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El surgimiento de las revistas culturales en Santiago del Estero.

The emergence of cultural magazines in Santiago del Estero.

 

Héctor Daniel Guzmán.

 

Magister en Estudios Sociales para América Latina por la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Santiago del Estero. Investigador-Proyecto Historia de las ideas en la región-UNSE (Universidad Nacional de Santiago del Estero). Especialista en Historia de las ideas (Argentina).

 

Resumen. En este articulo, analizo el itinerario político intelectual de una fracción del movimiento de revistas. A través del análisis de  publicaciones santiagueñas muestro de qué modo son resultado de las diversas posiciones desde un sector de la elite intelectual en tiempos de aceleración del proceso modernizador.

Summary. In this article, analyzes the political and intelectual itinerary of a faction of the movement of publications. From the analysis of their publications santiagueñas shows in which way result of the different positions as to how certain members of the intellectual elite in periods in which the process of modernization

Palabras clave: revistas: elite; modernizador.

Key words: publications; elite; modernization.

 

Introducción

Según José F. L. Castiglioni (1941), la primera revista literaria fue El Picaflor de 1863, cuyo director fue el periodista Luis Varela. En 1899, nació El Alfiler, periódico cultural dirigido por los poetas Pedro Rizzo Patrón, y Santiago Lugones. Según el diario La Reforma, fue el resultado de un “núcleo de jóvenes entusiastas”, y sus banderas fueron: (…)”ser defensor de los intereses sociales, del bello sexo, patriótico, literario, dando cabida en sus columnas a todas las producciones bien intencionadas  y vengan encuadradas en el marco de la moralidad. Su juez será la razón y los dictados de las conciencias su programa”1 (…) era la primera vez que un medio cultural presentaba un manifiesto de este tipo, lo que nos ofrece varios datos, era un grupo de poetas que se nuclearon detrás de un periódico, y  son los mismos que nutren de poesías el diario La Reforma, me refiero a los que usan seudónimos, y a los que no, como Rodolfo Arnedo, Ricardo Rojas, Julio Rojas, y Santiago Lugones, porque mientras dure el Alfiler, bajara la colaboración de poesías en el diario citado, y cuando desaparezca el periódico cultural, nuevamente tendremos en La Reforma una nutrida producción poética.  Este grupo conforma un tipo de lectores, los jóvenes amantes de la poesía, específicamente la modernista, pues resaltan la figura del poeta, y su misión en la sociedad. El Alfiler salió a la calle el 9 de julio de 1899, disparando una polémica en su primer número, (…)” ¿no se lee en este pueblo? (Santiago) No se lee porque no se escribe” (…), que rápidamente fue contestada por Julio Rojas desde Buenos Aires, y de una manera pesimista. Dijo Rojas: (…)”En Santiago –salvo excepciones hay poco gusto por la lectura, son contados los que se preocupan del movimiento científico y literario de este fin de siglo lleno de novedades sorprendentes” 2(…)

1.”El Alfiler., La Reforma, 29 de junio de 1899,  2.

2. Julio Rojas, “Santiago”. La Reforma, 18 de julio de 1899, 2.

 

Hasta aquí Rojas coincide con el grupo de poetas, pues considera la situación cultural de Santiago preocupante, pero culpa también “a los intelectuales locales, pues no se escribe en Santiago porque está limitada la producción intelectual allí porque no hay centros de índole científica o meramente literaria”3. Rojas critica la nula actividad de las sociedades culturales existentes en Santiago o directamente no las reconoce como tales, pero aplaude al Alfiler, y a la revista del Consejo de educación provincial, porque los considera órganos nuevos que podrán estimular lo que todavía no hay en Santiago: centros culturales. El periódico a pesar de las criticas llego a editar siete  números, hasta septiembre de 1899, ofreciendo un material de lectura variado, fue publicado por la imprenta de La Reforma donde Pedro Rizzo Patrón era administrador del citado diario, pero la situación económica y el poco eco obtenido en los lectores termino con el proyecto. La poca cantidad de suscriptores, terminó con el Alfiler, y Julio Rojas se quejaba desde Buenos Aires, por el poco apoyo obtenido por el diario cultural en la sociedad, diciendo (…) “merecía la protección pública, foco de cultura (…) debió encontrar reflectores en toda la provincia”4 (…) de esta manera terminaba un proyecto editorial cultural pionero a fines del siglo XIX.

Las primeras revistas en Santiago del Estero

Al terminar este proyecto se inicio el de la revista Los anales de la educación, una idea de Maximio Victoria, que puso en práctica para difundir su ideario positivista, y articular las políticas educativas con las políticas culturales de un grupo de intelectuales en formación. Fueron los redactores de la revista Ramón Carrillo, y Medardo Moreno Saravia, dos docentes que representan a dos sectores de la docencia local. Carrillo representa a los intelectuales del Colegio Nacional y la Biblioteca Sarmiento, y Moreno a los docentes normalistas que operaron en las escuelas del estado.

3. Julio Rojas, “La cultura”. La Reforma, 19 de julio de 1899, 3.

4. Julio Rojas, “El fin”. La Reforma, 12 de septiembre de1899, 2.

También se unieron como colaboradores Santiago Lugones, Baltasar Olaechea y Alcorta, Pablo Lascano, Atilano Fernández, y Antenor Ferreyra, junto a muchas colaboradoras docentes que participaron de la citada propuesta. El completo trabajo de Marta Sgoifo, muestra que esta revista quiso construir un “sujeto educador/civilizador”5, por lo tanto estuvo dirigida a docentes intelectuales, porque ese fue el ideal de este grupo positivista. Esta revista educativa-cultural culmino su obra en 1900, dejando el terreno abonado para futuros emprendimientos editoriales positivistas.

Una necesaria plataforma de lanzamiento para las revistas culturales fueron las imprentas de los diarios locales que fueron los gestores de estos emprendimientos editoriales. A medida que se inicio la modernización cultural, surgió la figura del “propiciador”6, un intelectual que se puso al servicio de la difusión de obras de colectivos intelectuales. Los ejemplos en 1918 explican el surgimiento de tantas revistas en ese período. La casa Grandi hermanos, fue el impulsor del proyecto editorial de la revista Ariel, un claro exponente de “revista moderna”7  según el juicio de El Liberal, y la imprenta de Fortunato Molinari, impulso a Proteo, Primaveral,  y Bohemia, todas empresas juveniles. Que contribuyeron a la formación de un sector de lectores especializados, que por los datos de la revista Ariel, no superaron los 120 “abonados”8, que fue una cifra ínfima para los 1000 sueltos que salieron a la calle. Este desfasaje termino con la vida de la citada revista, y marco un límite para la expansión de este tipo de emprendimientos. Lo que también implico que las empresas de este tipo debían tener un cariz comercial, si querían sobrevivir dejando atrás la mítica bohemia del periodismo.

5.  Sgoifo, “La revista Los anales de la educación 1899-1900”, 58.

6. Hernández, Samuel Glusberg/Enrique Espinoza; revistas culturales y proyectos editoriales en Argentina 1921-1935”, 215.

7. “Editorial”. El Liberal, 24 de agosto de 1918, 1.

8. “Editorial”. Liberal, 21 de octubre de 1918:, 1.

Las revistas como instrumento político-cultural, formaron a varias generaciones de santiagueños,  provenientes de los sectores medios, altos, y populares, y elaboraron un espacio de crítica al sistema político-social imperante. Y por otro lado, conformaron un “espacio de consagración alternativo”9, porque fueron el espacio que aglutino a grupos de intelectuales que lideraron los movimientos renovación cultural, muchas veces en confrontación con los tradicionalistas. Un ejemplo claro de ello es la propagación de muchas revistas en la década del 20 y 30, motorizadas por escritores que no tuvieron acceso a los “espacios de socialización”10, que la elite capitalina sustentaba como propios. Estas revistas expandieron su proyecto de integración por toda la provincia, y muchas veces fue escenario propicio para una literatura de combate que mantuvo conflictos con aquellos grupos sociales que se opusieron a la modernización.

Todas las revistas locales tuvieron una “tarea pedagógica”11, que permitieron actualizar al lector sobre todos los debates culturales que se llevaron en el país y en el mundo, fortaleciendo el papel de los intelectuales como pasadores de ideas, obras y autores, aportando así a la formación de un movimiento vanguardista que acompaño a la instalación de la modernidad en la provincia. El citado movimiento estuvo formado por periodistas, docentes, artistas, y profesionales, oficios que estuvieron muy ligados al periodismo cultural desde sus inicios hasta la edad dorada que fue la década del 40. 

9. Ponza, Periodismo crítico: las publicaciones político-culturales de los años sesenta-setenta (1955-1974)”, 4.

10. Eujenian, y Giordano, “Las revistas de izquierda y la función de la literatura: enseñanza y propaganda, 395.

11. Gramuglio, Posiciones de Sur en el espacio literario. Una política de la cultura”, 103.

Las revistas locales fueron siempre voceros de un grupo intelectual, y cuando ese cenáculo se fragmentaba, como signo de ese fraccionamiento emergían sus medios de expresión. En todos los estudios sobre grupos literarios es marcada la tendencia de que hubo dos grupos que hicieron uso de las “revistas”12  como herramienta de intervención intelectual: Los Inmortales, y La Brasa.  Y es por ello que utilizaron expresarse en estos medios, porque creyeron en una difusión más masiva de su propuesta cultural, por eso fue tan “limitada”13 la producción de libros, pues esta fue muy costosa, y además la publicación en revistas a medida que crecía el número de lectores, se hizo más atrayente a los intelectuales que querían hacerse un lugar en arena de las letras locales. Otro rasgo para analizar es que las revistas fueron el espacio desde donde mediante manifiestos un grupo determinado se identificaba por sus ideas, y se afincaba como punto de reunión para los “escritores”14 que compartieron el mismo horizonte. Lo que quiero indicar es un cambio muy importante en el mundo intelectual a partir de 1917, porque las “revistas”15 se vuelven el soporte institucional, que vienen a reemplazar y a dar por terminando el período de las sociedades culturales, que fueron los espacios de sociabilidad intelectual que permitieron a los intelectuales dar los primeros pasos en la constitución de un campo intelectual. Tarea nada fácil porque paso que muchos proyectos quedaron en la nada y solo quedaron como una promesa más de las tantas que hubo en la época dorada de las revistas culturales locales. Ejemplo de ello, es “Proa”16, que estuvo marcada por la vanguardia, y que iba a estar dirigida por Ramón Gómez Cornet, y Juan Parra del Riego, pero no salió al no tener el apoyo económico, ni el del ambiente que aún era muy hostil a las nuevas corrientes culturales.

12. Rava, “La poesía en Santiago del Estero”, 56.

13. Rava, “Desde el coplero del pueblo a los modernos poetas de hoy”, 102.

14. Taralli, “Teorías literarias en Santiago del Estero”, 43.

15. Nassif, “Maria Adela Agudo y presente del rostro de Santiago del Estero”, 54.

16. “Proa”. El Chaqueño, 10 de marzo de 1921, 463.

El auge de las revistas,  muestra a su vez que estaba en formación un “nuevo público”17  que fue el producto de las políticas educativas de la provincia, y de los proyectos de la elite letrada, por lo tanto, el número de lectores intelectuales y no especializados, conformaron un espacio prometedor para la constitución de un campo intelectual en Santiago del Estero. Horacio Rava, es el único investigador literario, que reconoce el papel de las revistas locales, al reunir bajo su egida a muchos “escritores”18 que no tenían un lugar en los cenáculos culturales locales. Las revistas fueron una alternativa, para muchos intelectuales, que no tenían acceso a los espacios tradicionales de consagración en nuestra provincia.

Por ello, diarios como El Siglo, fue padrino de la revista “Estímulo y Defensa”19, porque muchos de los periodistas que trabajaron en el citado diario, colaboraron en la revista nombrada. De tal modo, esta red de  diarios y revistas, tuvieron  como resultado que periodistas hicieran una carrera de literatos, en un momento en que el modernismo era incontenible. Esta tarea del periodismo de formar intelectuales que luego formarían sus grupos y editarían sus revistas, fue la acción más importante de los diarios en los primeros cincuenta años del siglo XX, pues fueron lugares de “formación cultural”20  para muchos letrados que no pudieron acceder a estudios superiores, o viajar a la metrópoli donde ocurrían los principales eventos culturales. Si hacemos un análisis del ambiente cultural en los primeros veinte años, tenemos que en 1917 existieron en Santiago Capital, “ocho diarios informativos, dos revistas culturales, cuatro bibliotecas, cinco asociaciones culturales, tres librerías, seis imprentas, y una editorial”21. Tenemos entonces un soporte muy favorable para el surgimiento de revistas en esta etapa, que reflejaron la cantidad de grupos intelectuales que convivieron en nuestra provincia.

17. Sarlo, El Imperio de los sentimientos, 34.

18. Rava, Panorama de las letras santiagueñas, 35.

19. “El Siglo”. El Liberal, noviembre de 1948, 134

20. Bustos Navarro,  “Fecundo desarrollo tuvieron las instituciones culturales”,  192.

21. Guzmán, Los Inmortales 1917-1920, 11.

A la formación de docentes intelectuales que impulsaron las primeras revistas modernas, se les sumaron jóvenes periodistas y estudiantes secundarios y universitarios, que movilizaron varios proyectos gráficos, siguiendo la línea de renovación de una nueva generación que busco cambios en una provincia en camino de modernizarse. Pero para que este proceso se haya disparado debió haber en los diarios locales, una difusión de revistas nacionales que sirviera de modelo de intervención intelectual.  Según El Siglo en 1908 en la ciudad se leían revistas modernistas, como Mitre y Vida Moderna, y si nos atenemos a las revistas que se leían en la “Biblioteca Sarmiento”22, tenemos a Nosotros y Proteo,  como los medios que los lectores elegían para su lectura. Entonces, a los que leían  la prensa masiva, a nivel nacional y local, se agrego  un nuevo sector que consumió las revistas modernistas más especializadas, que nunca fueron muchos, por lo que limito el circuito de circulación de estas propuestas editoriales. La presencia de revistas en las Bibliotecas, y en los diarios, fue un indicador de la presencia de un sector intelectual que consumió un tipo de bienes culturales y que participó de las empresas gráficas nacionales, y con ello también incentivaron la lectura de estos medios nacionales en la provincia. Caras y Caretas, Ideas, Vida Intelectual, y Revista de derecho, ideas e historia, fueron revistas en donde colaboraron reconocidos intelectuales locales, por lo que fueron espacios de formación cultural para los grupos letrados de Santiago.

Entre las revistas modernistas y positivistas habría que marcar ciertas diferencias estructurales que nos ayudaran a explicar ciertas características de las citadas publicaciones. Los grupos positivistas fueron acogidos por el estado nacional y provincial, porque muchos docentes y funcionarios del mismo convergían en la misma ideología modernizadora que llevaría al país hacia el progreso.

22. Guzmán, Intelectuales positivistas y modernistas en Santiago del Estero, 1876-1916, 61.

El Monitor de la educación, revista de la docencia argentina, fue el modelo que sirvió para la confección de Estímulo y Defensa, el medio local más parecido a la propuesta editorial, porque la circulación de El Monitor fue asegurada por el estado, que apoyo este tipo de iniciativas, por lo tanto las bibliotecas contaron con esta publicación, y los grupos positivistas se encargaron de hacerla circular entre los docentes y el público, así como otras publicaciones liberales de todo el país.

Las revistas modernistas ya respondieron a emprendimientos de grupos privados que no tuvieron nexo con los intereses del estado, por lo que sus grupos de intelectuales (periodistas, y profesionales), se apoyaron en modelos de revistas modernistas nacionales que circularon en el medio local, gracias a la promoción de los diarios, que difundieron estas propuesta de renovación cultural, entre sus lectores. Muchos de los cuales fueron estudiantes, un nuevo grupo social que tuvo mucha participación en la formación de grupos culturales. Letras argentinas, Revista del Plata, Tribuna libre, El literario, Ideas, La Pluma, y La Nota,  fueron algunos de los tantos medios modernistas que se leyeron en Santiago. También debemos sumar a esta condición el hecho de que las revistas ilustradas El Hogar, La Raza, Mundo Argentino, Caras y Caretas, Iris y PBT, fueron espacios del idealismo modernista, que llegaron a más lectores locales, expandiendo de alguna manera una propuesta que se hizo más masiva, de lo que pensaron los primeros modernistas. Una realidad es inobjetable, la masa de lectores según las reseñas de los diarios locales se ha diversificado, porque no sólo hay revistas culturales nacionales, y revistas ilustradas, sino también están medios como la Novela Semanal, y el Cuento ilustrado, que tienen seguidores en todo el país, porque sus lectores en su gran mayoría fueron mujeres. Esto debido a que además de  librerías existieron los puestos de revistas que generaron otro circuito de distribución más popular en nuestra ciudad.

Esta descripción del sistema de revistas en nuestra provincia,  nos ofrece  un panorama de cómo se fueron estructurando los distintos tipos de lectores en consonancia  al mercado periodístico que siguió creciendo y ofreciendo diversas propuestas editoriales.

Entonces de la oleada positivista a la modernista, tenemos dos rasgos para marcar a través de las revistas surgidas en ese momento histórico: por un lado el surgimiento del intelectual crítico con el modernismo, que vino a colaborar y hasta a confrontar con el “intelectual orgánico”23  que fue el positivista. Ambas tradiciones la positivista y la modernista generaron los primeros espacios de debate sobre el “desarrollo de la cultura”24, iniciando así los primeros pasos de la modernización en nuestra provincia. 

Consideraciones finales

La llegada de la vanguardia a nuestras tierras tuvo mucha relación con la sólida instalación de la Reforma Universitaria en los grupos intelectuales recién llegados luego de finalizar sus estudios en Buenos Aires y Córdoba. Si la idea era la “ruptura de una tradición”25, los vanguardistas locales además de ser escasos en número, se encontraron pronto devorados por el nacionalismo cultural que hacía estragos entre sus propias filas, esto explica las pocas revistas que sacaron a la calle, y su paulatino debilitamiento como formación cultural. Su influencia fue débil, pues pronto fue reemplazada por las formaciones combativas de la misma vanguardia, que en la década del 30 giraron hacia la militancia política, concentrando sus fuerzas en contra del fascismo.

23. Dalmaroni, Una república de las letras, 47

24. Perosio, La profesionalización de la crítica literaria, 1.

25. Burger, Teoría de la Vanguardia, 120

El “fin del martifierrismo”26, en nuestro campo cultural, provoco que la ideología antifascista uniera socialmente, a periodistas, docentes, y universitarios, que formaron un nuevo frente de revistas, y esto supuso el final del elitismo universitario y de la neutralidad cultural en relación a la política. El regionalismo que surgió también dentro del movimiento antifascista, fue ya una cuestión de redescubrimiento de una identidad regional que el nacionalismo cultural venía trabajando desde principios de siglo. Sus revistas reflejaron que fue todo un proceso de los grupos intelectuales de la región que estrecharon lazos y colaboraron en proyectos comunes.

Lo cierto es que la política cultural de las revistas tuvo como objetivo llegar a un público más amplio de lo que las tradicionales instituciones culturales pensaron en su tiempo. Sus “debates”27  alcanzaron pensar a la política desde la cultura, y esto implico estrategias de divulgación de propuestas pedagógicas que causaran verdaderos cambios en una sociedad a la cual los intelectuales se sintieron llamados a guiar en momentos determinados de la historia local.

26. Sarlo, Una modernidad periférica, 150

27. Garcia Canclini, Políticas culturales en América Latina, 15

 

 

Bibliografía

Bustos Navarro, Arturo, “Fecundo desarrollo tuvieron las instituciones culturales”. El Liberal, 50º Aniversario, 1948, pp.65-68.

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Taralli, Ricardo, “Teorías literarias en Santiago del Estero”.  El Liberal 90º Aniversario, 1988.

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