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"El acontecer en la Historia". Las posibilidades históricas en Xavier Zubiri.

 

Sergio Fernández Riquelme.

 

Historiador. Universidad de Murcia (España).

 

 

 

Resumen. En este artículo abordamos la noción de Historia presente en la obra del filósofo español Xavier Zubiri, apuntando su visión de la misma como dimensión básica del ser humano en sus obras creadoras, desde el conjunto de posibilidades pasadas que han determinado su libertad presente.

Palabras clave. Acontecer, Historia, Libertad, Pasado, Posibilidad.

 

 

Introducción.

El acontecer histórico o la "historia como posibilidad"; ésta es la clave filosófica de la Historia, tal y como el gran filósofo español Xavier Zubiri [1898-1983] la atisbó. El estudio de toda situación humana presente, como el de la filosofía para el caso de Zubiri, y determinada por “la altura de los tiempos”, obligaba a justificar el estudio de sus orígenes, de sus raíces históricas; pero no por el mero hecho de recrear el pasado sino por preocupación de encontrar la verdad del pensamiento, por una forzosidad intelectual impuesta por el problema mismo. Así se fundaba el requisito indispensable en la búsqueda de la verdad que persiguió a nuestro autor (Zubiri, 1999), al ser una de las “tres dimensiones del ser humano: individual, social, histórica” que determinó (Zubiri, 2006).

            Al respecto podemos señalar las tres cuestiones básicas que principiaba Zubiri a la hora de afrontar el acontecer histórico: nuestra actitud ante dicho problema histórico, el sentido de nuestro estudio del pasado, y el género de “forzosidad intelectual” que lleva nuestra preocupación al “ultrarremoto” pasado. Éstas eran las pautas fundamentales para entender la “idea de la Historia” del filósofo español (Cerezo, 1999), capaz de determinar la libertad humana en sus dimensiones social, cultural, jurídica y política (Gil, 1963).

 
a) La actitud ante el problema histórico.

            Existen diferentes actitudes ante el “problema histórico” determinado, en función de la valoración que cada pensador establece de la figura que presenta y la forma que ha logrado. Éste es el punto de partida. Así, la idea de partida de esta figura se nutre de las formas culturales y vitales, de tipos clásicos que se admiran o se rebelan. Por ello, para Zubiri la “actitud ante los griegos” es un ejemplo de la actitud de acceso a la realidad pasada y presente del ser humano (Simonpietri, 1989).

            En una “primera dimensión” de este problema, nuestra curiosidad se nutre de los primeros esbozos de las formas de pensamiento actuales, ya que las diferentes formas de pensamiento no son sino sistemas o modos de pensar que ha adoptado la inteligencia, siendo poseedores de una forma determinada y una fecha; formas arcaicas de pensamiento siguiendo su forma efectiva, sus posibles interrelaciones y su ordenación cronológica. En una “segunda dimensión”, Zubiri señalaba el abandono de las formas y centralidad del esfuerzo de pensar (filosofar), ya que “el pasado ya no es solo el primer paso en una serie cronológica, sino el primer esfuerzo” en la historia. Este sentido expresaba una articulación interna entre el pensamiento y su tiempo (Zubiri, 1981: 310-311), al ser el momento en el que se trata del primer esfuerzo en este sentido constituido sobre la tierra. Es la ascensión del espíritu humano. “La palabra primero nos significa tanto comienzo como fundamento”. Ésta es una visión fundamental de la historia, el orto del pensamiento en busca de la “realidad humana” (García, 2005).

            De esta manera, Zubiri se acercaba al acontecer histórico, partiendo de la experiencia del mundo filosófico griego. El pasado representa la “manera concreta cómo el espíritu del hombre”, cómo ha entrado en un fenómeno concreto. Una visión genética del pasado que expresaba acontecimientos claves de nuestro modo ser, y no solo “el relato cronológico de sus eventos”. Representaba, pues, el conjunto primario de posibilidades del que dispone el hombre para actuar, que determina su ascenso histórico, que decide su trayectoria y la suerte concreta de un hecho ante las posibilidades para actuar.“Somos, en cierto modo, todo nuestro pasado”, pero “¿Cómo?” (Zubiri. 1981: 312-313).


b) Nuestra actitud ante el pasado.

            El “pasado” solo podía ser entendido para Zubiri “desde un presente, al no tener más realidad que la de su actuación sobre la realidad actual”. Por ello, en este segundo plano de análisis destacaba, sobremanera, nuestra actitud ante el pasado, la cual “depende, simplemente, de la respuesta que demos a la pregunta sobre cómo actúa sobre el presente”. De esta manera “según sean las respuestas, así veremos las diversas maneras de justificar el estudio del pasado, sobre la pervivencia del mismo”. Así se identificaba la “Historia magistra vitae” o la Historia como sucesión de historias presentes. “La realidad humana es su puro presente” porque “el pasado ya pasó, y por tanto ya no es”. Así Zubiri apuntaba que ningún pasado “tiene existencia real, solo poseemos un fragmentario recuerdo del él. Ésta es una forma mnemónica de pervivencia del pasado, una fórmula pragmática para resolver los problemas desde análogas situaciones pretéritas. En esta forma, el pasado se pierde” (Zubiri, 1981: 315).

            “La historia como presente”. Sobre esta máxima, y desde el siglo XIX especialmente, Zubiri descubría una concepción nueva que señalaba “que el tiempo no es pura sucesión, sino un ingrediente de la constitución misma de su espíritu (realidad del espíritu humano frente a la simple sucesión temporal de la materia); en éste se encuentra actualmente lo que fue su pasado”. “Nada de lo que alguna vez fue se pierde por completo” sostenía Zubiri. Por ello la historia no suponía una mera sucesión de estados reales, “sino una parte forma de la realidad misma. El hombre no solo ha tenido y está teniendo historia; el hombre es su propia historia, en parte. Ésta es la justificación del estudio del pasado, “como parte del estudio del presente. El pasado no sobrevive en el presente en forma de recuerdo, sino bajo forma de realidad. En esta forma, el pasado se conserva” (Zubiri, 1981: 315-316). Para ello, Zubiri estableció tres planos de análisis:

 
a. “La estratificación orgánica”. Según Zubiri, esta pervivencia del pasado en el presente puede afrontarse desde dos perspectivas: bien la evolución biológica, bien el desarrollo dialéctico (“la verdad dialéctica”). Para la primera (biológica), la historia es el proceso de crecimiento de un espíritu concebido como “ser vivo” El pasado se acusa en el presente “bajo forma de edad”, de donde nace la idea de las “edades de la historia”. Para la segunda (lógica), “la historia en el proceso de desarrollo racional del espíritu por tanteos; el pasado pervive en el presente “como urgencia del presente”. En ambos casos, el pasado se conservaba para Zubiri en el presente como el pilar de la evolución humana; así la historia sería como “una estratificación orgánica del crecimiento vital del espíritu humano” (Zubiri, 1981: 316).


b. “El problema del futuro”. Esta pervivencia del pasado se explica además a la hora de entender la preexistencia del presente en el pasado: “el problema del futuro”. En ambas formas (lógica y biológica), “el presente está pre-contenido en el pasado y el futuro en el presente”. La imagen del curso de la historia no sería así una de mera sucesión de realidades presentes, “en una actualización progresiva del espíritu de lo que ya era en sus comienzos”. En este esquema, las facetas del presente se “com-plican con las demás, todas se hallan implicadas” en el pasado, y el curso histórico resulta ser una “explicación” temporal. Complicación, implicación y explicación fundamentan, de esta manera, la estructura del acontecer histórico, de una sucesión que no explica el lugar del pasado fuera de la memoria ante la “metáfora geológica” (Zubiri, 1981: 317).
Pero como señala Zubiri, la realidad demostraba que el pasado “no está en ninguna parte; tan sólo estuvo”. Tanto la actualización como la sucesión presentaban la misma consecuencia: ambas interpretaciones son esfuerzos de negar “lo más radicalmente histórico de la historia”. En ellas “la historia es pura y simplemente lo que le pasa al hombre, pero no algo que afecte a su ser”; con ello se negaba la “dimensión radical del ser humano”: su historicidad. La historia aparece, como conclusión, en estas concepciones como una “simple articulación y producción de realidades” (Zubiri, 1981: 318).


c. “El presente humano”. El tejido de la historia se componía, para Zubiri, “de los actos realizados o no por el ser humano, de una manera o de otra”. En la estructura interna del “quehacer humano”, el pasado, el presente y el futuro componían tres distintos “sistema de haceres”; de ellos sólo el presente tenía “realidad”, y el pasado suponía una “progresiva sustitución de los haceres humanos”. Pero esta sustitución no solo se regía por lo que se hace, sino por el “sentido de lo que no hace, es decir, por sus internas posibilidades de hacer determinados actos” (Zubiri, 1981: 319). La historia no se limitaba, pues, a sustituir una realidad por otra, sino que cada realidad emergía de un previo poder. “En el hacer histórico no hay simplemente el acto que se hace, sino el poder en que se hacer. El presente, por tanto, no es lo que el hombre hace, “sino lo que puede hacer” concluía Zubiri.

 

 

            “La historia como movimiento”,aparecía como otra máxima que Zubiri establecía para determinar ese acontecer histórico. La misma partía del concepto y realidad del poder”, o facultad de poder realizar algo, en una doble dimensión: una fuerza implantada en quién la posee y un elemento de la realidad. “El acto es la realidad factible, y la potencia sería el poder o facultad para realizarlo”. Por ello, la realidad no sería solo un conjunto de actos, sino la actualización progresiva de sus virtudes o potencias. Así, el presente humano unía “lo que el hombre hace (actos) con la facultad para realizarlo (potencia)”; y de este hecho nacía, según Zubiri, toda la concepción histórica del siglo XIX. Los hechos humanos como “facultades naturales, son dominio de la Historia”, por lo que la categoría fundamental de esta concepción sería la del “movimiento” o actualización histórica de las potencias humanas; dicho movimiento será el “curso histórico” de la realidad del “espíritu humano”, tal como tomaba de Droyssen y Hegel (Zubiri, 1981: 320).

            Según esta concepción, las diferencias de desarrollo entre las distintas etapas históricas residían en la capacitación de las facultades o potencias para realizar los actos. La evolución, el movimiento, residía por ello en el perfeccionamiento y preparación de estas facultades, siendo la historia “el progreso o el regreso en las disposiciones de las potencias humanas”; un movimiento de perfección o defección del ejercicio de las potencias que nos ha dotado la naturaleza, y una historia reducida a “narrar el ejercicio de las potencias, la explicación del mismo, pero sin justificar su uso y sin analizar las condiciones circunstanciales”. Esta concepción, para Zubiri, demostraba una “razón de ser”, pero no una “razón del acontecer”, capaz de analizar el uso de sus potencias, “lo verdaderamente específico de la historia humana” (Zubiri, 1981: 321).

            Ésta era, para Zubiri, la cuestión central. “Las potencias de los hombres se ejercitan, en todas las épocas de manera sensiblemente idéntica, pero la vida con las que ellas se construye, el uso que de ellas hacemos, es variable. Estas variaciones en el uso de las potencias humanas es la Historia. Es lo que cambia el mero hecho en suceso” o acontecimiento”, que son el tejido de la Historia, son los elementos específicos del curso histórico (Zubiri, 1981: 322). Por ello, frente al hecho y al movimiento, el hombre posee “algo que es anterior a los actos y a las potencias”: las posibilidades del pasado.

            Los actos humanos, entre las cosas y nuestras acciones, “interponen un proyecto”. Zubiri escribía al respecto que éstos “no establecen simples reacciones animales ante las cosas, sino ejercitan una función específicamente humana; el pensar, en contacto (lo que hay) y a distancia (lo que son). Gracias al pensar, el hombre posee una irreductible condición ontológica, la libertad (el hombre es libre, incluso privado de libertad). En el “proyecto”, el hombre decidía aquellos que hay que hacer y cómo hacerlos, si bien las potencias producían los actos siempre de la misma manera, determinado el proyecto y su libertad. Por ello, los actos humanos resultaban ser “sucesos”, como realización o malogro de proyectos, por lo que “el estudio de la historia es el de los sucesos humanos” (Zubiri, 1981: 324).

           La historia como posibilidad”; la tercera máxima que subrayaba Zubiri, ya que el hombre concibe sus proyectos sobre las cosas y sobre la capacidad de sus potencias; pero ambos son medios de las que el hombre dispone, ofrecidos por la naturaleza para existir”. Nuestros proyectos –continuaba Zubiri- “se apoyan sobre las cosas, sobre lo que son: cosas ofrecidas como instancias que plantean problemas (forzosidad) o recursos para resolverlos (posibilidad)”. En esta estructura, como “recursos”, las cosas y la propia naturaleza no eran simples potencias que capacitaban, sino posibilidades que permitían obrar. “Toda potencia humana ejecuta sus actos contando con ciertas posibilidades” (Zubiri, 1981: 324).

            Así pues, “la realidad es siempre emergente. La realidad de los actos humanos emerge de las posibilidades de las que dispone, solamente de las potencias de la naturaleza. Potencia y realidad son dos dimensiones de una misma realidad: las potencias humanas, exige e implica el recurso a posibilidades”. La realidad, que era también naturaleza, es también Historia de los hombres, “pero el hombre está allende entre ambas”. Ahora bien, estas posibilidades no surgían “del puro acto de pensar, sino de la vinculación de ese con el trato efectivo de las cosas, bajo la forma de un tanteo entre ellas (Zubiri, 1981: 325).

            Así, según Zubiri, se modificaba “el área de las posibilidades que el hombre descubre en ellas, siendo el contenido objetivo de la situación”. “Lo que el hombre hace en una situación es ciertamente el ejercicio y actualización de la potencia; pero es también el uso y la realización de unas posibilidades”, ya que en todo momento el ser humano era “movimiento y suceso”. Para Zubiri, los actos humanos nacían como “hechos históricos tan solo como realización de posibilidades”; por ello, “el curso histórico no es solo movimiento sino acontecimiento; la razón histórica no es pura razón de ser, sino específica razón del acontecer” (Zubiri, 1981: 326). Y esta estructura demostraba, empíricamente, la conexión del presente con el pasado y el futuro, ya que el presente se constituía no solo de lo que el hombre hacía o de las potencias que poseía, “sino también de las posibilidades con las que cuenta”. Estas posibilidades aparecían como “recursos que las cosas y las potencias humanas ofrecen al hombre”. Un acto realizado que no solo perfeccionaba directamente la potencia, sino que también modifica también el cuadro de posibilidades; “desaparece su realidad, pero queda la situación en la que nos ha dejado y una posibilidad que nos ha legado” (Zubiri, 1981: 327).

            Por ello, la cuestión de la pervivencia del pasado presentaba para Zubiri “que este no se mantiene bajo una forma de realidad subyacente, sino que se pierde como realidad inexorablemente”. Por ello, “el pasado se desrealiza, eso sí, precipitado en el fenómeno de la posibilidad que nos otorga”. En este sentido dejaba de ser realidad para convertirse en el conjunto de posibilidades que definía siempre la nueva situación real. “Lo que somos hoy en nuestro presente es el conjunto de posibilidades que poseemos por el hecho de lo que fuimos ayer”; así, para Zubiri el pasado, que se conservaba y se perdía a la vez, “sobrevive bajo forma de estar posibilitando el presente” en sus diferentes creaciones humanas (Nicolás, 1986)

           Lo histórico de las acciones humanas reside en la actualización, alumbramiento u obturación de puras posibilidades”. Por ello, el futuro o la proyección del devenir, venía “determinada por la posesión de ciertas posibilidades (no de la voluntad o del deseo)”. Nuestra actuación futura, insistía Zubiri, dependía básicamente de las posibilidades reales con las que disponemos a la hora de proyectarla y que elijamos. “Solo es futuro aquello que aún no es, pero para cuya realidad están ya actualmente dadas en un presente todas las posibilidades”. Sin ellas no existen las posibilidades concretas, no siendo “futuro, sino futurible” (Zubiri, 1981: 328).

            El acontecer histórico se concretaba, finalmente, en “el estudio de las posibilidades que en cada época tienen los hechos humanos para ser realizados, de aplicación de las potencias humanas dotadas por la naturaleza”. No era un simple estudio de sus hechos o de sus potencias (“mero desarrollo de lo que el hombre ya es”), sino de las posibilidades que, además, y anteriormente condicionaban su realidad. Zubiri resaltaba al respecto como “la historia es lo más opuesto a un mero desarrollo”, por su “enorme proximidad al acto creador” (Zubiri, 1981: 329), ya que “en el primer hombre estaban ya dadas todas la potencias humanas, pero no los estaban todas las posibilidades de la historia de la humanidad”. La estructura del espíritu, como productor de historia, era una “casi-creación” propia de cada tiempo histórico y de cada hombre (Espinoza, 2007).

            Lo “propiamente histórico de la historia” se resumía, para Zubiri, en la siguiente máxima: la originaria y radical producción de la realidad desde la producción previa de la posibilidad. La historia no era “simplemente hacer o estar pudiendo, es de manera esencial hacer un poder”. En este sentido, la razón del mismo acontecer partía de la realidad humana, no como fuente de los actos sino de las posibilidades mismas (Zubiri, 1981: 330). Así, Zubiri escribía que nosotros somos nuestro pasado”, pero no en forma de pervivencia arcaica (nostalgia de tiempos heroicos e idea de clasicismo). “Somos el pasado porque ya no somos la realidad que el pasado fue en su hora, porque somos el conjunto de posibilites del ser que nos otorgó al pasar de la realidad a la no realidad”, apuntaba Zubiri. Por ello “estudiar el pasado es estudiar el presente, no porque este prolongue su existencia en aquel, sino porque el presente es el conjunto de posibilidades a que se redujo el pasado al desrealizarse”. El presente constituía, pues, el conjunto de posibilidades que nos otorgó el pasado, siendo el interés del estudio del pasado en ser éste “un elemento formal de las posibilidades de lo que somos hoy” (Zubiri, 1981: 331).

            En cuanto a lo social (la vida en común), para Zubiri la coexistencia humana (“la apertura a los demás”) resultaba una dimensión que afectaba primaria y radicalmente al existir humano, existiendo distintas posibilidades de convivencia. La historia envolvía a la sociedad como “actualización de las posibilidades y proyectos comunes”; por ello Zubiri deslindaba entre lo social y lo histórico. Lo social suponía una disposición de las potencias humanas (manejo y organización), que forma parte de lo natural (la sociabilidad); mientras, la historia no eran los hechos sociales sino los “acontecimientos sociales”. Frente al positivismo de Auguste Comte, Zubiri señalaba que la historia “no puede reducirse a una sociología dinámica, ya que sólo hay historia cuando el hecho social es una acontecer, es una actualización de proyectos”. Con ello Zubiri pretendía demostrar que “lo social es simplemente uno de los sujetos naturales de la historia” (Zubiri, 1981: 330-331).

 


c) Nuestra preocupación intelectual ante el pasado.

           Grecia constituye nuestra más remota y forma posibilidad de filosofar”. Éste era el mito y la realidad del pasado. Para Zubiri “un hecho del pasado, y no otro, nos posibilita nuestra actuación presente”. La realidad humana, su “situación” presente, se define por las posibilidades de las que dispone el hombre para enfrentarse a las cosas que le rodean. Al respecto Zubiri señalaba que “lo que un instante lega al siguiente es un peculiar modo de acercarse a las cosas, nacido y puesto en marcha en el pasado. Con las seguridades que el pasado le confiere, el hombre se lanza a la captura de nuevas cosas”. Aunque la realidad, con sus peculiares resistencias, forzaba al hombre a modificar sus posibilidades y sus ideas de las cosas. “El pasado no solo otorga un estado, sino un situación”, que nos lleva del presente al futuro. El pasado trazaba una ruta, una vía de acceso o “méthodos” a partir del cual actuar (Zubiri, 1981: 333).

            El hecho del pasado, objeto de nuestro interés intelectual, trazaba la ruta del presente; “no por clasicismo ni por arqueología, sino por ser la primera fase, la primera posibilidad de nuestro presente” recordaba Zubiri. Por ello la visión del pasado debía ser valorada “sobre la posibilidad que nos otorgó en la actualidad, en su futuro”. Por ello, la historia se centraba en el momento concreto en el que sucedían las cosas. “Un mismo hecho que acontece en dos distintos ordenes de posibilidades pueden significar cosas absolutamente distintas”, defendía Zubiri, ya que la importancia del pasado residía, como gran referente, en los “ingredientes del mismo en nuestro presente; en las posibilidades que nos impone para hacer frente a los problemas actuales y para proyectar el futuro” (Zubiri, 1981: 335).

            El pasado no solo produjo el presente, sino que está haciéndonos presentes”. Frente a la idea del movimiento histórico, pretendida conversión del “no ser” (pasado) en “ser” (presente), es menester volver a insertar la historia en la “idea del ser”. Así pues, en esta interpretación ontológica de la Historia (ahora con mayúscula), el pasado posibilitaba en todo momento, lo que somos y podemos llegar aser. “De esta suerte, el presente es también inexorablemente pasado”, escribía Zubiri. “La historia es el método para conocernos a nosotros mismos, de esclarecer las dificultades de nuestro pasado, de señalar las posibilidades que han conformado nuestro presente”, ya que la intelección del pasado tiene sentido “cuando hace posible un brinco más eficaz hacia el futuro”. Por ello, cualquier decisión del presente elige unas posibilidades creadas en el pasado, y al retrotraernos hacia el pasado reconquistamos “de veras lo que fuimos, con la conciencia de sus limitaciones y con la ampliación de nuestras posibilidades” “Necesitamos ir de la naturaleza y de la historia al ser” (Zubiri, 1981: 337-338), como principio para una verdadera libertad humana (Pose, 2001).

            Como conclusión, Zubiri apuntaba que “ocuparnos del pasado es ocuparnos de nosotros mismos, de nuestras posibilidades actuales de actuar y pensar, consistentes todas de la posibilidad de llegar a una del ser que incluya la historia”; por ello, “ni arqueología y ni clasicismo”. Ésta es, en suma, la verdadera "historicidad del espíritu humano" que nos enseña Zubiri (Zubiri, 1981: 340), como aporte genuino al debate entre relativismo y universalismo (Barroso, 2009) de quizás uno de los últimos grandes pensadores de nuestro tiempo (Cruz, 1981).

 

Bibliografía.

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CEREZO, P. (1999). “La idea de la historia en X. Zubiri”, 91-124. QUINZA, X. y ALEMANY J.J. (ed.). Ciudad de los hombres, ciudad de Dios. Madrid.

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GARCIA, J.J. (2005). “La realidad humana como pauta ética en la filosofía de Xavier Zubiri”. Cuadernos de bioética, 16 (59), 375-392.

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POSE, C.A. (2001). “El problema de la libertad en X. Zubiri”. Cuadernos salmantinos de filosofía 28, 191-192

SIMONPIETRI, F.A. (1989). “El acceso del hombre a la realidad según Xavier Zubiri”. Anuario filosófico 22 (2), 113-132

ZUBIRI, Xavier (1981). Naturaleza, historia, Dios. Madrid, Editora nacional.

-          (1999). El hombre y la verdad. Madrid, Alianza Editorial. 

-          (2006). Tres dimensiones del ser humano: individual, social, histórica. Madrid, Fundación Xavier Zubiri.

 

 

 

  La Razón Histórica, nº3, 2008 [7-15], ISSN 1989-2659. © IPS.

 

 

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