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Los falsarios de la Historia. “Raymond Aron ante el opio de los intelectuales".

   

Sergio Fernández Riquelme.

 

Historiador. Universidad de Murcia (España).

 

   

1. Libertad e Historia.

            Frente al "opio ideológico" que afectaba, de manera terminal a los intelectuales de signo izquierdista en la interpretación historiográfica (en especial en la Francia de postguerra) el filósofo y sociólogo liberal Raymond Aron [1905- 1983] defendía que “la existencia histórica, tal como se la vive auténticamente, opone individuos, grupos, naciones en la lucha por la defensa de intereses e ideas incompatibles”. Frente al determinismo histórico presente en el "materialismo dialéctico", al que definía como "absolutismo ideológico" que interpretaba, e interpreta, unívoca y parcialmente el devenir humano, Aron apelaba a un análisis retrospectivo de los hechos desde la pluralidad de las posiciones originales y únicas, a partir de la interrelación frente a la yuxtaposición y a la totalidad en el análisis histórico (Molina, 2008).

            Aron sostenía, por ello, que ningún individuo puede “aprehender el sentido último” de la Historia. La “pluralidad de las significaciones” mostraba la trágica inteligibilidad de los actos humanos. La relación "fin-medio" se demostraba insuficiente como explicación única de los mismos, ya que el planificador debía elegir entre objetivos diversos y condicionados. Situación debida a que el "objetivo", aunque determinado, era siempre susceptible de numerosas interpretaciones. Por ello, cada hecho y fenómeno histórico revelaba su significado si se insertaba en “un conjunto que cubre una época, una nación, quizás una civilización” (Aron, 1979: 143).

 

2. La Historia y las "circunstancias humanas".

            Desde su posición crítica y polémica, y desde el ostracismo que sufrió en su tiempo, Aron denunciaba la arbitrariedad de la historiografía dominante, llegando a la conclusión de la dificultad para hablar de "objetividad histórica". Por ello, Aron continuaba defendiendo que en el estudio histórico “se impone necesario un conocimiento cercano de los conocimientos del actor y de la estructura determinada de la sociedad para establecer los posibles medios en los fines”.  De esta manera, un fin era solo una etapa hacia un objetivo superior, un medio a su servicio.  Los hechos históricos sólo podían explicarse como respuesta a las circunstancias de su momento histórico; además, era básica una determinación de los valores determinantes de la sociedad donde se insertaba el actor y donde se producía el acontecimiento. “Un régimen social es siempre el reflejo de una actitud respecto al cosmos, a la ciudad o a Dios”, escribía al respecto Aron (Aron, 1979: 143-144).

            Por ello, “el historiador debe liberase de sí mismo para, esforzarse por descubrir al otro en su alteridad. El descubrimiento histórico supone una cierta comunidad entre el historiador y el objetivo histórico”. En este sentido, apuntaba que “el universo del actor, del sujeto del estudio, perdería todo su significado y sentido si ambos universo nos tuvieran una continuidad, si no apareciesen como sutiles variaciones del mismo tema”. Y esto le conducía a señalar como “para que la historia entera me resulte inteligible, los vivos deben descubrirse un cierto parentesco con los muertos“, frase que reflejaba el eco del padre del positivismo, Comte, para quién los muertos fabrican a los muertos (Aron, 1979: 144).

            La pluralidad de la realidad aparecía, para Aron, en el interior de cada una de las dimensiones humanas; de esta manera, la ubicación de los acontecimientos no encontraba límites definidos en el espacio y en el tiempo, ni elemental, ni globalmente. “A partir de un acto, se remonta el curso de la historia europea, sin que tenga la obligación o el derecho de detenerse”, lo que demostraba que el sentido de la historia era múltiple, equivoco e inaprensible, y solo el espíritu del historiador daba unidad al conjunto de significados, “Elemento y conjunto son nociones complementarias” subrayaba Aron. La reconstrucción historiográfica daba homogeneidad y sentido al conjunto de la experiencia histórica, pero no podía excluir las diferencias entre experiencias concretas; por ello, resultaba básico mantener la relación y cercanía entre la experiencia de los hombres y la resurrección realizada por el historiador.

            Aron establecía, pues, la distinción esencial entre los conjuntos ideales y los conjuntos reales. “Ideal es el conjunto de una Constitución o de una doctrina; real es el conjunto creado por los hombres que se gobiernan según esa Constitución o que viven según esa doctrina” (Aron, 1979: 141). La pluralidad de significaciones que resultaba de la indeterminación de los conjuntos, así como de la discriminación entre sentidos específicos y sentidos vividos, acarreaba una renovación de la interpretación histórica, frente al dogmatismo y el relativismo. Todo ello conducía a reconocer la multiplicidad de los conjuntos, reales o ideales, y la diversidad de papeles que los individuos representaban en una sociedad compleja, en la interrelación de los sistemas. Esta era, así, la realidad histórica: “la reconstrucción histórica presenta un carácter inacabado, puesto que nuca ha deducido todas las relaciones, ni ha agotado todas las significaciones” (Aron, 1979: 144).

   

3. Conclusiones.

            Hoy como ayer, es necesaria una renovación de la interpretación histórica, que integre multiplicidad y unidad, y que busque la comprensión real y cercana del significado de las ideas y creencias de los seres humanos en su contexto espacio-temporal. Por ello, “la curiosidad del intérprete” nos obliga a determinar los conjuntos y sentidos específicos, relativizar los acontecimientos humanos y las obras según la “historicidad propia de cada universo espiritual”, tal como hizo a contracorriente Raymond Aron, en un mundo dominado por la dialéctica entre "la democracia y la revolución" (Aron, 1999).

 

4. Bibliografía.

ARON, Raymod (1979), El opio de los intelectuales. Buenos Aires, Ed. Siglo XXI.

- (1999), Introducción a la filosofía política: democracia y revolución. Barcelona, Paidós.

MOLINA, Jerónimo (2008), "Raymond Aron ante el maquiavelismo político", en Revista internacional de sociología, nº 50, págs. 9-33.

 

 

   

 

 La Razón Histórica, nº3, 2008 [22-23], ISSN 1989-2659. © IPS.

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