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La liberación política de las filosofías para la liberación.

 

Patricio Iván Pantaleo.

 

Universidad Católica de Córdoba-IFDC-SL (Argentina).

 

 

INTRODUCCIÓN

Las propuestas de liberación [1] del humano frente al sufrimiento y la opresión que se han formulado desde el siglo XX hasta la actualidad, han sido elaboradas desde el campo intelectual, en su gran mayoría, siguiendo las pautas de los principales paradigmas que caracterizan a los tiempos modernos: la racionalidad y el materialismo. Entiéndase racionalidad como una búsqueda y encuentro unidireccional de sentido, es decir, que la razón y el intelecto se constituyen como únicos medios posibles de sentido existencial de lo humano. Por otro lado, materialismo, en cuanto que todo sentido y valor humano que se jacte de sí es contrastable empíricamente; existe primero, por así decirlo, en el mundo de las formas. La libertad, la dominación, la riqueza, la pobreza, el orgullo, la humildad, tienen ahora su carácter material, el cual va a ir predominando sobre lo trascendental a medida que se desarrolle el tiempo.      

El presente artículo tiene como objetivo indagar, por un lado, en la propuesta de liberación política presente en el pensamiento latinoamericano del último cuarto del siglo XX como una propuesta que sigue dentro de la lógica material netamente racional anteriormente mencionada, y que es también, desde nuestro punto de vista, una de las principales causas de opresión del ser humano. Por otra parte, se indaga, retomando una posición problematizadora del filosofar latinoamericano que posibilita el aporte de diferentes tradiciones para encontrar respuestas a los grandes problemas de la humanidad, en una concepción de libertad psicológica o espiritual[2] anteponiéndola a la libertad política o material del pensamiento moderno. Para dicho fin, se parte de la siguiente hipótesis: la mayoría de los intentos de liberación expresados durante el siglo XX concibieron, a priori, que la liberación del hombre habría de efectuarse primeramente en el ámbito político-material para luego transportarlo al ámbito de lo psicológico-espiritual. Esta concepción de libertad comparte con quienes ejercen la opresión, su sobrevaloración de lo material, y la trivialización de lo psico-espiritual. Por esto, una liberación planteada primariamente en términos político-materiales favorece la dominación, que es, a priori, una concepción psicológico-espiritual de lo percibido como real.

Para el desarrollo del trabajo, el informe se divide en dos acápites. El primero, titulado “Liberación política de lo espiritual”, aborda brevemente el desarrollo y los principales interrogantes que se plantea la filosofía latinoamericana desde el último cuarto del siglo pasado en cuanto a su concepción de liberación. En el segundo acápite, “Liberación espiritual de lo político” se elabora una breve propuesta crítica de liberación fundada en una visión diferente de lo real, retomando conceptos y categorías de la psicología elaborados por Viktor Frankl.

 

LIBERACIÓN POLÍTICA DE LO ESPIRITUAL

 

La “Filosofía de la Liberación”, como sostiene Cerutti-Guldberg, ha de ser “históricamente situada.”[3] Su desarrollo tiene como contexto una sujeción económica, político y moral de los pueblo del continente Latinoamericano. En la década de los setenta, cuando los intentos de dominación político-ideológico se profundizan en toda la región mediante golpes de estados a los gobiernos constitucionales, y mediante la implementación de políticas represivas de exterminio y marginalización, la filosofía de la liberación alza la voz a favor de una liberación de los humanos en pos de romper las cadenas de la opresión injustamente establecida.

Ésta proclama de liberación varía de acuerdo a las corrientes que dentro del mismo filosofar para la liberación se van suscitando pero se puede acordar ciertas características generales. En ellas se puede destacar su principal hincapié en una opresión primariamente política del humano, que luego se traslada a diferentes ámbitos de la conciencia y el espíritu. Si bien se asume en ella la dominación en todos los terrenos del existir humano, se da principal importancia a lo político-material como punto de partida. Dicha cuestión se puede retrotraer a las discusiones de teóricos revolucionarios a principios de siglo XX, en donde se ponían en juego ciertas dicotomías como las de reforma o revolución, materialismo o espiritualismo, científico o utópico, violento o pacífico. En la mayoría de ellos, la realidad es concebida primariamente como material y el carácter político de acción adquiere en el ámbito público mayor relevancia que el psico-espiritual, el cual se ve atacado desde algunas posturas radicales por conservador y contemplativo. Si bien en los últimos años se complejiza la acepción del fenómeno social, sigue prevaleciendo en los análisis y propuestas de liberación lo que ha de ser primariamente político para luego extenderse y dejar lugar a los demás ámbitos. Cerutti dice manifestando a las características de los problemas a liberarse que,

“…los problemas socio-históricos, políticos y culturales, a que aludieron las filosofías de la liberación desde su origen se han agravado; en la mayoría de los casos, se han agravado cualitativamente y cuantitativamente en América Latina y a nivel mundial. En ese sentido, sigo pensando, como pensaba hace veinticinco años, que es necesario renovar el esfuerzo teórico para poder dar cuenta intelectualmente de esa realidad y colaborar en la transformación de aquellos aspectos que son intolerables por injustos, por anti solidarios, por inhumanos finalmente.”[4]

 

Estos supuestos básicos donde se inscriben los intentos de liberación, genuinos y relevantes por cierto, parten, desde nuestro punto de vista, de la misma concepción de lo real que sostiene quienes pregonan por la dominación. Una consideración de que lo real es expresamente sensorial, material y mundano subyace tanto en la dominación como en la liberación. Imagen del mundo acentuada por la Modernidad y su forma de conocer, devela ahora, que las principales categorías de la existencia humanas se traducen principalmente en lo material, y todo sentido del existir se encuentra también en dicho ámbito. Si bien hay quienes proponen una complejización de la acepción de lo real, y por ello de la forma de liberación y de dominación, la praxis continúa siendo primariamente material. Los intentos de liberación o lucha y el de dominación se inscriben dentro de un paradigma general que no ha sido contrariado, el racionalismo materialista. Marshall Barman sostiene respecto del espíritu moderno:

“Podríamos incluso decir que totalmente modernos es ser antimodernos: desde los tiempos de Marx y Dostoievski hasta los nuestros, ha sido imposible captar y abarcar las potencialidades del mundo moderno sin aborrecer y luchar contra algunas de sus realidades más palpables. No hay que asombrarse entonces de que, como dijera el gran modernista y antimodernista Kierkegaard, la seriedad moderna más profunda debe expresarse a través de la ironía.”[5]

 

Es en este contexto inaugurado por la Modernidad, profundizado por la materialización economicista de la libertad en el consumo capitalista, que las propuestas de liberación se elaboran en América Latina. Como se dijo, estas posturas enarbolan la libertad desde la misma óptica donde la dominación se ejerce: el ámbito material y político, en oposición a lo psicológico y espiritual que queda supeditado la liberación del primer ámbito. Si bien desde la dominación el culto a lo material se realiza como evidencia de predestinación individual o social en el acceso diferencial del goce económico; desde las propuestas de liberación no se utiliza la negación al culto expreso de lo material como forma de superación dialéctica de la historia, sino que, continuando en lo material, se le reasigna un nuevo sentido: como primordialmente necesario su acceso igualitario en lo individual o social. Así, de igual manera, la propuesta de liberación y las formas de dominación, comparten una concepción primariamente material de lo real. Cerutti al referirse a la dependencia estructural del continente, deja sentada su concepción política de liberación:

“Sin este antecedente, la noción misma de liberación, en este contexto concreto al que hace referencia, carece sencillamente de sentido. No se trata de usar el término liberación aludiendo a cualesquiera de sus múltiples connotaciones, sino de este sentido muy preciso que le daba contenido en la época, a finales de los años sesenta y de ahí hacia la actualidad. Esta precisión terminológica es muy relevante, como se verá, porque en caso de perderse de vista su significado principal se termina hablando en el vacío, sin sentido o aludiendo a todo indiscriminadamente.”[6]

 

Frente a esta pretensión, cabe plantearse los siguientes interrogantes para una liberación genuina: Si la dominación y marginalización es material ¿Es relevante plantear una superación desde el mismo ámbito de acción? ¿O sería pertinente realizar una praxis transformadora en los ámbitos que, a priori, parecen haber desechado quienes ejercen la dominación? ¿Acaso quienes pretenden la liberación político-material no perpetuaran la dominación por no haber logrado la liberación psico-espiritual? Y si la dominación material no es más que reflejo de la dominación psico-espiritual, ¿no se estaría luchando, como sostiene un antiguo proverbio oriental, contra las sombras, malgastando así nuestros esfuerzos y posibilitando negligentemente la dominación? 

 

LIBERACIÓN ESPIRITUAL DE LO POLÍTICO

 

Retomar una concepción de libertad más profunda del existir humano, resulta relevante para, por un lado, replantearse los presupuestos establecidos de dominación y lucha y, por otro, analizar qué de los intentos de liberación tuvo su efecto deseado y hasta qué punto la dominación continuó.

Una concepción de libertad diferente la ofrece Viktor Frankl, psiquiatra preso en los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, el cual profundizando desde el punto de vista existencial, indaga cual es el residuo de libertad humana cuando todo lo exterior pudo haberse diluido. Dando cuenta de ello, sostiene:

 “Este intento de ofrecer una descripción psicológica y una explicación psicopatológica de las características típicas de la psicología en un campo de concentración quizá pueda inducir a pensar que el hombre es un ser completa e inevitablemente determinado por su entorno (…) Pero, ¿qué decir de la libertad humana? ¿No existe una libertad espiritual frente a la conducta y al entorno? (…) ¿Acaso el hombre es un mero producto fortuito del sumatorio de factores? (…) ¿Carece el hombre de la capacidad de decisión interior cuando las circunstancias externas anulan o limitan la libertad de elegir su comportamiento externo? (…) Las experiencias de la vida en un campo demuestran que el hombre mantiene su capacidad de elección. (…) El hombre puede conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en aquellos crueles estados de tensión psíquica y de indigencia física.”[7]

 

Es esa libertad, sostiene la logoterapia, la que le confiere un sentido a la vida humana y la que nadie le puede arrebatar a uno. Ahora bien, ésta libertad a quedado soslayada en las propuestas de liberación. Si bien en un intento de complejización del fenómeno social se da cuenta de la plural dimensión del existir y actuar humano, el principal hincapié continúa siendo en la opresión material del humano. ¿Acaso no será en ese interior menospreciado en el que haya que buscar los gérmenes de la dominación y por ende también de la libertad? En este valoración del sentido de lo más mínimo que Frankl ve en los campos de concentración, es donde se plantea en el presente trabajo la propuesta de liberación. Anteponiendo la búsqueda de una libertad interior, se deshace la dominación exterior por concebirla, a priori, dominación interior.   

 

CONCLUSIÓN

 

Plantear la liberación o la dominación en términos materiales, y anteponerle una visión espiritual, no apunta a un reduccionismo teórico, sino a develar la principal causa de opresión del ser humano, que ofuscada tras intentos intelectuales de complejización de lo real, sigue siendo la principal práctica de opresión. Existe una continua materialización y exteriorización de la vida humana en la que toda acción y responsabilidad pasa primero por ámbitos exteriores y ajenos al propio ser, para luego, si queda lugar, asumir la propia responsabilidad del mundo interior en la creación de la manifestación exterior de la realidad. El planteamiento de libertad interior llevada a cabo por la logoterapia propone, desde nuestro punto de vista, dos cuestiones fundamentales de liberación. En primer lugar, frente a un mundo que valora la acumulación y la riqueza económica como posibilidad de constitución del humano como tal, transvalorar este valor es un verdadero acto de liberación, y no pregonar por consumar totalmente dicho valor. En segundo lugar, concebir que la dominación es primariamente una visión interna de lo que se considera como real, innova frente a todos los intentos de liberación política dados en la Modernidad y rescata esa parte de libertad que en el ser humano nunca desaparece, como sostiene Frankl, “…la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino.”[8]

 

BIBLIOGRAFÍA

-          Berman, M. (1989) Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. Siglo XXI Editores: Buenos Aires.

-          Cerutti-Guldberg, H. (2005) Configuraciones de un filosofar, Ediciones del Ayuntamiento de Orizaba: México.

-          Cerutti-Guldberg, H. (2011) Doscientos años de pensamiento filosófico Nuestroamericano, Ediciones desde abajo: Bogotá.

-          Cerutti-Guldberg, H. (s/d) Filosofías para la liberación: ¿Relevos generacionales…, Nuevos aportes?, Material de cátedra.

-          Oviedo, A. y Parro, F. (2002) “La fecundidad de la Filosofía Hispanoamericana: Horacio Cerutti-Guldberg”, en La Ciudad de Dios. Revista Agustiniana. Vol. CCXV: Madrid.

-          Frankl, V. (2004) El hombre en busca de sentido, Herder: Barcelona.

 

 



[1] En el presente trabajo se utilizan el concepto liberación para referir a todo el pensamiento contestatario, de fuerte raigambre e influencia marxista, surgido y desarrollado durante el siglo XX y, específicamente, a la propuesta de la Filosofía de la Liberación para la libertad de la sujeción política y cultural a la que fueron y son sometidos los pueblos bajo el avance del proceso dominador. Por otra parte, dominación se utiliza para identificar una de las principales características de las potencias hegemónicas del mundo actual, y sus adherentes en el resto del mundo, para expandir y consolidar su posición tanto sea en ámbitos materiales, políticos y culturales. 

[2] El término psico-espiritual o espiritual, se utiliza en la acepción que le otorga Frankl. A tal fin, dice: “Conviene insistir y recalcar que en el léxico de la logoterapia el término espiritual se encuentra ajeno a cualquier connotación religiosa: describe y define (antropológicamente) la dimensión específicamente humana.” [Frankl, V. (2004) El hombre en busca de sentido, Herder: Barcelona. Pág.: 124]

[3]Oviedo, A. y Parro, F. (2002) “La fecundidad de la Filosofía Hispanoamericana: Horacio Cerutti-Guldberg”, en La Ciudad de Dios. Revista Agustiniana. Vol. CCXV: Madrid. Pág.: 294.

[4] Ibíd. Pág.: 295

[5] Berman, M. (1989) Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. Siglo XXI Editores: Buenos Aires.

[6]Cerutti-Guldberg, H. (2011) Doscientos años de pensamiento filosófico Nuestroamericano. Filosofando desde Nuestra América para el mundo. Ediciones desde abajo: Bogotá. Pp.: 83-84.

[7] Frankl, V. (2004) El hombre en busca de sentido, Herder: Barcelona. Pág.: 90

[8] Ibíd. Pág.: 90

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