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El Colegio Libre de Estudios Superiores frente al peronismo en Santiago del Estero 1950-1951.

 

Mgt. Héctor Daniel Guzmán.

 

Proyecto Historia de las ideas en Santiago del Estero en el siglo XX. Movimientos culturales y revistas, UNSE, Director Dr. Gustavo Carreras (Argentina)

  

   Resumen

En este articulo, el autor analiza el itinerario político intelectual de una fracción del movimiento liberal santiagueño agrupado bajo el lema del liberalismo. A través del análisis de las diversas aspiraciones que inspiraron el reformismo universitario, y muestra de que modo las coincidencias iniciales del grupo respecto de su antagonismo con el peronismo comenzarían a resquebrajarse como resultado de las diversas posiciones que sus integrantes asumen tras los sucesos de la política cultural del estado provincial.

Summary

In this article, the autor analyzes the political and intelectual itinerary of de fraction of the santiagueño liberalist movement, grouped under the liberalism motto. From the analysis of the different aspirations that insoired the university reformism, and shows in which way the inicial coincidences of de group members, in relation to their antagonism with the peronism, will began to crack as a result of the different positions that its members assume after the politics cultured the provincial state.

Resumem

Neste articulo, o autor analisa o itinerario político intelectual de uma fracção do movimento liberal santiagueño agrupado baixo o lema do liberalismo. Através da análise das diversas aspirações que inspiraram o reformismo universitário, e mostra de que modo as coincidências iniciais do grupo respeito de seu antagonis com o peronismo começariam a resquebrajarse como resultado das diversas posições que seus integrantes assumem depois dos acontecimentos da política cultural do estado provincial.

 

 

Los intelectuales  liberales locales frente al estado y sus políticas culturales (1950-1951)

 

La estrategia del CLES en las provincias  no dio mucho resultado en 1950,  que se vio reflejada en fracasos de situaciones a nivel regional, como la continuidad de la Revista Argentina de Sociología,editada por el Instituto de Sociografía y Planificación de la UNT, dirigido por Miguel Figueroa Román. En ese primer y único número aparecido en 1950, colaboraron “Bernardo Canal Feijóo, Gino Germani, Alfredo Poviña, y Bernardo Serebrinsky”1.

La coyuntura cultural-política había cambiado. Lo nuevo que trajo el peronismo fue la intervención del Estado en la esfera intelectual. Esto ocasionó una toma de posición en los intelectuales antiperonistas, que varió desde la inclusión en el nuevo fenómeno político a la combatividad en contra del mismo, reflejado en los espacios culturales de resistencia, que lucharon por defender la verdadera “democracia”2. Estos espacios conformaron verdaderas redes nacionales que llegaron a todas las “provincias”3, dentro de un proceso que ya estaba en marcha, y que fue el inicio de políticas culturales estatales como nunca se había visto en el país. Esta temática, estudiada por Florencia Fiorucci (2001; 2002; 2004; 2007; y 2008) fue abordada en una serie de trabajos que muestra cómo los intelectuales peronistas y antiperonistas reaccionaron ante esta “coyuntura cultural”4.

En nuestra provincia esta política estatal fue muy marcada en 1950 bajo el gobierno de Carlos Arturo Juárez, con la creación de un Registro de Entidades Culturales, con el propósito de coordinar las actividades culturales en todo el territorio de la misma, bajo el comando del Profesor José Kobylañsky. Éste dictó una resolución invitando a todas las entidades culturales y deportivas a inscribirse en el término de 60 días, para gozar de un subsidio del estado, o para “gestionarlo”5. Este fue el primer paso de la Subsecretaría de Cultura del gobierno provincial para avanzar sobre el área cultural, amenazando seriamente la autonomía de las instituciones culturales. Ese proceso se comprende porque a nivel nacional actuaba la nueva Dirección Nacional de Cultura, que venía a reemplazar a la Subsecretaria de Cultura, con premios de la Comisión Nacional de Cultura y la reglamentación para el funcionamiento de las “academias nacionales de cultura”6. Pero lo más importante que hizo la Subsecretaria de Cultura de la Provincia, fue lanzar un ciclo de extensión cultural, con docentes de la UNT, UNLP, y UNR, estando entre los mismos Jorge W. Ábalos, un miembro del CLES, que como varios casos de intelectuales liberales, comenzarán a colaborar con las políticas culturales del Estado peronista.

Esta penetración de las líneas de acción cultural del Estado peronista, la podemos ver en el apoyo que la Junta de Estudios Históricos ofrece a las conferencias que profesores de la UNT brindaron en Santiago. La otra cara de esta ofensiva del peronismo contra las filas liberales, fue la clausura de El Liberal, así como con todos los medios gráficos opositores que a nivel nacional confrontaban con el gobierno nacional. Si bien fue una intervención de algunos meses, era una muestra para el frente liberal de lo que era capaz un régimen autoritario como el peronista.

“La Brasa”, en varias reuniones, debatió qué hacer ante esta realidad que se les planteaba. Una de sus conclusiones fue “continuar actuando como hasta ahora, dentro de las más amplia libertad de conceptos a fin de que “La Brasa” sea, como ha sido siempre, un refugio de paz para el espíritu, donde el arte una a todos y no separe a nadie”7. Esta situación llevó al grupo a reorganizarse, y en su mayoría los que respondieron al llamado de la agrupación fueron liberales que no aceptaban el avance estatal en el plano de las actividades culturales de las instituciones privadas.

El temor no era imaginario. La escritora Julia Prilutzky fue traída por la Subsecretaria de Cultura para dar una serie de conferencias en la “Biblioteca Sarmiento”, y también auspició conjuntamente con Amigos de Arte el recital de la violinista española Rosa Más. En relación a la primera visitante, “La Brasa” colaboró con dinero para que ofreciera más conferencias en la Sarmiento, lo que demostró que el grupo quería sobreponerse a los conflictos políticos y apoyar lo que consideraron una buena política cultural.

Pero esto no era lo que molestaba a los intelectuales liberales, sino el uso que se daba a la cultura como medio de propaganda proselitista. Pues la Subsecretaria también auspició a intelectuales peronistas foráneos con conferencias sobre la nueva constitución nacional y sus beneficios para la nación, y otras conferencias dedicadas a San Martín, donde se resaltaba su perfil católico, condenando su masonería.

Ante esta situación, el “Círculo de la Prensa” organizó una serie de conferencias sobre San Martín, a cargo de Alfredo Gargaro, donde se defendió la figura liberal del prócer, respondiendo a las conferencias de organizadas por los peronistas, pero el acto organizado por las instituciones liberales que más reunió simpatizantes fue el aniversario de la Revolución Francesa, que se realizó en la “Biblioteca Sarmiento”, superando en público a la demostración realizada a Ricardo Rojas en su visita a Santiago.

La Subsecretaria de Cultura redobló la apuesta, y en agosto de 1950 citó a artistas de Santiago Capital y Banda para organizar el 1º Gran Salón de Arte, para una reunión en el “Museo Provincial de Bellas Artes”. El objetivo era claro:

 

(…) “es propósito de la Subsecretaria de la Provincia organizar concretamente el movimiento cultural de la Provincia en sus distintas manifestaciones para el año próximo dando cabida a todos aquellos que de algún modo quieran participar”8 (…)

 

Es evidente que éste era el gran fin de la estrategia del Estado provincial respecto del campo de la cultura local. El llamado no tuvo el eco esperado, pero fue un paso adelante en el proceso de brindar por parte del Estado un espacio para aquellos intelectuales y artistas que quisieran que sus expresiones artísticas llegasen al público.

Ante este contexto, “La Brasa” auspició la visita del escritor ecuatoriano socialista Jorge Icaza, el folklorologo comunista Chileno Orestes Plath, Ricardo Rojas, y Romualdo Bruguetti, ambos intelectuales antiperonistas, lo que marcaba una tendencia en el grupo.

En 1950 también hubo un importante movimiento pro-universidad nacional, motorizado pro el “Círculo del Magisterio Santiagueño”, y que en varias reuniones en la “Biblioteca Sarmiento” se pedía ayuda del gobierno provincial. Éste no respondió a la convocatoria del grupo de docentes citado, ya que consideraba a esta institución como antiperonista. Para combatirla, como a las otras agrupaciones liberales docentes, la Dirección General de Educación sacó a la calle La Pluma, órgano del magisterio peronista, quién defendía la obra de Perón y del gobierno provincial. Y así junto a esta revista, salió a la calle Hacia la luz, otro medio peronista auspiciado por el gobierno provincial, que concordaban en la celebración oficial al Libertador General San Martín, sosteniendo que aquellos fueron “momentos propicios a la libre expresión”9. Fue una forma de contestar las críticas de la intelectualidad liberal, y mostró también los recursos y la importancia que para el Estado fue intervenir en el campo cultural local, tratando de convertirse también en espacio de legitimación y prestigio para los intelectuales.

En 1951 la “Sociedad Sarmiento”, tiene un nuevo presidente brasista, don Lorenzo Fazio Rojas (1951-1953), lo que implicó que las actividades de “La Brasa” continuaron con las visitas de intelectuales del CLES porteño, como Vicente Fatone, José Lanuza, y Romualdo Bruguetti. El grupo siguió con sus actividades de defensa de la democracia liberal, con un homenaje a Esteban Echeverría y a Sarmiento, en consonancia con los homenajes que los otros grupos liberales le realizaron en le resto del país, y Horacio Rava, unificó la tarea de la “Sociedad Sarmiento” de Tucumán, otro enclave liberal, con la homónima de nuestra ciudad10. De todos los homenajes, el que se dedicó a Echeverría fue el que movilizó a casi todas las instituciones liberales. Se realizó en la “Biblioteca Sarmiento”, y contó con la presencia de José Lanuza, integrante del grupo Sur, y de Liberalis, una revista que seguía los lineamientos antiperonistas de  Argentina Libre, medio antifascista. Tanto Lanuza, como otros miembros de la SADE, fueron los que organizaron este homenaje que no pudo cumplirse en su totalidad frente a la estatua del prócer, ya que la policía impidió la “realización de discursos”11, pero eso no evitó la abundante movilización en los distintos puntos del país, como las conferencias en la “Biblioteca Sarmiento” en Santiago Capital. Esta respuesta de los intelectuales “libres”12 a la tendencia autoritaria del peronismo, y a su año sanmartiniano de 1950, mostraba aún la fortaleza de la tradición de Mayo entre los letrados en toda la nación.

“La Brasa” en abril festejó sus 25 años de trabajo cultural ininterrumpidos, mediante una peña literaria organizada en la confitería “Los dos chinos”, en la cual participaron miembros y simpatizantes. Allí además se narró casi una historia de “La Brasa”, focalizando los recuerdos en el período preparatorio e inicial del movimiento. En 1951 “La Brasa” aún se veía formando parte de un movimiento que no terminaba de dar todo lo que podía, una muestra de ello es la convocatoria de intelectuales que asisten a esa reunión. Horacio Rava, Mariano Paz, Héctor Argañaraz, Carlos Schaefer Gallo, Aristóbulo Argañaraz, Emilio Christensen, Juan Chazarreta, Lorenzo Fazio Rojas, Ernesto Barbieri y otros más, participan con poesías dedicadas a “La Brasa”. Mariano Paz hace el pedido que se envíe un mensaje de salutación por el acontecimiento a Bernardo Canal Feijóo, su gestor y animador -según Mariano Paz- y el gran ausente en aquella reunión. “La Brasa” en aquella reunión planteó organizar un ciclo cultural sobre arte popular en Santiago, a llevarse a cabo durante ese año, pues sabían que combatían con el estado por monopolizar el debate sobre el papel del folklore en la cultura local.

En cierta manera, la reunión de “La Brasa” era un nuevo reagrupamiento de intelectuales liberales, que fueron testigos de una ofensiva en toda la línea de la Subsecretaria de Cultura de la Provincia, que organizó las llamadas Jornadas Culturales con docentes de la Universidad de Córdoba; éstos ofrecieron conferencias sobre diversos temas en el Teatro 25 de Mayo, en el Colegio Nacional, en el Cine Gran Splendid, y en la propia “Sociedad Sarmiento”. Cabe destacar que el estado provincial reconoció a Andrés Chazarreta por su lucha por el folklore. Este operativo cultural no se detuvo, sino que continuó: la propia institución “Amigos del Arte” recibió subsidios para sus actividades artísticas; y dentro de la política del Ministerio de Educación de la Nación, dentro de las llamadas Fiestas de la Cultura, vino Héctor Ruiz Díaz (viejo conocido de “La Brasa”) y Carlos Vega, ambos conocidos difusores y estudiosos de la música nativa,  para ofrecer recitales y conferencias sobre folklore.

El folklore fue uno de los tantos espacios en que se combatió entre los frentes peronistas y antiperonistas. Bernardo Canal Feijóo, en nombre del CLES, brindó una conferencia sobre “Folklore y la cultura” en la misma línea que Horacio Rava, quien  había tratado el tema en la SADE de Buenos Aires, donde el folklore era visto como una expresión cultural, y no como un elemento esencialista de la Nación, idea que se difundía desde la intelectualidad peronista.

Las conferencias de Vicente Fatone, miembro del CLES, sobre el existencialismo de Sartre y Camus, no sólo actualizó la agenda de los intelectuales locales, sino ponía al debate el papel de los intelectuales, tema que estos pensadores franceses estaban difundiendo en sus obras. Para el momento en que llegaban estos topicos, el compromiso de los letrados con la situación política a la larga gestaría un nuevo tipo de intelectual.

No hay duda de que entre 1950 y 1951, muchos miembros de los cuadros liberales -y “La Brasa” no es la excepción- van pasando a engrosar los puestos oficiales que el Estado les brinda en instituciones o universidades. Podemos observar cómo los espacios de “La Brasa” van siendo disputados palmo a palmo por  grupos “intelectuales nacionalistas”13, que desde el Estado intentan legitimar una cultura considerada  nacional, y un movimiento cultural al cual consideran fundador de un nuevo país. 

En 1951 el nuevo subsecretario de cultura de la provincia, el profesor Gaspar Orieta, impulsó con mayor firmeza las Jornadas Culturales dedicadas al folklore, un terreno que el Estado estaba decidido a ocupar. Y esta vez no sólo la “Biblioteca Sarmiento”, sino el Colegio Nacional, fueron sedes de las mismas, cayendo uno a uno los enclaves de los liberales, y siempre acompañadas por la presencia y la música de Andrés Chazarreta. Estas jornadas fueron corporativas, pues hubo conferencias para médicos, abogados, docentes, ferroviarios, odontólogos, obreros, industriales, y administrativos, de tal manera que toda la sociedad tuvo acceso a todo tipo de temáticas culturales como economía o literatura. Esta vez fue el propio gobernador Carlos Arturo Juárez que agradeció a los docentes de la UNC, quién habló en su discurso en el Teatro 25 de Mayo, “sobre la función de la Universidad y el servicio que presta a la Nación”14, asunto que fue visto por los intelectuales locales como una estrategia más del “fascismo”15 local.

En esta última parte, hemos visto como el estado provincial avanzó en sus políticas culturales, logrando captar colaboración de varios intelectuales liberales, debilitando sus filas. Pero a pesar de ello, el CLES, liderando el frente democrático, no cesó en su tarea de resistir en sus espacios culturales, últimos bastiones de la cultura liberal.                                                                                                       

 

 


1 Pereyra, Diego (2005). “Las revistas académicas de sociología en la Argentina”.  Revista Argentina de Sociología (5), p. 287.

2 Halperin Donghi, Tulio(2003). La Argentina y la tormenta del mundo. Buenos Aires: Siglo XXI editores Argentina, p.190;  Senkman, Leonardo (1995). “El nacionalismo y el campo liberal argentino ante el neutralismo: 1939-1943”. EIAL (1), p. 2; Altamirano, Carlos (2005). Para un programa de historia intelectual y otros ensayos. Buenos Aires: Siglo XXI editores Argentina, p. 25; Grasciano, Osvaldo (2003), “Intelectuales, ciencia y política en la Argentina neoconservadora”.  EIAL (14), p. 8.

3 Myers, Jorge (2004). “Pasados en pugna: la difícil renovación del campo histórico argentino entre 1930 y 1955”. En Neiburg, Federico, y Plotkin, Mariano (comps.). Intelectuales y expertos. Buenos Aires: Paidós, p.88.

4 Gramuglio, María (2001). “Posiciones, transformaciones y debates en la literatura”, en Cattaruza, Alejandro (Dir.). Nueva Historia Argentina. Crisis económica, avance del estado e incertidumbre política 1930-1943. Buenos Aires: Sudamericana, p.244.

5   El Liberal, 14/7/50, p. 3.

6  Fiorucci, Flavia (2008). “Reflexiones sobre la gestión cultural bajo el Peronismo”. Nuevo Mundo, p.7.

7 El Liberal, 9/6/50, p.4.

8 El Liberal, 28/8/50, p. 5.

9 Hacia la Luz (1), 1950, p.1.

10 Sarmiento (10), 1951, p.7.

11 Wasserman, Fabio (2007). “¿Sombras nada más? La campaña Echeverriana de 1951”. En Viñas, David (Dir.). El peronismo clásico (1945-1955). Buenos Aires: Paradiso , p.228

12 Arico, José (2005). La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina. Buenos Aires: Siglo XXI editores Argentina, p.180.

13 Fiorucci, Flavia (2011). Intelectuales y peronismo.  Buenos Aires: Biblos, p.2.

14 El Liberal, 3/3/51, p. 6.

15 Fiorucci, Flavia (2004). “¿Aliados o enemigos? Los intelectuales en los gobiernos de Vargas y Perón”.  EIAL (2), p.10.

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