, 1973, 432 pp. 

 

Título en español

 

Hayden White. Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX. Trad. de Stella Mastrangelo, FCE., Méx.,  1992, 432 pp.

 

 

 

Estructura de la obra.

 

La obra está dividida en tres partes precedidas por un prefacio y la introducción a la poética de la historia. La primera parte se titula La tradición recibida: la Ilustración y el problema de la conciencia histórica; la segunda Cuatro tipos de realismo en la escritura histórica del siglo XIX. Por último, la tercera parte lleva por titulo El repudio del “realismo” en la filosofía de la historia de fines del siglo XIX. Al final de la obra el autor norteamericano expone sus conclusiones así como la bibliografía que consulto para la realización de esta investigación meta historiográfica. 

 

Reseña

 

Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX, es un análisis de las principales tramas o formas de conciencia histórica[1] del siglo XIX. En esta obra el autor busca poner en claro las formas representativas de la reflexión histórica propias del siglo XIX, las cuales requieren para su estudio de una teoría formal. (White, 1992, p.9). La comprensión de esas formas de conciencia y representación histórica, de su sentido y significado son explicadas o protocoladas por el lenguaje poético y literario de los historiadores: Michelet, Ranke, Tockeville, y Burkhardt, y filósofos[2] de la historia como Hegel, Marx, Nietzsche y Croce, la mayoría de ellos pensadores europeos considerados por White representantes del pensamiento del siglo XIX. En efecto, en Metahistoria, White descubre las estructuras profundas para la explicación y comprensión del lenguaje poético que subyace en los diferentes discursos históricos, así como las formas de articulación o estilos historiográficos[3] que  ejemplifican cada uno de los tipos de narración o relato del pasado. Para enriquecer más su texto desde la perspectiva metahistórica, White recurre a los estilos historiográficos, que representan las combinaciones en que la trama histórica se hace presente en el discurso a través de las narraciones y conceptualizaciones que prefiguran precriticamente el pasado del hombre y la sociedad como elementos específicamente lingüísticos, poéticos e ideológicos en los que se basa la historiografía del siglo XIX.

 

En este trabajo, White traslada, sin lugar a dudas, los aspectos generales presentes en los enfoques tradicionales del contenido de las ciencias sociales o de la cultura y sus exponentes, al de las formas de prefiguración y representación del pensamiento histórico. Para ello toma en cuenta un conjunto de estrategias[4] explicativas basadas en un cuádruple modelo de explicación histórica: (explicación por la trama, explicación por la argumentación formal, y explicación por implicación ideológica, así como la teoría de los tropos). Al final del ejercicio, en este texto de White, se percibe también un desplazamiento de la lógica a la retórica, del realismo histórico a las formas de la trama. .

Desde un enfoque o perspectiva que él mismo White llama formalista[5] o meta cognoscitiva, la obra aquí reseñada puede conceptualizarse en cinco niveles para su comprensión: la crónica, el relato, el modo de tramar, el modo de argumentación y el modo de implicación ideológica. Con los dos primeros, es decir, con la crónica y el relato, se lleva a cabo el proceso de selección y ordenamiento del registro u archivo histórico, en los cuales la sucesión hasta cierto punto provisional de la crónica ingresa en una particular jerarquización y significación, cuya función conforma la estructura del relato. (White, 1992, p.18). La puesta en escena del relato obedece, según White, a determinadas estrategias explicativas. La primera que el autor refiere en su texto es la explicación por la trama. La puesta en trama o tramado es la forma en que una secuencia determinada de sucesos es organizada como un relato. (White, 1992, p. 18). Pero el relato en la narrativa de White tiene dos acepciones: puede ser relato histórico o relato de ficción, en el primero es posible hacer referencia a hechos reales, propios de la literatura histórica, mientras que los relatos de ficción son producto de la imaginación e invención del autor y están presentes en la literatura de ficción, es decir, en el cuento o la novela, por ejemplo.

 

Ahora bien, para la comprensión de su modelo de explicación, White recurre metodológicamente a las distinciones hechas por Northrop Frye (1912-1991), considerado uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, quien en su Anatomía de la crítica (1957), identifica cuatro modos distintos de llevar adelante la trama: el romance, la tragedia, la comedia y la sátira. El romance es un  drama cuya identificación está dada por la trascendencia de un héroe del mundo de la experiencia, con una victoria final que produce su liberación de ese mundo. (White, 1992, p. 19). Por su parte la sátira se opone justamente al drama romántico de la redención. Aquí  lo que priva es el drama sostenido por el temor del hombre de volverse esclavo en un mundo donde se creería señor. En cambio la comedia y la tragedia suponen una cierta posibilidad de liberación, aunque parcial de la condición de la caída del hombre, con la eventualidad de un escape provisional de las condiciones en que el hombre vive en el mundo. Sin embargo, si bien la comedia y la tragedia toman el conflicto muy seriamente, según White, mientras que la comedia desemboca en una visión de la reconciliación final de fuerzas opuestas, la tragedia cae en una revelación de la naturaleza de las fuerzas que se oponen al hombre. (White, 1992, pp. 20-21). En el mismo sentido, el autor analiza el modelo de explicación por argumentación formal con la cual da cuenta de las operaciones racionales que puede realizar el historiador y filósofo para apoyar su explicación en la narración tramada o coligada. De forma análoga a la anterior en su texto retoma los aportes de Stephen C. Pepper, quien en World Hypotheses (1961), distingue cuatro formas paradigmáticas que pueden adoptar las explicaciones formales: formista, organicista, mecanicista y contextualista. (White, 1992, p.24). La explicación formista tiende a buscar la caracterización exclusiva de los elementos que conforman el campo histórico.

 

La preeminencia de lo particular por sobre lo general hace que esta estrategia tienda a dispersar la labor de análisis, concentrándose en la diversidad de cada caso. Por el contrario, la estrategia organicista, busca integrar la diversidad de aspectos o sucesos el campo histórico, a través de una labor sintética en la que los componentes individuales solo son comprensibles si son subsumidos en una totalidad cuya existencia es distinta  a la suma de las partes. Por otra parte, la hipótesis mecanicista que sustenta el mundo tiende a considerar cada caso de forma reductiva, en la que cada acción o agente en la historia son vistos como la manifestación de factores, o fuerzas suprahistóricas que operan como causas últimas del desarrollo de todos los acontecimientos. La acción de estas fuerzas es analizada en términos del despliegue de grandes leyes históricas que gobiernan las interacciones a partir de las cuales es legible cualquier acontecimiento. Finalmente la explicación contextualista apela a la necesidad de ubicar cualquier acontecimiento  en el mapa contextual de su acontecer. La hipótesis contextualista localiza la especificidad de cada uno de lo sucesos, tomando en consideración los vínculos de interdependencia funcional existente entre  los agentes y las agencias que proliferan en el campo, en el momento histórico considerado. (White, 1992, p. 28).

 

Los dos anteriores modelos se complementan en el texto de White con un tercero que el autor denomina explicación por implicación ideológica, en la que se ilustra las dimensiones valorativas que devienen de la posición particular que adopta el historiador frente al problema del conocimiento histórico. En este caso, el autor retoma a Karl Mannheim (1893-1947), en especial su trabajo sobre Ideología y Utopía (1929),  desde el cual clasifica las distintas posiciones ideológicas en la historia de la siguiente forma: anarquismo, conservadurismo, radicalismo y liberalismo. (White, 1992, p. 32). Cada una de estas estrategias de explicación ideológica, según el texto, están implicadas en la obra histórica, en particular reflejan las formas de aproximación estética, por ejemplo en La Estética de Croce o en El nacimiento de la tragedia y el espíritu de la música, de Nietzsche, dadas por la trama ante cierta operación cognoscitiva por la cual la estrategia argumental empleada protocoliza y hace legible el discurso histórico.

 

Con estas cuatro clasificaciones propuestas, White concibe en su texto diferentes ideas con relación al tiempo de las transformaciones o cambios sucedidos durante el siglo XIX, así como también sus consideraciones hacía el tiempo pasado y futuro, en términos de progreso o decadencia. A juicio del autor, la presencia de estas cuatro estrategias de explicación por implicación ideológica terminan por conformar históricamente la proyección extratextual del historiador como escritor de la historia inmerso en el caos, el drama, la comedia, la ironía, la sátira, la poesía, la crítica y la “reconciliación histórica”, etc. La cuestión central es que la mayoría de las secuencias históricas pueden ser tramadas de diferentes maneras proporcionando diferentes interpretaciones de los acontecimientos y otorgándoles diferentes significados, puesto que como señala White en su texto, las situaciones históricas no son inherentemente trágicas, cómicas o novelescas. Estas tres dimensiones o estructuras lingüísticas en las que clasifica White las estrategias explicativas, se apoyan a su vez en una teoría tropológica, que consiste en prefigurar el conjunto de sucesos o acontecimientos registrados en los documentos. Para White, el acto de prefiguración es poético en la medida en que opera en forma precognoscitiva y precrítica en la conciencia del historiador, dando forma a la estructura verbal que luego será de utilidad en el  modelo ofrecido para dar cuenta de lo realmente sucedido según el discurso histórico. (White, 1992, p.40).

 

Es en ese sentido, que White reconoce que el nivel tropológico no solo es constitutivo en el plano de la percepción mental, sino que opera como componente determinante de la formación conceptual que permite la identificación de los objetos históricos y sus relaciones. La clasificación propuesta se expresa en cuatro tropos principales: la metáfora, la metonimia, la sinécdoque y la ironía. (White, 1992, pp. 40-43). En su caso la metáfora identifica la experiencia del mundo en términos de objeto-objeto y supone que los fenómenos pueden ser identificados con relación a su semejanza o diferencia, sea en el modo de la analogía o de la similitud. En el caso de la metonimia la relación se establece en términos de una parte que puede sustituir el nombre del todo. La sinécdoque, que puede ser una forma de metonimia, utiliza una parte para identificar una cualidad perteneciente ala totalidad. Finalmente, la ironía afirma de forma implícita la negación de lo afirmado de forma literal. La teoría de los tropos, desde el punto de vista discursivo, permite identificar cuatro modos de conciencia que son previos y determinantes de la posterior elección de las estrategias explicativas que lleva adelante el historiador.

 

En este mapa analítico, Marx es considerado por White como el representante paradigmático de un intento de transformar el estudio histórico en una ciencia, cuyos aportes desde Hegel buscaron en el ambiente de la economía política de su tiempo, crear una visión de la historia en que la perspectiva dialéctica y materialista no dejaban de ser histórica, de forma similar a Vico Rousseau y Hegel, Marx vio  la sociedad como un problema en el que se plasmaba dos dimensiones contrapuestas  por un lado, la sociedad permitía al hombre alcanzar la liberación de los límites impuestos por la naturaleza, por el otro, esa misma sociedad era la causante de la separación de los hombres entre sí. (White, 1992, pp. 269-274).

 

Por último, esta poética de la historiografía que desarrolla White en Metahistoria, es la que permite, sin duda, alertarnos sobre cómo se debe poner atención  a las condiciones de  posibilidad científica de las diferentes posiciones que buscan justificar la objetividad del discurso histórico, desconociendo con ello las estructuras que colocan a la historia en un lugar contiguo a la ficción narrativa. Así reformulada la historia desde el punto de vista filosófico, por ejemplo en Nietzsche, para quien la historia es explicada y tramada de modo metafórico e irónico, sin caer en la condición de desesperación de la que el pensador alemán escapo por medio del irracionalismo romántico ilustrado. (White, 1992, pp. 353-356). Una vez resuelto esto, queda claro que para White somos libres de concebir irónicamente la historia como nos plazca, bastando la voluntad de conocer la historia desde una perspectiva necesaria para la comprensión el proceso histórico para trascender el punto de vista del agnosticismo como la única forma realista de percibir el mundo. ((White, 1992, p. 412) Más entre los diversos modos de tramar, de argumentación formal, y de implicación ideológica, se establece lo que White llamo afinidades electivas, y también incompatibilidades. (Ver cuadro). Tal sería, entre otros, el modo satírico de la puesta en trama, el cual se adecua a los modos de ideología liberal o conservador, pero nunca al radical. Como veremos en el siguiente cuadro, de acuerdo con su metodología, White describe en su texto una cierta incompatibilidad en algunos de los modos puesto que no se puede hacer concurrir un modo de argumentación, por ejemplo, formalista con un estilo irónico. Así, los distintos estilos historiográficos que el autor analiza, de acuerdo con su método[6] de investigación historiográfica, representan un nivel de complejidad del lenguaje poético mayor al que le precede, y surgen de su articulación, combinación e interpretación, un conjunto o serie de estrategias explicativas mediante las cuales se presenta de manera coherente el efecto explicativo y, por consiguiente, la comprensión de la totalidad o dimensión social del discurso[i] historiográfico. Con la cognición de ese proceso, estamos en el terreno de la Metahistoria, disciplina, según la entiendo, de las posibilidades de construcción, representación, imaginación, y elaboración de nuevos discursos y saberes históricos, literarios, poéticos, estéticos, ideológicos, filosóficos.

 

 

Conclusión

 

En estas páginas he intentado comprender la totalidad del texto de White, al interior del cual se encuentra una ruta o camino para encontrar el hilo conductor de la trama histórica. Es por lo anterior que veo no sólo un giro .lingüístico en su obra, sino un discurso denso que ha sido para mi complicado reseñar en su totalidad. No obstante, lo asombroso de ello es la delicia de su lenguaje y los pasajes y paisajes que expresa posibilitando con ello la imaginación en cada una de sus paginas; las notas poseen el encanto de la iluminación y la estulticia, sobre todo para quien no está familiarizado con los grandes relatos o meta relatos de la historia y la filosofía del siglo XIX.   

 

Por eso he limitado, dice White, este estudio a un análisis de la relación entre el nivel manifiesto de las narraciones históricas, donde se despliegan los conceptos teóricos utilizados para explicar los datos, y su nivel latente, considerado como el terreno lingüístico en que se constituyen precriticamente esos conceptos. Esto ha sido suficiente para permitirme caracterizar, en lo que creo ser un modo puramente neutral y formal en cuanto a valores, las diferentes estrategias interpretativas elaboradas por historiadores y filósofos de la historia del siglo XIX.  (White, 1992, p. 410)

 

Para mí, el acercamiento a este texto ha sido no solamente clave sino vital, para intentar comprender las dimensiones de la investigación historiográfica, pues enfatiza la labor activa que los hechos y fenómenos del lenguaje poético-narrativo reclaman al historiador a la hora de escribir la historia, de comprenderla, explicarla e interpretarla desde el punto de vista historiográfico.

 

Desde mi particular punto de vista, nuestra labor debería consistir en dilucidar las condiciones de posibilidad del discurso histórico, atendiendo no sólo a la ciencia, su objetividad y razón, sino a la imaginación y representación creadora, así como a las prefiguraciones reales e imaginarias que el autor de esta metapoética presenta en su narrativa, en el análisis del pasado y sus críticos, aunque éstos hayan sido algunas veces irónicos.

 

 

  

 



* Hayden White. 1928- historiador, historiógrafo, filósofo y escritor norteamericano, doctorado en historia por la Universidad de Michigan Estados Unidos; profesor distinguido de las universidades de California, Rochester y Stanfort. Conocido por sus análisis de las estructuras literarias de los siglos XIX y XX, que han abierto una nueva discusión, reflexión y reconceptualización de las prácticas y saberes historiográficos. Su aporte a la historiografía radica en su intento por superar las clasificaciones tradicionales de las diferentes escuelas históricas sobre todo de filiación ideológica, lo que desarrolla a partir de una nueva forma de narrar e interpretar la historia, es decir, el lenguaje poético y literario presente en la escritura de la historia como recurso e instrumento de comprensión y explicación de las distintas tipologías y estilos historiográficos base o fundamento de las formas de elaboración del discurso histórico. White es autor también de: the content of the form: narrative discourse and historical representation. El contenido y la forma: discurso narrativo y representación histórica, Baltimore: the Johns Hopkins University Press. 1987; y the fiction of narrative: essays on history, literature, and theory, 1957-2007. La narrativa y la ficción: ensayo sobre la historia y la teoría literaria, Baltimore: the Johns Hopkins University Press. Ed. Robert Doran, 2010. En ambas obras, el autor problematiza las claves metodológicas para comprender las tensiones entre historia y narración, así como las formas y contenidos de la representación del relato histórico y de ficción, la narratividad poética y literaria en diferentes autores clásicos, sus textos y contextos históricos.

 

[1] Conciencia histórica es para White un proceso histórico en el que la teoría de los tropos proporciona los elementos claves para el análisis de los modos dominantes en que el pensamiento histórico toma forma y se transforma en Europa a partir del siglo XVIII. Para White, el proceso de la conciencia histórica, comienza con  la influencia de la Ilustración francesa. (Cf. White H., Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del siglo XIX, FCE., p. 47) 

 

[2] Historiadores narrativistas para White no son los científicos que describen, narran, cuentan el pasado del hombre y la sociedad, así como los grandes hechos o acontecimientos, sino los sujetos irónicos, un tanto iracundos, raros, fuera de lo común, rebeldes que se enfrentan contra si mismos y contra los demás, los perseguidos, los llamados locos, pensadores peligrosos, cuya perspectiva histórica se funda en el tropo de la ironía, quienes ven a los iguales como desiguales y al tiempo histórico lineal y circular a la vez, pero no por ello son seres privilegiados o iluminados autorizados para impones o dictaminar cómo se debe escribir la historia. En este sentido es que para White no hay valores absolutos, pues se trata de ironizar la ironía para superar con ello las viejas trampas y paradigmas del pasado y sus críticos.  Para los filósofos de la historia las formas de argumentación racional son el nivel que se usa para explicar el significado de los acontecimientos, son los argumentos formales: hay mecanicistas Marx, Nietzsche, Croce, quienes buscaban las leyes generales del devenir histórico. Hay organicistas como Hegel y Ranke, que encuentra totalidades espirituales detrás de los individuos históricos y los hay contextualistas, Michelet, por ejemplo, que buscan identificar los rasgos distintivos de los sujetos históricos. El tercer nivel es el modo en que los autores utilizan la historia para conocer el presente, es decir, las ideologías o explicaciones por implicación ideológica llama White a los estilos historiográficos

[3] Los estilos historiográficos representan para White una combinación particular de modos de tramar, de argumentación y de implicación ideológica. Pero White advierte, los varios modos de tramar, de argumentación y de implicación ideológica no pueden combinarse indiscriminadamente en una obra determinada.. por ejemplo, una trama cómica no es compatible con una argumentación mecanicista, igual que una ideología radical no es compatible con una trama sátirica. (White, Op. cit., p. 38)      

[4] Estrategias explicativas, son el conjunto de formas de comprensión de la trama, de prefiguraciones que producen efectos explicatorios en el tramado del discurso histórico, el pasado y la escritura de la historia, o sea, la manera en que una serie de sucesos organizados son perneados por la narración de un relato de cierto tipo particular. Para White, la explicación de la trama existe en relación con la explicación por argumentación formal-racional y explicación por implicación ideológica.

[5] Según el enfoque formalista, la percepción de White como historiógrafo es textualista, ya que problematiza todos los rincones del oficio del historiador, así como el sentido del progreso de la historiografía, desde el punto de vista metahistórico, es decir, poético-literario. White no es ingenuo, sabe  que detrás del pensamiento o, mejor dicho de los lenguajes y culturas de cada uno de los historiadores a los que hace referencia en su texto, se encuentra la política como principio y acción subjetiva del hombre. Por lo que se podría  decir que su trabajo es también un análisis antropológico del discurso histórico.

[6] Mi método, en resumen, es formalista. No trataré de decidir si la obra de determinado historiador es un relato mejor, o más correcto, de determinado conjunto de acontecimientos o segmento histórico que el de algún otro historiador; más bien trataré de identificar los componentes estructurales de tales relatos (White, H. Op. Cit. p. 14)

 



*Eduardo Soto Ruiz, es licenciado en Sociología, estudio la maestría en filosofía política en la UAM Iztapalapa, actualmente es profesor de medio tiempo en la UPN 153 Ecatepec y candidato a maestro en historiografía por la UAM Azcapotzalco. 

 

  

La Razón Histórica, nº17, 2012 [109-116], ISSN 1989-2659. © IPS. Instituto de Política social.

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