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La Reforma  Universitaria en la Argentina: La Brasa en Santiago del Estero (1925-1930).

 

Mgt. Héctor Daniel Guzmán.

 

Proyecto Historia de las ideas en Santiago del Estero en el siglo XX. Movimientos culturales y revistas UNSE (Argentina).

 

 

Resumen: En este trabajo el autor analiza la difusión de las ideas de la Reforma Universitaria a través del estudio de un grupo universitario llamado La Brasa que surgió en Santiago en el período 1925-1930, provocando toda una renovación en el campo cultural. De esta manera podemos observar como la Reforma Universitaria se convirtió en un ideario transformador para un grupo de intelectuales de una provincia norteña de la Argentina.

Palabras claves: Reforma Universitaria, La Brasa, intelectuales.

Abstract: In this paper the author analyzes the diffusion of the ideas of the university reform through the study of a college group called La Brasa in Santiago that emerged in the period 1925-1930, causing an entire renewal in the cultural field. In this way we can see how the university reform became a transforming ideology for a group of intellectuals in a northern province of Argentina.

Keywords: University Reform, La Brasa, intellectual.

Resumo: Neste artigo o autor analisa a difusão das idéias de reforma universitária, através do estudo de um grupo de faculdade chamado La Brasa, em Santiago, que surgiu no período 1925-1930, provocando uma renovação inteiro no campo cultural. Desta forma, podemos ver como a reforma universitária se tornou uma ideologia transformadora para um grupo de intelectuais em uma província do norte da Argentina.

Palavras-chave: Reforma Universitária, La Brasa, intelectual.

 

 

La Brasa

Esta agrupación intelectual surge en Santiago del Estero en 1925, y según la memoria de algunos de sus integrantes fue “un movimiento cultural”1, liderado por Bernardo Canal Feijóo. Por otro lado la mayoría de las investigaciones más actuales sobre el grupo citado destacan su formato de “elite cultural”[1], compuesto por un tipo de letrado juvenil, que se abroquelo con fines de renovación estética, y que provenía de la Reforma Universitaria, un frente que se vino construyendo desde 1918, con la adhesión de profesionales, periodistas, y docentes.  Lo primero que debemos analizar es cuál fue el contexto cultural  en que La Brasa aparece, el año 25 es el segundo de la ofensiva martinfierrista porteña contra la tradición literaria modernista produciendo lo que Beatriz Sarlo llama una “ruptura estética”[2] ( Sarlo, 1983: 129) en el panorama metropolitano, veamos entonces que ocurre en el Santiago de aquella época. En enero de 1925 Leopoldo Lugones –famoso poeta modernista- proveniente del Perú, pasa por Santiago, se lo recibe en la Banda, con todos los honores, y son representantes del gobierno provincial, los que lo acompañan en su breve estadía de un día.

En el Hotel España se le ofrece un banquete, con la presencia del gobernador Domingo Medina, y todo su equipo de gobierno, entre los que sobresalen Carlos Abregú Virreira, y Guillermo Velez, luego en el Park Lawn Tennis Club, se le dio una demostración con una selecta concurrencia, en la misma hubo un recital de Andrés Chazarreta y su grupo de arte nativo, y Julio Urtubey funcionario del gobierno dio el discurso de bienvenida, a la noche se lo acompaño a la Banda, y se lo despidió con presencia de las “autoridades provinciales”4. Esto nos muestra la hegemonía del modernismo como corriente literaria en Santiago, resultado de esta situación se  intento  formar un Ateneo Popular, iniciativa de los intelectuales modernistas y hubo reuniones en la “Biblioteca Sarmiento”, a las cuales asistieron docentes y periodistas, no así universitarios, entre los citados estuvo Carlos Abregú Virreira, pero la propuesta no tuvo eco y no se formó el citado “centro cultural”5. Los dos centros culturales en 1925 en plena actividad en Santiago del Estero, eran el Centro Unión y progreso, grupo filodramático-literario modernista, y la Sociedad Sarmiento la única institución que alentaba todo tipo de actividades culturales, ya que tuvo en su presidencia a T. Bravo Zamora, un reformista que promovió  toda iniciativa cultural en el medio, como la exposición de pintura de Luis C. Campos, a la cual asistieron el gobernador Domingo Medina, y funcionarios de gobierno, quienes ayudaban a este joven pintor con becas para su perfeccionamiento en Buenos Aires[3].

En ese clima La Brasa, núcleo de intelectuales,  se formó el 20 de junio de 1925, y en septiembre de 1925, lanzó su manifiesto, que contó en sus inicios, el encendido inicial según C. A. Virreira, con once miembros, y trece según Carlota canal Feijóo, lo que indica su pequeñez, al comparar su volumen con grupos intelectuales anteriores. Formaron su grupo fundador, y firmaron el manifiesto inicial, “Bernardo Canal Feijóo, abogado, Ciro Torres López, periodista, Manuel Gómez Carrillo, músico, Emilio Wagner, arqueólogo, Orestes Di Lullo, médico, Emilio Christensen, abogado, Oscar Juarez, abogado, Carlos Abrregú Virreira, periodista, Santiago D. Herrera, abogado, Pedro Cinquegrani, músico, y Ricardo Ponce Ruiz, periodista”[4]. Al reconstruir las redes de estos intelectuales encontramos, que Emilio Christensen, Orestes Di Lullo, Bernardo Canal Feijóo, Santiago Dardo Herrera, Manuel Gómez Carrillo, y Carlos Abregú Virreira, son socios de la “Sociedad Sarmiento”, Ricardo Ponce Ruiz.

Junto a Christensen, Canal Feijóo, y Virreira, estuvieron en un grupo que tuvo un medio gráfico que se llamó la Revista de Santiago (1920), Christensen, Virreira, y Ponce Ruiz, pertenecieron al grupo LosInmortales (1917), Pedro Cinquegrani, y Carrillo, son músicos que trabajan juntos en recitales locales, Ponce Ruiz, y Oscar Juarez, son compañeros en El Liberal, quedando fuera de esta red, Emilio Wagner, y Ciro Torres López, el primero sabio francés encargado del Museo arcaico provincial, y el segundo un escritor salteño radicado en esos años en Santiago, y el más famoso pues fue colaborador en esos años de la Nación, y la revista Nosotros, por lo que podemos inferir que tuvo cierto prestigio en el momento de concurrir a formar La Brasa. Lo que quiero mostrar, con estos datos, es que en su mayoría estos intelectuales ya se conocían,  que compartían la pasión por la cultura, y que habían participado de otros proyectos culturales pasados. De todas estas conexiones, la pertenencia a la “Sociedad Sarmiento”, donde T. Bravo Zamora, y varios universitarios, que eran socios de la misma, le estaban dando un impulso cultural que movilizaba el ambiente en esos años, debió tener una impronta en varios brasistas que eran socios también de la citada institución. De los once miembros hay siete reformistas, y estaban militando en el asociacionismo, por lo tanto La Brasa, fue un espacio donde se cruzaron las nuevas tendencias estéticas y sociales. La Brasa en 1926 organizó un ciclo cultural de conferencias con sus miembros, sobre la “educación del sentimiento”, esta temática fue propuesta por Ciro Torres López, .y patrocinada por el Consejo General de educación de la Provincia. Ciro Torres López escribió un Memorial a La Brasa, donde expone los motivos de iniciar este ciclo de conferencias. Para Ciro López “nuestra civilización es falsa, esta desequilibrada”[5], desde este punto decadentista en relación a la sociedad en que vive nuestro intelectual, pensó en una reacción contra este estado de cosas. López propone en el Memorial, pedir el patrocinio del Consejo de educación provincial, y que cada brasista aborde desde su especialidad el citado tema, serán conferencias públicas y se pedirá que asistan los docentes. También López, propone editar un libro con las conferencias, gratuito, y económico, para ser difundido por la provincia y el país. Además define a La Brasa, pues dice que se “ha iniciado ya públicamente como asociación de cultura que aspira a remover este ambiente manteniendo su tensión espiritual”[6]. Para López esta temática puede ser el eje del movimiento brasista, y nos muestra también  que López  aspira, a ser el director del grupo.

El citado ciclo se llevó a cabo en el salón de actos de la Sociedad Sarmiento, auspiciado por el profesor Antenor Ferreyra, que patrocinó al “núcleo joven y entusiasta de intelectuales” los sábados a la tarde, entre el 4 de junio y el 4 de julio del 26, y la asociación debió pagar los derechos correspondientes al uso del salón de actos de la institución anfitriona[7]. Se pensaron doce conferencias a cargo de Bernardo Canal Feijóo, Orestes Di Lullo, Oscar Juarez, Carlos Abregú Virreira, Santiago Dardo Herrera, Manuel Gómez Carrillo, Emilio Wagner, Ciro Torres López, Jesús María Suarez, Enrique Canal Feijóo, Emilio Christensen, y Luis Suarez, en la lista hay gente nueva que se une al proyecto brasista-Luis Suarez, gerente del Banco mixto de la Provincia, y Jesús María Suarez, secretario del Consejo General de educación-. De alguna manera hubo coincidencia en la agenda de temas, entre La Brasa y el asociacionismo, incluso uno de los nuevos integrantes, y el presidente del Consejo General de educación de la Provincia, militaron en el reformismo. En la conferencia brindada por Orestes Di Lullo, el presentador fue Bernardo Canal Feijóo, que aprovecho la oportunidad para aclarar algunos puntos sobre el programa del grupo. Bernardo Canal Feijóo  aclaro sobre “las finalidades que La Brasa persigue con esta campaña cultural”[8], porque por lo visto, las ideas de Ciro López no eran las de Canal. Este aclara que La Brasa no quiere agitar un “estandarte de redención humana, en una civilización dominada por el individualismo, sino plantear un motivo momentáneo de preocupación elevada, lejos de la política”[9], con estas posiciones Canal le esta contestando a Ciro López, pues este había pensado que la “educación del sentimiento”, sería la bandera de La Brasa. Con esta posición Canal, tomaba distancia de la influencia de los reformistas que querían intervenir en política, dejando a La Brasa, como un grupo netamente cultural. Seguramente esta toma de posiciones, alejaría del grupo a muchos asociacionistas que no pensaban como Canal. En la carta que Bernardo Canal Feijoo, y Ciro López, le escriben a la Biblioteca Sarmiento, definen al grupo como “Asociación cultural, y como un movimiento intelectual y público”[10].  De esta manera, la identidad de la agrupación, se refuerza como una propuesta distinta al asociacionismo, y con fines parecidos. Es una situación compleja, porque muchos brasistas son asociacionistas y esto provocara una tensión interna que definirá alejamientos, y proximidades con referencia a la agrupación.

La Brasa estableció buenas relaciones con la Sociedad Sarmiento en donde estableció su sede institucional, y con el gobernador Domingo Medina, que  catalogo al grupo  “como nota auspiciosa para el progreso cultural, la iniciativa de un grupo de intelectuales y artistas locales que han constituido un centro denominado La Brasa, cuyo noble objetivo es el estímulo de las manifestaciones superiores del espíritu mediante conferencias de divulgación científica, audiciones poéticas y musicales y exposiciones de arte pictórico”[11], este reconocimiento también le brindo la posibilidad de acceder a subsidios del gobierno provincial especialmente de este gobernador que le preocupó la tarea cultural. En 1926 tenemos en el grupo dos conexiones hacia afuera de la provincia y que nos marca también dos polos de influencia sobre La Brasa. Por un lado el representante de La Brasa en Buenos Aires, es “Ilka Krupkin”[12], escritor ligado a los martinfierristas, y amigo de Canal, que le permitió tener contacto con la vanguardia literaria. Por otro, Manuel Gómez Carrillo, y Ciro López viajaban mucho hacia Tucumán, donde el movimiento americanista era muy fuerte, en uno de esos tantos viajes, Carrillo ofrece una entrevista a una revista cultural tucumana, ofreciéndonos una pintura de la actividad brasista. “Los fines de la sociedad son netamente culturales, constituyendo una de sus normas las reuniones periódicas en las que Juárez hace oír sus últimas composiciones, Torres Lopez nos deleita con sus cuentos regionalistas y a veces yo amenizo la reunión con mi música. Entre los socios más notables de la Brasa lo contamos a don Luis Suarez al que cariñosamente le llamamos el camaleón y verán ustedes porque: es en primer lugar un poeta exquisito; en segundo término gerente de un Banco; español de nacimiento y buen santiagueño como el mejor. También tenemos como obligatorio, dictar una serie de conferencias que por riguroso turno damos en los salones de la Biblioteca Sarmiento, coadyuvando así a la obra de cultura de esa importante entidad”[13]. Esta descripción de las tertulias brasistas, que nos permite entrar en la intimidad de un grupo cultural, explica la variedad de propuestas estéticas que tuvo la agrupación. Los visitantes que trae La Brasa en 1927, muestran cuatro tendencias muy marcadas en su propuesta cultural, que tiene relación con el diverso público de sus actos artísticos, y por las facciones internas que tiene el grupo. Alfonsina Storni, famosa poeta nacional que deslumbro a un numeroso público modernista, Carlos Parra del Riego, escritor vanguardista dio una conferencia sobre la “Nueva sensibilidad”, presentado por Bernardo Canal Feijóo,  ante un público  escaso, y Héctor Ruiz Diaz, pianista americanista, que acompañado por Horacio Rega Molina, dieron recitales en varias instituciones de Santiago y la Banda, por pedido del público[14].

Hasta aquí podemos recorrer la topografía de los integrantes brasistas, tenemos modernistas como Carlos Abregu Virreira, americanistas como Manuel Gómez Carrillo, y vanguardistas como Bernardo Canal Feijóo, pero es la cuarta facción la que tuvo mayor actividad en 1927. La llegada de Julio Barcos, pensador anarquista, movilizo a los asociacionistas, que desplegaron toda la energía para que Barcos pudiera dar varias conferencias en los distintos centros reformistas. Sus charlas en el Teatro 25 de Mayo, Escuela Centenario, Escuela Laprida, y en el Centro obrero de la Banda, reunieron a un público numeroso, que siguieron sus ideas sobre José Ingenieros, La Internacional del Magisterio, Transformaciones para la escuela, y Un injerto idealista en nuestra vieja política utilitaria, presentado por los reformistas Jesús M. Suarez, y Horacio Rava, como representante  de la “nueva generación argentina”16. Cuando llegó Arturo Capdevila, un reformista cordobés, provoco no pocos malentendidos, porque el visitante no tuvo el éxito esperado, lo que lo llevo a realizar comentarios nada felices en medios nacionales, contra La Brasa, y el mundo cultural provinciano. Le contestaron los reformistas de El Liberal, José F. L. Castiglione, y Raúl Gorostiaga, este último opino que  “la intelectualidad santiagueña no se reduce a La Brasa”[15], con lo que marcaba la existencia de otros grupos intelectuales en Santiago del Estero, por lo que no podía decirse que solo La Brasa existía como grupo intelectual en la provincia. Esta polémica diferenciaba bien a las agrupaciones  reformistas que operaron en la provincia en 1927, por un lado estaban los de la Sociedad Sarmiento, por otro los Asociacionistas, y por otro La Brasa, por lo que no existía la hegemonía brasista en “Santiago”[16]. Producto de algunas discrepancias dentro de La Brasa, Ciro Torres López abandonó el grupo, seguramente no tuvo acuerdos con Bernardo Canal Feijóo, que quedo como el líder del cenáculo. Ciro cuenta que tuvo problemas con  “un conjunto de viejos fósiles”[17], así describe a sus contrincantes, lo cierto es que el americanismo modernista perdió un valor fundamental en el grupo.[18]

En 1928 los reformistas de La Brasa incrementaron su actividad, vino Ana Rosa Tornero, escritora boliviana socialista y reformista, que hablo sobre el feminismo, luego Gumersindo Sayago, reformista cordobés, que desarrollo la “Tuberculosis, enfermedad social”[19], ante un numeroso público donde había muchos reformistas, su conferencia fue publicada por La Brasa, y fue calificado por los asociacionistas como un “notable”[20].    En 1928 en Mayo La Brasa auspicia la 4º reunión de patología regional del norte argentino, a la cual asisten médicos y periodistas de todo el país, y de otros países americanos, el gobernador Santiago Maradona, y los organizadores brasistas, Silvio Raimondi, y Enrique Canal Feijóo. Sobre este punto es importante la definición que Salvador Mazza le da al grupo, en relación con el citado evento: “(…) Pero la bandera de La Brasa es amplia, y su programa de agitación de ideas, no comprende solo las inquietudes literarias, también abarca el estudio de las bases del bienestar social, de las necesidades y aspiraciones populares, y de los intereses y deberes profesionales y universitarios”[21] (…) este afamado médico nos habla de un programa, y que es amplio, lo que muestra el peso de los asociacionistas en el grupo en 1928. En 1928 el diario La Comuna del reformismo, tiene a Oscar Juarez,  como director, y colaboradores como Orestes Di Lullo, Horacio Rava, Emilio Christensen, Silvio Raimondi, y Bernardo Canal Feijóo. El reformismo brasista  impulsó la participación del grupo en la Convención Internacional de Maestros a realizarse en Buenos Aires,  enviando como delegados a Horacio Rava y Ana Rosa Tornero, junto al asociacionismo, y a organizaciones docentes locales. En Buenos Aires en el citado encuentro La Brasa fue presentada como “centro cultural”[22]. Por último La Brasa, programo traer a dar conferencias a Saul Taborda, Raul Orgaz, y Carlos Sánchez Viamonte, reconocidos intelectuales reformistas, para mostrarnos como la facción reformista en el grupo estaba dominando la agenda cultural brasista.

 

Las asociaciones barriales.

La realidad de no tener universidad en Santiago del Estero, provoco que todos los reformistas se reunieran con la idea de crear “Universidades Populares”[23], para obreros y campesinos, impulsando así que la Universidad se involucrase con los problemas sociales de la región. En el caso de Santiago del Estero, además de tener como objetivo la creación de Universidades populares, la creación de Asociaciones barriales, permitió a los reformistas establecer alianzas con los obreros, permitiendo así una participación estrecha entre los dos sectores, que tuvo como resultado la expansión rápida del movimiento asociacionista. En 1925 el Colegio de Médicos y el Colegio de abogados, estaban atravesados por las ideas sociales de la Reforma Universitaria. Muchos de sus miembros estaban decididos a actuar en el ámbito educativo y social. Así nació el movimiento asociacionista, que tuvo como fines centrales fundar asociaciones barriales y una Universidad Popular, logrando así que los sectores populares mejoraran su situación cultural y societal. Hubo una aproximación entre los sectores obreros socialistas, y los intelectuales reformistas, que tuvo como producto el nacimiento de la primera asociación barrial en el barrio obrero del norte.

El centro reformista en Santiago dominado por una tendencia socialista estuvo formado por: José F. L. Castiglione, José Palumbo, Jesús M.Suarez, Antenor Ferreira, Silvio Raimondi, Manuel Fernández, Juan Figueroa, Carlos Borges, Orestes Di Lullo, Nicolás Gutierrez, Luis Gallardo, Olegario Noriega, Emilio Christensen, Pedro Marcos, Horacio Rava, Arturo Bustos Navarro,  José Jimenez,  Gaspar Taboada, Oscar Juarez, Raul Robato, Andrés Abregú, Arsenio Salazar, y Rodolfo Olle. En la agrupación dominan médicos y abogados, siendo los menos docentes, ingenieros, obreros, y periodistas.  Este Centro concentro su esfuerzo en la educación popular , por eso incentivo conferencias sobre “La Nueva educación”, línea pedagógica que daba cierta importancia al idealismo y al papel del niño como sujeto que aprende. Para lograr este fin buscaron unir “el interés colectivo y la acción privada”[24], en un escenario en el cual la ausencia de la comuna capitalina era una realidad que buscaron trasformar con ayuda de los vecinos de los distintos barrios de la capital. Esto también significo que los reformistas rechazaron la práctica política de entonces, porque era la causa de que no se tuviera en cuenta a los vecinos de los barrios y sus problemas, por lo tanto atacaron la “falta de cultura política y del individualismo”[25], que estaba socavando a la democracia.

En 1927 apoyan a la Casa del Pueblo en un mitin a favor de los obreros municipales cesantes, y en 1928 al Centro cultural del Maestro en reclamo por la falta de pago de haberes. Ese mismo año adhieren a la conferencia del Dr. Alejandro Unsain ministro de gobierno de la intervención, sobre “¿Qué ha hecho la República Argentina a favor de los trabajadores?, esta aproximación a la política mediante una volanteada que se organiza en los barrios para alentar el citado evento, nos muestra el estado del grupo reformista en relación con la política. Su proximidad al PS, y al antipersonalismo radical, es un dato de la madurez de un grupo que esta convencido que para lograr sus objetivos debe actuar directamente en el campo político. En 1927 el asociacionismo estaba en fase de expansión y propaganda en toda la provincia. En 1928 el centro reformista organizo un comité de agitación compuesto por Arsenio Salazar, Horacio Rava, Arturo Bustos Navarro, y Orestes Di Lullo, que tuvo a través de la Comuna, el periódico de las Asociaciones, su espacio para difundir su programa, y criticar la falta de políticas sociales desde el gobierno municipal. En 1928 el Asociacionismo adhirió a la Convención internacional del Maestro, realizado en Buenos Aires, enviando a Horacio Rava, como representante del movimiento reformista local.

En 1929 el reformismo colabora tenazmente con la Casa del Pueblo ante la intervención de la comuna y por lo tanto su parálisis en la gestión obrera, haciendo campaña en contra del trabajo nocturno en las panaderías, y el trabajo de mujeres y niños, a favor del descanso dominical, y la jornada legal de ocho horas. El ideario del reformismo en 1929 estaba claro: progreso, memoria de los héroes de la patria, comunidad, bien común, y pueblo. Todas estas ideas dieron forma al asociacionismo, como movimiento social en nuestra provincia. En 1929 la Federación de Asociaciones participo en las elecciones municipales, con candidatos que representaron a cada Asociación. Arturo Bustos Navarro, Orestes Di Lullo, Juan Figueroa, y Arsenio Salazar, entraron en la arena política decididamente, culminando un tiempo en que la Reforma no quería involucrarse con algún partidismo. Lo cierto es que los reformistas tenía muy en claro lo que debía hacerse en Santiago: “trabajar por la difusión progresiva entre nosotros y nuestros vecinos de todos aquellos elementos de cultura espiritual y bienestar físico que permiten al hombre vivir una vida sana, alegre y accesible al desarrollo verdadero de nuestro ideal de fraternidad”[26]. Esta bandera reformista estaría flameando durante toda esta etapa formativa del Asociacionismo en nuestra provincia.

 



[1] Veáse, Leoni Pinto, Ramón (1997), Obra y Pensamiento historiográfico de Bernardo Canal Feijoo, Barco Editó, Santiago del Estero, p. 41; Tasso, Alberto (1995), La Brasa santiagueña y la Universidad tucumana: dos experiencias de acción cultural a comienzos de este siglo, en Cuadernos de cultura Nº 31, Sgo. del Estero, p. 19; Rivas, José (1990), El ojo detrás del espejo, La poesía de Bernardo Canal Feijoo, UNSE, Sgo. del Estero, p. 76, y Martinez, Ana, Taboada, Constanza, y Auat, Luis (2003), Los hermanos Wagner: entre ciencia, mito y poesía, UCSE, Sgo. del Estero, p. 62.

[2] Di Lullo, Orestes (1976), La generación del 30, en Cuadernos de Cultura Nº 9, Sgo. del Estero, p. 16;  Rava, Horacio, citado en Cartier de Hamann, Marta (1977), p. 109;  Rava, Horacio (1978), Panorama de las letras santiagueñas, Dirección Gral. De cultura de la Provincia, Sgo. del Estero, p. 16; Carta de Bernardo Canal Feijóo a Marta Cartier de Hamann, 7/5/1969, en el Liberal, 20/8/2006, p. 23; Entrevista a Blanca Irurzun, en Suplemento especial de El Liberal, 16/9/2004, p. 14; y Entrevista a Blanca Irurzun, en el Liberal 30/4/2006, p. 22.

[3] Santiago, 1/2/1925, p. 2.

[4] Santiago, 11/1/1925, p. 2.

[5] Santiago, 16/4/1926, p. 2.

[6] Santiago, 17/4/1926, p. 2.

[7] Carta de La Brasa a la Biblioteca Sarmiento, 12/7/1926.

[8] Santiago, 4/5/1926, p. 2.

[9] .Ibidem.

[10] Carta de la Brasa a la Biblioteca Sarmiento, 22/4/1926.

[11] Mensaje de don Domingo Medina en la inauguración del período ordinario de sesiones (1926), Sgo. del Estero, p. 7.

[12]Carta de Ilka Krupkin a Bernardo Canal Feijoo, Buenos Aires, verano de 1927.

[13] Revista La Cumbre, revista regional ilustrada, nº15, Tucumán, 1926, p. 17.

[14] .Mensaje de don Domingo Medina en la inauguración del período ordinario de sesiones (1926), Sgo. del Estero, p. 7.

[15] La Brasa Nº3, Sgo. del Estero, 1927., p. 2.

[16] El Liberal, 16/10/1927, p. 4.

[17] .Caro Figueroa, Gregorio (2005), Don Ciro Torres López, hombre de transición, en Revista Escuela de Historia, Nº 4, UNSA, p. 7.

[18] El Liberal, 16/9/1927, p. 4.

[19] El Liberal, 24/5/1928, p. 3;

[20] Sayago, Gumersindo (1928), La tuberculosis, enfermedad social, Folletos la Brasa, Sgo. del Estero, p. 1; y La Brasa Nº6, mayo de 1928, p. 4.

[21] La Brasa Nº5, abril de 1928, p. 1, y El Pueblo, 5/5/1928, p.4.

[22] La Convención internacional de maestros (1929), Buenos Aires, s/e, p. 60.

[23]Tunnermann, Carlos (2008), Noventa años de la Reforma Universitaria de Córdoba, CLACSO, Buenos Aires,  p. 83.

[24]Bustos Navaro, Arturo (1928), Significado social de las Asociaciones de Fomento y cultura, en El Liberal, XXX Aniversario, p.1.

[25]Ibidem., p.2.

[26]Bustos Navarro, Arturo (1948), Fecundo desarrollo tuvieron las instituciones culturales, en El Liberal, número del Cincuentenario, p.199.

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