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HUNGRÍA Y LA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA DE LA IDENTIDAD. DEL LENGUAJE AL DISCURSO.

 

 

Sergio Fernández Riquelme.

 

Historiador y doctor en Política social. Profesor de la Universidad de Murcia (España).

 

Miklós Cseszneky.

 

Investigador independiente. Experto en relaciones internacionales, lingüística y psicología intercultural (Hungría).

 

Resumen. Una lengua original, una historia singular, una identidad diferenciada. Hungría, en pleno siglo XXI, demuestra algunas de las claves de los fenómenos contemporáneos de construcción de la Identidad como proceso histórico de naturaleza social y cultural.  Proceso edificado a partir de un lenguaje propio con signos y símbolos identificativos, dentro de un contexto espacio-temporal determinado que da sentido y significado a los valores y creencias sobre los que se apoya, y que se proyecta en un discurso político-social que une o moviliza a la comunidad.

Palabras clave: Civilización, Discurso, Historia, Hungría, Identidad.

Összefoglaló: Különös nyelv, egyedülálló történelem, sajátos identitás. A 21. századi Magyarország megtestesíti a társadalmi-kulturális jellegű történelmi folyamatként meghatározható legújabb kori identitásfejlődés kulcsfontosságú elemeit. Saját nyelvre épülő folyamat, egységteremtő és mozgosító erejű identitásformáló jelképekkel és szimbólumokkal, meghatározott tér-idő kontextusban, ami értelmet és jelentőséget ad azoknak az értékeknek, amelyeken alapszik, s ami megjelenik a közösséget egyesítő és mozgosító politikai-társadalmi diskurzusban. 

Kulcsszavak: Civilizáció, Közbeszéd, Történelem, Magyarország, Identitás.

Abstract. An original language, a unique history, a differentiated identity. Hungary, in the 21st century, demonstrates some of the key elements of the contemporary phenomena of identity construction as a historical process of social and cultural nature. A process constructed from a language of its own with signs and identifying symbols, within a given space-time context that gives purpose and meaning to the values and beliefs on which it is sustained, and which is projected into a Political-social discourse that unites or mobilizes the community.

Key words:  Civilization, Speech, History, Hungary, Identity.

 

 

GÉNESIS. Del lenguaje singular al discurso nacional.

Toda Identidad, especialmente la de raigambre nacional, parte de una lengua propia, de un diferenciador idioma real y formal que pretende unificar a la colectividad internamente, con comunicación homogénea, y distinguirla del resto de comunidades vecinas, con símbolos trascendentales. Y se concreta en uno o varios discursos político-sociales fundados en la capacidad de cohesión y movilización de esos rasgos particularistas desde la Historia común y  reivindicada. Hungría, a nivel historiográfico, puede ser comprendido como ejemplo significativo y contemporáneo de este proceso, tanto desde la pretendida originalidad identitaria como desde ese discurso que apela a ella. A ello dedicamos las siguientes páginas.

a) El lenguaje.

Un idioma singular, sobre el que construir una Hungría como nación dotada de una Identidad secular diferente, basada en una lengua singular" "magyar", idioma de supuesto origen ugro-finés[1], aunque presenta en este punto graves problemas de inteligibilidad con las lenguas de esta rama aún existentes; pero que se demuestra como una lengua aglutinante no indoeuropea con semejanzas puntuales con los dialectos vascones primitivos, y una "estructura aglutinativa" que genera un modo de pensar único al fomenta la inteligencia matemática (como se popularizó en "los húngaros marcianos" o The Martians, grupo de matemáticos y físicos de enorme relevancia en los EEUU en los años 20 [2]). Y sobre este idioma propio se reivindica su historia nacional como "país transbordador" entre Occidente y Oriente, o kompország como señaló el poeta Endre Ady y replantearon otros autores posteriormente [3]; y que algunos teóricos han ligado, en su génesis étnica, al concepto de "turanismo" o panturquismo euroasiático ligando al pueblo húngaro con las tribus o etnias de la zona "turco-altaica"[4]. Aunque Herder, en su profecía pangermánica, anunciaba su desaparición en el "mar eslavo" que rodeaba a Hungría (bohemios, croatas, eslovacos, polacos, serbios), causa de su espíritu existencia de supervivencia y trascendencia a lo largo de los siglos [5].

Versos y lemas, leyendas y mitos, signos y símbolos; “el lenguaje” siempre presente  en toda narración histórica que construye o modifica la Identidad del discurso político-social de cada tiempo y cada lugar [6]. Y que nos ayuda a conocer tanto la Historia de un pueblo singular como Hungría, como de la civilización europea a la que pretende, sus actuales gobernantes, defender desde los valores tradicionales considerados como “fundacionales”, ante los retos y riegos globales del siglo XXI.

 

b) El discurso.

El 18 de abril de 2011 el Parlamento húngaro sancionaba una nueva Constitución para Hungría, firmada por el presidente Pál Schmitt; pero ésta no era una Carta magna más. Frente a un mundo occidental al que consideraban irremediablemente alejado, de manera constante, cultural y jurídicamente, de sus referentes históricos tradicionales, el gobierno magiar proclamaba, desde su lengua única en Europa, una Ley fundamental que no solo reconocía como fundamentales las raíces cristianas del país, sino que subrayaba una concepción del orden social, político y económico que protegía la identidad nacional del país ante los fenómenos transformadores que anunciaba "el mundo global"[7]. El gobierno insistió en llamarla “ley fundamental” (alaptörvény) y no “constitución” (alkotmány), porque consideraba que Hungría ya tenía una constitución histórica que se desarrolló de forma orgánica como la británica y que era vigente hasta el 19 de marzo de 1944, fecha de la ocupación alemana.

, Hungría fue uno primeros países de la órbita comunista en abrazar la democracia liberal[8]. La nación magiar se sumó progresivamente al gran espacio euroatlántico triunfante tras el derrumbe del “muro de Berlín”, primero como miembro de la OTAN y más tarde de la Unión europea (UE). Pero tras años de completa integración, el impacto de la crisis socioeconómica en Europa (con la emergencia de fuerzas disgregadoras) y el impacto conflictivo de la "era de la Globalización" (con sus pretensiones de homogenización siguiendo el modelo liberal-progresista norteamericano) hizo que Hungría reivindicara, con la llegada al poder de Viktor Orbán y la coalición nacional-conservadora Fidesz-KDNP desde 2010, la defensa de su Identidad nacional como parte de la que consideraban como necesaria reforma de la UE: protección de los valores tradicionales (Familia, Patria y Moral), protección de la soberanía estatal (independencia política y proteccionismo económico) y reivindicación de una identidad propia (nacionalismo y control de las fronteras)[9].

Y junto con los países del grupo de Visegrado (Chequia, Eslovaquia y Polonia), el gobierno húngaro enarbolaba esos “valores perdidos” de los "padres fundadores" de la UE (Adenauer, Monnet, Schuman). Valores que daban sentido, a su juicio, a la concreta a la "misión histórica" del Viejo Continente, desde un ascendiente espiritual, una especificidad cultural y una cohesión social ante las exigencias de un mundo globalizado que por momentos cambiaba rápidamente la memoria de aquello que fuimos[10]. Así se configuraba la misión de Viktor Orbán, entre la Historia y la Identidad, desde una “singularidad patriótica” (de base étnica) al servicio de la “Gran Europa de los pueblos[11], desde la reivindicada grandeza de sus líderes nacionales presentes, como estatuas majestuosas, en la Hősök tere (Plaza de los héroes nacionales de Budapest): bajo la central y dominante estatua del Arcángel Gabriel, las siete tribus nómadas que surgieron de las brumas de la Historia bajo el legendario Árpád; a la izquierda de la misma, los grandes reyes de Hungría que construyeron la nación húngara entre Oriente y Occidente (San Esteban, San Ladislao, Colomán, Andrés II, Carlos Roberto y Luis El Grande); y a la derecha, el recuerdo de patriotas que dieron su vida por la libertad del país (János Hunyadi, Matías Corvino, Esteban Bocskai, Gabriel Bethlen, Emérico Thököly, Francisco II Rákóczi y Lajos Kossuth) [12].

Por ello, desde la Historia de las Ideas (Ideengeschichte) abordamos, con afán de síntesis, la reconstrucción identitaria de una nación pretendidamente considerada, en primer lugar, como pueblo original, y en segundo lugar, como estandarte  de la defensa de dichos valores tradicionales y fundadores de la Civilización europea. Así señalamos los grandes periodos de creación y destrucción de la relación entre Historia e Identidad en Hungría, desde fuentes primarias y secundarias, al servicio del discurso político-social nacionalista del gobierno de Viktor Orbán, entre la reivindicación y el revisionismo [13]. Siguiendo las tesis de Reinhart  Koselleck, Hungría puede aparecer como un producto histórico y reactivo de una globalización que  “parte de la experiencia moderna, al tiempo que la individualización y proliferación de tribus y pueblos diversos, el surgimiento de pequeñas unidades de acción, en suma, resulta no menos evidente (lo veíamos recientemente en los Balcanes)”, ya que:

Por otra parte, las condiciones de esta pluralización son hoy día comunes y universales y, en este sentido, la globalización no es una invención ideológica, sino más bien una consecuencia de la expansión económica de las naciones más grandes y más poderosas. Pero, además, en el interior de esas grandes naciones, que suelen ser sociedades antiguas y consolidadas, aparecen a su vez nuevas diferencias. Sin embargo, creo que esa pluralización de historias a la que usted se refería prueba más bien la necesidad del colectivo singular «historia» como instrumento de análisis[14].

Una experiencia nacional concreta que responde, mutatis mutandis, al fenómeno histórico contemporáneo, entre la particularidad (étnica, nacional, religiosa) y la globalización (de mercados, ideas y modas), de reacción identitaria presente, en pleno siglo XXI, en el discurso político-social edificado sobre el concepto de "identificación" colectiva, desde la "pertenencia" ante las pretensiones de homologación del modelo globalizador (liberalismo-social consumista). Fenómeno de la "identitas" comunitaria, supuestamente sepultado por la uniformización de las modas digitales contemporáneas que, como enseño Lamo de Espinosa, volvía de nuevo para clasificar, catalogar, ubicar, etiquetar a nosotros y a los demás en referencia a un mundo específico, cultural y social, dentro de un mapa cognitivo que determinaba al miembro propio o ajeno, ya que "mediante ese contraste donde las culturas se reconstruyen y reelaboran, cambian, aceptando mezclas parciales o segregando rechazos[15].

 

1. LA LEYENDA. Las raíces del pueblo magiar.

Todo comenzó entre las brumas de la Historia. El primer hito historiográfico, ligado a la génesis étnico-cultural, volvía a subrayar la originalidad del pueblo magiar: procedentes de las estepas euroasiáticas, los húngaros llegaban a los confines de Europa, haciendo realidad la vieja leyenda de los hermanos "Hunor y Magor" (recreada o recogida posteriormente en la anónima Gesta Hungarorum) que dotaba a los magiares de parentesco con los hunos y mezcla con los ávaros[16] (aunque La Gesta no menciona a los ávaros, que sólo aparecen en obras de historiadores como posible explicación de algunas referencias en misma).

En plena era de la globalización se reivindicaba la continuidad etnogenética original. Las primeras tribus magiares, bajo un Principado dual dirigido por un príncipe "kende" (líder religioso o "sol") y un príncipe "Gyula" (caudillo militar o "luna"), se localizaban por primera vez en el sur de los montes Urales (donde su sitúa la supuesta génesis ugro-finesa, común a estonios y finlandeses), fueron situados pronto en la región de Levedia (bajo dominio del mítico pueblo de los Jázaros), cerca del Mar negro, y en torno al año 830 se desplazaron primero a la "Tierra ente dos ríos" (Etelköz) y en el 854 alcanzaron la región del Danubio. [17]

Como recogía el Chronicon de Thietmar de Merseburg, las siete tribus húngaras (lideradas por Álmos, Előd, Ond, Kond, Tas, Huba y Töhötöm) y vinculados por un pacto de sangre o vérszerződés) bajo el mandato del gyula Álmos a la llanura panónica (Alföld) y a la cuenca danubiana de los Cárpatos (Dunántúl). Hijo del líder Ügyek, procedente del clan Turul (simbolizado por un halcón de origen probablemente chuvasio), Álmos comenzaría una dinastía que, pese a la controversia historiográfica sobre este primer origen, es considerada como la posible fundación de la unidad tribal húngara, tras desligarse del control del Khagan jázaro, frenar la expansión del eslavo Rus de Kiev, y apareciendo ya el pueblo húngaro en las crónicas bizantinas y árabes [18].

Tras la muerte de Álmos, su hijo Árpád tomaría el mando del Principado húngaro [895-907]. Con él comenzaba la histórica "Casa de Árpád" (Árpád-házi) reclamando la leyenda de mismo Atila y logrando buena parte del control de la llanura. Eclosionaba así la “Gran conquista húngara” (Honfoglalás), o proceso de dominación de la cuenca de los Cárpatos (iniciada entre 896-903), tras la marcha de los germanos a Occidente (ostrogodos y lombardos), sobre la herencia de los Hunos y los Ávaros (éstos últimos destruidos en su Kanato por Carlomagno), la presencia de pequeñas tribus de eslavos, e incluso sobre los probables primeros húngaros emigrados en el siglo V-VI ac., como estableció el historiador y arqueólogo Gyula László en su teoría de la “doble conquista”:

"Lo que hemos aprendido y nos han enseñado acerca de la Conquista es verdad. Esto no cambia lo que nunca sucedió. El inicio en 896 de la historia de la Conquista es sólido, al cual añado mi visión, la cual simplemente establece que los húngaros presentes en la cuenca de los Cárpatos bajo Árpád son, en su mayoría, los húngaros que se encontraban antes de llegar el mismo a este lugar, ya en el año 670”[19].

La historia demostraba, tras cruzar el Vereckei-hágó (paso de Verecke en los Cárpatos) el dominio centenario de Hungría sobre la cuenca del Danubio. Su poder militar, como pretendía popularizar la anónima Gesta Hungarorum, nacido de su aventurado nomadismo y su singularidad cultural, atemorizó a los primeras potencias medievales: el recién nacido Sacro Imperio, los bizantinos de León VI, los búlgaros del zar Simeón y los moravos del príncipe Svatopluk (Dümmerth, 1977). Por ello, el nuevo monarca germano Luis IV (tras la división entre los futuros franceses y alemanes tras la muerte de Carlomagno) mando asesinar, en el verano del 904, a la delegación húngara llamada para firmar la paz en su campamento en el rio Fischa, incluido el co-Príncipe Kurszán, y en el 907 envió un numeroso contingente hacia Panonia para expulsar a los magiares. Pero Árpád logró vencer a las tropas germanas en las batalla de Bratislava (estableciendo la frontera en el río Enns) y de Eisenach (incursionando por territorio alemán hasta Bremen y Fulda) así como su hijo y sucesor Zoltán, a Enrique I en la batalla de Puchen (919).

Su leyenda de pueblo indómito, los últimos nómadas paganos, llegó hasta los confines del viejo Continente, pero comenzó a debilitarse ante la reacción germana y la influencia bizantina. A fines del siglo X, el Principado comenzó a perder unidad interna, tras la aplastante derrota del ejército húngaro liderado por el Príncipe Falicsi (nieto de Árpád) ante las tropas del rey alemán Otton I en la batalla de Lechfeld, y la ejecución de tres de sus príncipes (Lehel, Bulcsú y Sur, capturados en la contienda). Los magiares, ahora bajo gobierno de Taksony, tuvieron que replegarse hasta sus bases carpáticas, amenazadas por la llegada de las tribus de los cumanos, siendo tan débil su autoridad hasta el punto que uno de sus jefes tribales de la región de Transilvania, Gyula, adoptó la fe cristiana tras la alianza con el Emperador bizantino Constantino VII. Cerrado el frente occidental, los aún paganos y movilizados húngaros se lanzaron a las regiones orientales, llegando en el año 960 a los limes de Constantinopla, liderados por Apor, quienes según la leyenda, vencieron en un duelo entre el mejor soldado de cada bando: el pequeño jefe Botond logró matar a un soldado griego gigante [20].

Y llegaría al trono un nuevo descendiente de Árpad, el Gran Principe Géza (nagyfejedelem), quien puso las bases de la modernidad estatal en las tierras húngaras desde la capital Esztergom. Tras pactar la paz tanto con el Imperio bizantino como con el Emperador Otón en Quedlinburg en el 973, estableció relaciones con gran parte de los países fronterizos y acogió a numerosos misioneros católicos en país. Así, tras desposarse con Sarolta, hija del jefe cristiano (algunos Sarolta fueron bautizados según el rito bizantino) de la Transilvania húngara, adoptó la fe de rito latino en el 973 (aunque mantuvo los ritos paganos) y bautizó a su hijo Vajk, como Esteban, gracias a las enseñanzas del San Adalberto de Praga[21].

2. EL MITO. Nación y cristianismo en Hungría.

Nacía el reino cristiano de Hungría y este momento sería el nuevo día nacional de la Hungría del siglo XXI. Por ello, el segundo hito tenía una fecha muy concreta: el 20 de agosto del año 1000 Esteban I (Sanctus Stephanus I) fue coronado como Rey por San Anastasio y bendecido por el Papa Silvestre II, al que László Trócsányi, Ministro de Justicia, reclamaba el ejemplo para Europa. Fue coronado siguiendo la primogenitura; fue Koppány (Cupán), el adversario de Esteban quien se rebeló basándose en el senioratus, es decir siendo el miembro más viejo de la dinastía. Hungría se hacía indisolublemente europea cuando San Esteban (Szent István) introdujo el cristianismo como religión oficial del Estado, destacando la  basílica de Székesfehérvár, terminada antes del fallecimiento del rey como sede de la coronación y la sepultura de los reyes húngaros (hasta su destrucción a finales del siglo XVI)[22].

Gracias a los guerreros Székely (Siculi), comunidades étnicas húngaras fronterizas (quizás ávaros o hunos magiarizados) Esteban I redujo el antiguo poder tribal al vencer al jefe Gyula (convirtiendo Transilvania en provincia) y al jefe Ajtony en la batalla de Nagyősz en el año 1008 (controlando la provincia sur de Maros). Dicha centralización estatal sería religiosa (con las archidiócesis de Esztergom y Kalocsa) y territorial, con una división regional en comarcas (megye) en manos de gobernadores elegidos directamente por el Rey (ispán), por influencia del Sacro Imperio.

A su muerte, en 1038, comenzó una época de grave crisis. Fue nombrado sucesor el "veneciano" Pedro Orseolo (Velencei Péter), tras el fallecimiento de su único hijo, San Emérico y ser sofocada la rebelión de Vazul, primo del Rey. Durante su reinado convirtió al Reino de Hungría en vasallo del Sacro Imperio, y los nobles del país lo destronaron en beneficio de Sámuel Aba (que gobernó durante tres años) aunque Orseolo logró recuperar el trono con el apoyo político del Obispo San Gerado Sagredo y militar de las tropas alemanas en la batalla de Ménfő en 1044.  En el 1064, los nobles aun paganos comenzaron la "revuelta de Vata" contra Orseolo y el cristianismo, consiguiendo coronar a Andrés I, hijo de Vazul, como monarca, pero éste siguió fiel al legado cristiano de San Esteban. Este periodo de inestabilidad continuó con los breves reinados de Bela I y Salomón, ante la influencia germana o la polaca, y la amenaza asiática de pechenegos y cumanos. Será con la coronación del rey San Ladislao I (Szent László), el mítico "rey-caballero" en las leyendas nacionales (Gesta Ladislai regis) cuando tomará nuevo impulso el proceso de construcción nacional [1077-1095] [23]; definido como hacedor de leyes y piadoso cristiano (consiguiendo la canonización en el 1083 de San Esteban y San Emérico, y perdonando a su enemigo, el anterior rey Salomón, pese a varios intentos de asesinato en su contra), fue vencedor de los paganos cumanos, y conquistador del Reino de Croacia a la muerte de su monarca Zvonimir en 1091. Tras su fallecimiento volvieron las disputas, en este caso entre sus sobrinos Álmos y Colomán, venciendo este último en la batalla de la montaña de Gvozd en 1097. Tras el reinado de Colomán El Sabio y Esteban II, acabó la dinastía de la Casa de Árpád con la entronización de Béla II, el "rey ciego" (Vak Béla), ligado a los eslavos de Bosnia y Serbia (su esposa Helena de Rascia).

Se abría una nueva etapa en la Historia de Hungría, escenario de disputa por la hegemonía entre "los dos imperios romanos", el bizantino y el germánico, durante  los reinados de  Géza II y Esteban III. Pero con Béla III, aunque se recuperaron tradiciones greco-romanas que dieron lugar a la redacción de la señalada Gesta Hungarorum ("Hechos de los húngaros") y la introducción de la cruz doble ortodoxa[24].

3. LA TRADICIÓN. La época feudal húngara.

El tercer hito nos habla de la continuidad histórica bajo Luis I y la época feudal. Tras los cortos reinados de Imre (Emérico) y su hijo Ladislao II, el hermano del primero, Andrés II se hizo con el poder iniciando la época feudal en Hungría. La llamada Bula de Oro (1222), que otorgaba libertades a la nobleza szerviens o serviens regis, y la llegada de colonizadores sajones (reconocidos en sus derechos por el Diploma de Andreanum) protagonizaron el comienzo. Béla IV, tras conquistar Eslavonia y Estiria, hizo frente a la invasión de las tropas mongolas y turcas (tártaras) de Batu Kán, siendo el Reino saqueado tras la derrota en la batalla de Mohi (1241); pero también hizo frente a los austriacos en la batalla de Leitha (1246), surgiendo, de la mano del canónigo Eusebio de Esztergom, la Orden eremita de San Pablo encargada de preservar el idioma, la cultura y la historia del país. Tras conquistar parte de Austria, entró en conflicto con su hijo, el futuro Esteban V (István), raptando a su propio nieto Ladislao.

Bohemios (con Wenceslao), germanos (con Otón) y los franconapolitanos con Carlos Roberto) se diputaron, y se sucedieron en el trono del Reino de Hungría, tras el asesinato del neopagano Ladislao IV El Cumano (Kun László) y el envenenamiento de Andrés III El Veneciano (Velencei András), dependiendo de los intereses de la poderosa nobleza local. El pretendiente galo fue finalmente coronado con quince años de edad, con la santa Corona húngara, recuperada por el voivoda de Transilvania, László Kán tras ser robada por Otton. Otón Se entronizaba la francesa Casa de Anjou en Hungría. Y lo largo del reinado de Carlos Roberto I (Károly Róbert) se consiguió un amplio desarrollo económico (introduciendo el florín como moneda) y la centralización del poder real frente al dominio feudal, venciendo en la batalla de Rozgony (1312) a los hijos de Amadé Aba, quienes habían pedido ayuda al noble rebelde Máté Csák (Nádor), y al voivoda Barasab I de Valaquia (1325); y para asegurar este control fundó expresamente la Orden de los Caballeros de san Jorge (1326), liderada por Tamás Szécsényi.

Esta época de centralización alcanzará su esplendor con el reinado de Luis I El grande (Nagy Lajos). Sobrino de San Luis de Tolosa, de quién recibió el nombre, fue educado en las siete artes liberales de la época (astronomía, aritmética, geometría, gramática, lógica, música y retórica) y en cuatro idiomas (alemán, italiano, latín, magiar), así como en las disciplinas bélica, diplomática y política. Con él llegó el primer Renacimiento a Hungría, fruto de su ascendencia angevina, con un gran desarrollo cultural y mercantil del país, ya con más de 4 millones de habitantes y 46 condados reales, y de expansión territorial, intentando incluso conquistar el Reino de Nápoles, en varias campañas donde surgió la leyenda del caballero húngaro Miklós Toldi (leyenda recuperada, en pleno siglo XIX por el poeta János Arany, en la llamada "Trilogía de Toldi" (Toldi-trilógia: Toldi, Toldi szerelme, Toldi estéje (narración de su mítica vida compuesta por 13 cantares en 1846). En alianza con la Polonia de Casimiro III, tres regiones (Valaquia, Bosnia y Croacia) serían definitivamente provincias húngaras. Coronado como Rey de Polonia en 1370 (era hijo de la hermana de Casimiro III, Łokietek Ezsébet) hizo frente a la primera invasión de los turcos otomanos (1381), nombrando a Carlos de Eslavonia como rey de Nápoles (con el apoyo militar de Juan Horváti), y situando la Sede real en la fortaleza de Diósgyőr.

María de Hungría (Mária magyar királynő), hija de Luis el Grande, sería la primera Reina del país. Tras el gobierno de la reina-madre Isabel y del regente Miklós Garai, tuvo que hacer frente a la separación de Polonia (ahora confederada con Lituania) y a la rebelión de parte de una nobleza (en contra del consorte alemán Segismundo) que apoyaba a Carlos III de Nápoles (de la casa de Anjou). Tras el golpe de estado de este último, se desencadenó la guerra civil en Hungría. Con su victoria, el nuevo rey Carlos fue coronado en 1385, pero tras ser asesinado a los pocos días, por orden de la propia reina-madre (ajusticiada dos años después), fueron restaurados en el trono de nuevo María de Hungría y su consorte Segismundo[25].

4. LA EPOPEYA. Hungría en el Renacimiento y ante la ocupación turca.

Como recordaba el ministro de defensa István Simicskó, en la conmemoración de la  Batalla de Nándorfehérvár en 2016[26], Hungría fue y siempre sería la última frontera de la Europa cristiana. Una frontera, como cuarto hito historiográfico, protegida por héroes y guerreros más allá de la leyenda (documentada en los procesos de edificación de los primeros Estados-nación en Europa, del Mio Cid castellano o del ciclo artúrico anglosajón o al Chanson de Roland francés).

La imparable Sublime Puerta se encontraba ya a las puertas del Reino. Tras vencer a los "eslavos del sur" (serbios, búlgaros) los turcos otomanos cruzaron la frontera en 1390. Entraron en batalla abierta contra los húngaros en Valaquia y Moldavia en 1395, siendo derrotadas las tropas magiares y cruzadas de Segismundo en la batalla de Nicópolis (1396). Tras morir la Reina María, Segismundo asumió todo el poder [1387-1437], fundando la Orden del Dragón (1408), siendo elegido Emperador del Sacro Imperio (1411), heredando el trono de Bohemia (1419) y estableciendo la Sede real en Buda.

Con el apoyo de los eslavos (la sureña Casa de Garai y el noble de origen polaco Stibor de Stiboricz), y el lógico respaldo del Sacro Imperio, Segismundo mantuvo frágilmente el poder ante continuas rebeliones en apoyo a la anterior dinastía Anjou. Después de contener a los turcos a orillas del Danubio (Golubac), Segismundo falleció en 1437, momento en el cual los Székely (firmaron en Transilvania la "unión de la tres naciones" (Unio trium nationum) con la nobleza húngara y las comunidades sajonas. Unión necesaria ante la impotencia demostrada por el ya enterrado Emperador Segismundo a la hora de expulsar a los turcos de los Balcanes, con el fracaso de su Cruzada en la Batalla de Nicópolis (1396) y su papel como "cabeza de la Cristiandad" (Emperador de los Romanos en 1414). A su muerte, el polaco Vladislao I Jagellón lograría la Corona tras la Batalla de Szekszárd (1440), donde destacó la figura del héroe militar y comandante János Hunyadi[27].

Voivoda de Transilvania y Cruzado cristiano (y posible hijo ilegítimo de Segismundo), Hunyadi fue regente del país. Como militar afamado logró frenar el avance turco en Hungría (victorias en Marosszentimre, Gyulafehérvár y Krusevac), pero no en el resto de los Balcanes (derrotas en Varna y  Kosovo Polje) aunque obtuvo en 1456 un triunfo épico sobre Mehmed II en la Batalla de Belgrado (rompiendo el sitio otomano), que marcaría el destino venidero de Europa. Por ello proclamó en su lecho de muerte en Serbia:

“Defended, mis amigos, la cristiandad y Hungría de los enemigos... No os peleéis entre vosotros... Si perdéis vuestras energías en altercados, sellaréis vuestro propio destino, así como cavaréis la tumba de vuestro país"[28].

Hunyadi fue regente de los primeros años de Ladislao el póstumo, ahora el rey Ladislao V [1444-1457], tras la muerte en Varna del rey polaco. A su muerte los nobles húngaros eligieron como sucesor real a su hijo menor, Mátyás. Comenzaba la era renacentista en Hungría, de la mano del Mátyás Hunyadi Conocido como Matías Corvino (Corvín Mátyás), tras la regencia de Mihály Szilágyi fue coronado como Rey de Hungría. Recuperó Bosnia de manos otomanas, frenó la influencia germana, introdujo la arquitectura renacentista (el majestuoso Palacio de Buda), erigió la impresionante Bibliotheca Corvinniana, introdujo la moda italiana y llenó la Corte de científicos extranjeros, fundó la influyente Universitas Istropolitana (1465) (es decir la universidad de Pozsony/Presburgo/Bratislava) y desarrolló la primera imprenta (1472). Tras reformar el sistema tributario financió el llamado "Ejército negro de Hungría" (1467), unidad de mercenarios destinado a expandir los dominios como cabeza del catolicismo en la región frente a la incipiente Reforma protestante (bajo petición del Papa Paulo II). Hizo vasallo al Reino husita de Bohemia, y venció tanto a los turcos en Transilvania tras la batalla de Kenyérmező (1479) como al Emperador Federico III de Habsburgo en 1487, conquistando Viena.

El gran Reino húngaro legado por Corvino pasó a manos del bohemio Vladislao II Jagellón, tras no ser reconocido el hijo ilegitimo del difunto Rey como sucesor. El nuevo monarca unió bajo la capitalidad de Buda ambos reinos, con los cancilleres Tamás Bakócz y György Szatmári. Pero su reinado fue una época de división y debilidad, mostrada por la gran rebelión campesina de 1514 y la creciente presión otomana. Bajo el gobierno de su hijo Luis II tuvo que hacer frente de nuevo a la amenaza turca, esta vez de la mano de Solimán, quién en 1521 tomó por fin la fortaleza de Belgrado, y a la crucial rebelión de los protestantes húngaros (1523). Debilitado por ambos frentes, los ejércitos de Luis II fueron aplastados por las huestes turcas en la batalla de Mohács (1526), muriendo en la contienda el mismo rey y el arzobispo Szalkai.

Mohács fue el principio del fin. El inmenso ejército de Solimán (entre 70 y 80 mil soldados) no tuvo freno. La frontera sur de Europa estaba abierta, y el país magiar se sumió durante un siglo entre conflictos internos y la ocupación territorial. Una inicial guerra civil (1526-1538) entre el voivoda Juan Szapolyai y Fernando I de Habsburgo por el poder se daba mientras acontecía la ocupación de Buda por los turcos (1541), la división del Reino entre el Vilayato de Buda (bajo control de un Pachá turco), el Voivodato de Transilvania y los dominios norteños de los Habsburgo[29].

Pese a la derrota de la resistencia en la batalla de Szigetvár (localidad heroicamente defendida hasta la muerte por el legendario capitán Zrínyi) el fallecimiento de Solimán dio aire a los diversos ejércitos húngaros. Tras la firma de la paz de Adrianópolis (1568) entre el emperador germánico Maximiliano II de Habsburgo y el nuevo sultán Selim II, se sancionó la división del antiguo Reino magiar: dominio turco en el sur, dominio austriaco en el norte (con capital en Pozsony, Pressburg, Bratislava) e independencia del Principado húngaro de Transilvania[30]. Juan II Segismundo Szapolyai (Szapolyai János Zsigmond), hijo del voivoda y rey húngaro Juan I, fue el primer Príncipe de la región transilvana, con una autonomía finalmente consagrada en el Pacto de Speyer o Espira (1570) con Maximiliano II. Durante su mandato fructificó en amplias zonas del Reino la reforma protestante. En 1541 se publicó la primera traducción del Nuevo testamento en húngaro, a cargo del monje János Sylvester y en 1590 se tradujeron al idioma magiar todas las Sagradas escrituras, de la mano del pastor protestante Gáspár Károli. Gracias al Edicto de Torda (1568), el luteranismo arraigó en la comunidad de colonos sajones, el calvinismo en ciudades como Debrecen y el unitarismo en Transilvania (liderado por Ferenc Dávid). Ante tal expansión, el catolicismo reaccionó en concordancia con los principios de la Contrarreforma: su sucesor, el nuevo Príncipe católico de Transilvania, Esteban Báthory (Báthory István) volvió a hacer de esta confesión la oficial de la región húngara desde 1571, con el apoyo de los enviados jesuitas, y del recién nombrado nuevo Rey Habsburgo de Hungría, Rodolfo II. Época narrada y vivida por el gran escritor Bálint Balassi precursor de la poesía lírica húngara moderna[31].

Y en la Hungría bajo dominio austriaco, la aristocracia local nombró a Fernando I de Habsburgo como Rey, comenzando la dominación de esta dinastía durante cuatro siglos tras la muerte del citado pretendiente y enemigo Juan I (al que Farkas Bethlen llamó "A magyarok utolsó magyar királya" o "El último rey húngaro de los húngaros"). Años después comenzó la denominada como "Guerra de los quince años" (1591-1609), entre la Santa liga cristiana liderada por el Reino húngaro de los Hasburgo, los húngaros de Transilvania (comandados por Esteban Bocskai) y los ocupantes turcos del sur. Transilvania (con capital en Gyulafehérvár) fue escenario de la lucha entre los valacos (Miguel el Valiente), germanos (Segismundo Báthory) y turcos (Moises Székely), terminando bajo control Habsburgo con el mando del Giorgio Basta (italiano de origen albanés).

En la Hungría bajo control austriaco, el monarca Rodolfo II logró recuperar de manos turcas Székesfehérvár (1601) y Buda (1603). Pero Esteban Bocskai, al mando de los hajdú, militares rurales húngaros, y de un pequeño ejército de las ciudades libres del norte, comenzó una rebelión en 1604. Tomó la ciudad de Debrecen y venció a las tropas germánicas cerca de Álmosd, erigiendo su capital en Kassa. Tomando gran parte de Transilvania, y con el apoyo tanto de sajones y székely como del sultán Ahmed I, fue elegido por la Gran Asamblea como Príncipe de Transilvania en 1605 y por el Congreso de Szerencsen como Príncipe de Hungría[32].

Y en 1607 el Barón Segismundo Rákóczi fue elegido Príncipe de Transilvania con apoyo de los székely, pero el Reino austriaco de Hungría, bajo control del ya Emperador Matías de Habsburgo, apoyó la rebelión en su contra, liderada por Gabriel Báthory y los católicos hajdú. Báthory logró el poder en el Principado un año después, aunque sus intentos de distanciarse de Viena, acabaron con la invasión austriaca en 1613 y la firma de un tratado oneroso en contra de los húngaros de Transilvania. Dicho pacto provocó la reacción de la nobleza regional, que se sumó a la sublevación del Conde Gabriel Bethlen. Con asistencia de las tropas turcas, Bethlen venció a Báthory en la Batalla de Kolozsvár. Bajo el gobierno Bethlen Transilvania se convirtió en un Principado húngaro semiindependiente de los Otomanos y frontalmente opuesto a los católicos austriacos. Se iniciaba una importante época de desarrollo político y económico, marcada por la impronta calvinista de la nueva elite gobernante. Durante treinta años [1630-1660] la dinastía Rákóczi estuvo en el poder. El rey calvinista Jorge Rákóczi I consiguió mantener el control de Transilvania y Valaquia (con apoyo de los voivodas rumanos), y recuperar varias provincias norteñas en manos austriacas, siempre bajo la hegemonía turca (participando en la Guerra de los treinta años en apoyo de los protestantes suecos y franceses).

5. EL LEMA.  La dominación austriaca en Hungría.

El quinto hito supuso la completa sumisión de la nación húngara al emergente Imperio austriaco, de nuevo al expansionista "mundo alemán" pasado y presente[33]. En 1686, una casi reunificada Hungría pasó a ser dominio directo de la corona Habsburgo. Tras frenar a los otomanos en Viena (1683), la alianza conocida como la Santa Liga conquistó Buda (en manos turcas desde 1541) en 1686 y un año más tarde Transilvania (convirtiendo a su príncipe Miguel Apafi I en vasallo por el Diploma Leopoldinum de 1690), pese a la resistencia de los habitantes turcos y húngaros opuestos al emperador Leopoldo I (como la épica resistencia de la ciudad de Munkács). Situación sancionada con la firma de la Paz de Karlowitz en 1699 a nivel europeo, y el exilio de la resistencia húngara de Emérico Thököly.

Francisco Rákóczi II, educado en la corte de Viena desde 1688, escapó de su cautiverio y continuó la causa independentista de Thököly (su padrastro) desde Polonia entre 1703 y 1711, ante el inicio de la Guerra de Sucesión española. Con el apoyo campesino tomó el control de buena parte del país y la asamblea de patriotas de Szécsény eligió a Rákóczi como líder de la rebelión. Cinco años más tarde las fuerzas húngaras fueron derrotadas en la batalla de Trencsén (1708), y tras la huida de Rákóczi, el Barón Sándor Károlyi firmó la Paz de Szatmár (1711) con las fuerzas del nuevo emperador Carlos VI. Tras la firma del Tratado de Passarowitz con las vencidas tropas turcas en Valaquia y Serbia (1718), tanto la Gran Asamblea húngara como la Gran Asamblea transilvana aceptaron la Pragmática Sanción de Carlos VI (reconociendo la soberanía austriaca) y la Carolina Resolutio (legalización de las confesiones religiosas protestantes calvinista, luterana y unitaria). Años más tarde el emperador José II ("kalapos király" o “rey con sombrero”, referencia al hecho de no haberse coronado para no tener que hacer el juramento de coronación aceptando la constitución histórica del país húngaro) inició una campaña contra la identidad húngara, decretando en 1784 que en el reino de Hungría el alemán fuera la lengua oficial (eliminando el latín y el magiar) y que Transilvania fuera una provincia diferente (parcialmente paralizada por su sucesor Leopoldo II, que llevó la capital del Reino a Bratislava).

Con el advenimiento de la Revolución francesa (1789) y las Guerras revolucionarias [1793-1802], la nación húngara intentó, sin éxito, seguir los pasos de muchas otras reivindicaciones independentistas europeas. Tras el fin de las posteriores Guerras napoleónicas [1802-1815], el Congreso de Viena sancionó el status quo de los viejos Imperios continentales, y Hungría continuó siendo parte de los dominios Habsburgo [34].

6. LOS VERSOS. La lucha húngara por la independencia nacional.

Tras siglos de sumisión al poder austriaco, la divida nación húngara, al calor de la incipiente modernización industrial, tomaba el camino de la reconstrucción nacional (cultural y política). En 1825 volvía a reunirse el Parlamento húngaro, con representantes de todas las provincias para defender los asuntos nacionales frente al dominio imperial.

En primer lugar, destacó en esta época la labor del Conde István Széchenyi, quién destinó gran parte de su fortuna a la modernización del país; objetivos recogidos en su obra El Crédito (1831). En segundo lugar, la acción de Lajos Kossuth [1802-1894], afamado orador y destacado político nacionalista opuesto al canciller austriaco Metternich; diputado en la Dieta y organizador del grupo liberal Országgyűlési tudósítások, pese a ser arrestado en varias ocasiones, fundó el periódico Pesti Hírlap donde denunciaba la situación social y política del pueblo húngaro, establecía un programa de reformas en beneficio de los siervos (que chocaban con la defensa del régimen tradicional propuesto por Széchenyi o con las tesis pro-austriacas del conde Dessewffy) y apostaba por la rápida "magiarización" (magyarosítás) de las distintas etnias del Reino (en aparente contradicción con su ideal de un Estado húngaro federalista o multinacional). Y en tercer lugar el barón Miklós Wesselényi, quien encabezó la reforma social en la Transilvania húngara, centrada en la liberación de los siervos y la armonización de la relación entre nobles y plebeyos, y el establecimiento en 1837 del húngaro como lengua oficial[35].

Estallaba pacíficamente la revolución húngara de 1848, eclosionando un moderno nacionalismo húngaro abierto a romper la sumisión al Imperio Habsburgo y establecer una república independiente que sustituyese al rey Fernando V, en plena ebullición de la revolución liberal-burguesa en Europa. Convocados en Pest por el poeta Sándor Petőfi cientos de jóvenes húngaros se movilizaron en 1848 proclamando 12 puntos: libertad de expresión, una guardia nacional, cierta independencia de los Habsburgo, la creación de un banco nacional y la reunión de una asamblea nacional anual. El canto Nemzeti dal de Petőfi y el "Llamamiento" de Mihály Vörösmarty se convirtieron en los lemas revolucionarios que acompañarían a Kossuth en la gran Asamblea nacional húngara de Bratislava.  

Durante un año triunfó dicha revolución. La presión nacionalista influyó en el archiduque Esteban de Hasburgo (Nádor húngaro), que le llevó a nombrar como Primer ministro húngaro al Batthyány; además se plasmó la firma de la liberación de los siervos y se permitió un nuevo gobierno regional con amplias facultades el 10 de abril de 1848, con la participación de Bertalan Szemere (ministro de asuntos Interiores), Lázár Mészáros (Defensa), Lajos Kossuth (Finanzas) o István Széchenyi (Trabajo). Así, cuando la Asamblea se trasladó a Budapest, Fernando V huyó rápidamente a Innsbruck, reconociendo el decreto de la Asamblea de Kolozsvár que aprobaba la integración definitiva de Transilvania, y permitiendo la acuñación del florín húngaro [36].

Gracias al triunfo de la "revolución liberal" en Viena, Fernando V se vio obligado a frenar su reacción ante la subversión húngara, pese a su victoria en Schwechat. Forzado por la élite austriaca ante la situación de caos, el Emperador renunció en su hermano menor, el archiduque Francisco Carlos de Austria; pero este se vio también obligado a abdicar en su hijo Francisco José I. Pese a esta situación, el 1 de enero de 1849 el Ejército Imperial rompió los acuerdos revolucionarios de Pest y tomó nuevamente Buda y Pest gracias al apoyo ruso desde Transilvania. Aunque el 4 de abril Lajos Kossuth era nombrado presidente regente de Hungría y liberada días después la capital (siendo nombrado Berlatan Szemere como jefe del gobierno), la reacción austriaca fue brutal meses después, rindiéndose en agosto las tropas húngaras en Világos y aplastando la resistencia húngara en Buda y Pest el 6 de octubre, siendo ejecutados 13 generales rebeldes en la región de Arad (los llamados "Trece mártires de Arad")[37].

Varias décadas después, y ante la persistencia de rebeliones nacionalistas húngaras, el Imperio se vio obligado a firmar en 1867 el denominado como "Compromiso austrohúngaro" (Ausgleich); en parte ante la debilidad imperial tras el sangriento levantamiento de la Galitzia polaca, y gracias a la labor del político Ferenc Deák, popularmente conocido "el sabio de la patria" por su manifiesto Ellenzéki nyilatkozat (quién desde la asamblea nacional apoyó decididamente el acuerdo). Nacía una nueva Confederación binacional (el Imperio austrohúngaro u Osztrák-Magyar Monarchia) que recuperaba la Carta magna húngara, establecía un ejecutivo autónomo y reconocía las fronteras históricas del Reino húngaro (y su simbología)[38].

Gobierno regional bajo control del Partido liberal de Kálmán Tisza y sostenido por la emergente burguesía, siempre reticente a la emergencia del movimiento socialista-obrero y a las demandas de los sectores más independentistas. Y en este medio de supervivencia de la hegemonía de Viena, el soberano de la Casa de Habsburgo gobernaría como emperador de Austria sobre el oeste y el norte (Cisleitania) y como rey de Hungría sobre el este y el sur (Transleitania): "A Birodalmi Tanácsban képviselt királyságok és országok és a Magyar Szent Korona országai"/"Los Reinos y Territorios representados en el Consejo Imperial y los Territorios de la Santa Corona Húngara de San Esteban"[39].  Pero pese a este acuerdo confederal, desde principios del siglo XX comenzó a recuperarse el dominio austriaco directo, imponiendo sucesivos gobiernos tecnócratas en Hungría; hasta que en 1913 llegó al poder de nuevo el liberalismo regionalista, esta vez bajo el mandato de István Tisza, con el fin último de intentar neutralizar las imparables pretensiones nacionalistas húngaras.

7. EL IDEAL. La nueva República húngara.

Pros y contras. El hito republicano se ha convertido en objeto de la controversia historiográfica, y por supuesto, de la dimensión inevitablemente ideológica contenida en unos y otros intérpretes. Periodo de libertad o de opresión, de independencia o sumisión.

Como miembro de la Monarquía dual, Hungría sufrió severamente la derrota tras la I Guerra mundial. En el Otoño de 1918 se produjo la "Revolución de los Crisantemos", por la cual una amplia coalición liberal-progresista intentó edificar la primera experiencia republicana, enterrando el desplomado del Reino Habsburgo de Hungría. Encabezado por el conde Mihály Károly, la aguda crisis socioeconómica, el fracaso en las negociaciones de paz y la continua pérdida de territorios ante los ocupantes (Transilvania, el Banato o Eslovaquia), provocaron su caída y el inicio de una experiencia comunista.

Nacía la "República popular de Hungría", emulando los pasos de la triunfante Rusia soviética. Tras conseguir con métodos expeditivos el poder, Sándor Garbai,  fue nombrado presidente en 1919, aunque Béla Kun fue quien realmente tenía el poder, y tras el fracaso de la rebelión anticomunista de ese mismo año, implantó el llamado "terror rojo" o proceso de sistemática persecución de todo enemigo y disidente. Tras la caída del gobierno de Kun, el militar conservador Miklós Horthy, cabeza de la contrarrevolución anticomunista, se convirtió en el "hombre fuerte" de Hungría. Con Horthy se inauguró un largo periodo de orden y estabilidad, reinstaurando la monarquía (siendo nombrado regente), recuperando la economía y fortaleciendo la identidad nacional húngara. En el inicio de su largo periodo de regencia en el nuevo Reino de Hungría [1920-1945] se celebraron las primeras elecciones democráticas (aunque sin presencia socialista), se finiquitó el Compromiso de 1867 y se convocó una histórica Asamblea nacional (unicameral), donde fue confirmado como regente con las siguientes facultades: designación del primer ministro de Hungría, control directo del ejército, y ejercicio del derecho de veto y de disolución del parlamento[40].

Pese a los intentos de reconstrucción nacional de la coalición que apoyaba a Horthy, Hungría, finalmente, no puedo aplazar el desastre. La firma del Tratado de Trianón (4 de junio de 1920) supuso la desmembración del país y la humillación nacional. Se obligó a Hungría a ceder (siguiendo la doctrina norteamericana de Wilson), dos tercios de su territorio y a casi 3 millones de compatriotas  y gran parte de su riqueza (a partir de ahora en otras naciones).

Tras el fracaso del breve primer gobierno conservador del Conde Pál Teleki (ante el frustrado regreso del Emperador Carlos V y la división entre nacionalistas y realistas) Horthy designó primer ministro al Conde István Bethlen, apoyado por el nuevo Partido de Unidad. Durante sus diez años de gobierno [1921-1931], Bethlen fomentó el nacionalismo húngaro y el orden político-social para mantener la unidad del país, llegando incluso a pactos con la oposición socialdemócrata y sindical. Pese a sus intentos de sacar al país del aislamiento (ingresando en la recién creada Liga de las Naciones) y revertir Trianón, el gobierno de Bethlen no pudo superar la crisis económica de los años treinta y fue sustituido por el proalemán Gyula Gömbös (firmando un amplio Tratado comercial con la nación germana en 1933, pero a pesar de todo esto Gömbös era más pro-italiano que pro-alemán) [41].

El acercamiento a Alemania se intensificó con los gobiernos de Kálmán Darányi y de Béla Imrédy, especialmente cuando el Tercer Reich ayudó al país a recuperar varios territorios húngaros perdidos tras la I Guerra mundial (por el Primer Arbitraje de Viena volvieron zonas de Eslovaquia y Rutenia). De nuevo en gobierno, el conservador Pál Teleki [1939-1941] tuvo que hacer frente al inicio de la II Guerra mundial, aprovechando la situación para tomar más zonas rutenas y eslovacas, y conseguir, tras el Segundo Arbitraje de Viena áreas norteñas de Transilvania en 1940. Asimismo, Hungría entró en alianza con Rumania para el reparto definitivo de la región transilvana, y firmó, bajo presión germana, su ingreso en el Pacto tripartito (lo que provocó el suicidio del propio Teleki, por negarse a permitir que las tropas alemanas utilizaran el territorio de Hungría para invadir a Yugoslavia y que tropas húngaras participaran en la invasión, porque temía que eso fuese casus belli para los ingleses; señalando el mismo Churchill en la Conferencia de paz tras la guerra que había que dejar una silla vacía en memoria del difunto conde Teleki). [42]

El ministro de exteriores, László Bárdossy, le sucedió en el cargo, sumándose a la campaña alemana en Yugoslavia (buscando recuperar ciertos territorios de los eslavos del sur antes húngaros) y finalmente entrando en la II Guerra mundial tras el supuesto bombardeo soviético de la ciudad húngara de Kassa. Horthy, alarmado por la excesiva dependencia de Alemania y el avance del ejército rojo, buscó en un nuevo jefe de Gobierno, Miklós Kállay (1942), distanciarse paulatinamente del Eje y lograr un armisticio con los Aliados británicos y norteamericanos[43]. Ante tal desafío, Hitler invadió Hungría en 1944, evitando la huida de Horthy e imponiendo primero al embajador húngaro en Alemania como jefe de gobierno y más tarde al colaboracionista alemán Ferenc Szálasi[44]. Y en 1945, Hungría se convirtió en campo de batalla entre alemanes y soviéticos, y tras el triunfo final de los últimos, el país quedó devastado, siendo pactada su dependencia absoluta de la URSS tras la Conferencia de Yalta.

8. EL SÍMBOLO. El comunismo en Hungría.

Abandonados a su suerte por Occidente, la destruida Hungría pasó a convertirse en un satélite de la victoriosa URSS, que ocupó todo el país. Las primeras medidas fueron la vuelta a las fronteras de 1938 (condiciones impuestas por los soviéticos en su Tratado de Paz en 1947), la deportación de la minoría alemana, y la anexión soviética de la Rutenia ucraniana.

Se convocaron elecciones multipartidistas el 4 de noviembre de 1945, pero tras el fracaso del partido comunista húngaro de Mátyás Rákosi y Ernő Gerő (solo llegó al 17% de los votos), fue elegido un gobierno de coalición liderado por Zoltán Tildy, del Partido de los Pequeños propietarios. Ahora bien, los ocupantes (al mando del mariscal Kliment Voroshilov) lograron poco a poco otorgar el poder sus aliados húngaros; primero expulsando al primer ministro Tildy (convertido en presidente testimonial) cuatro meses después y nombrando en su puesto a Ferenc Nagy, y después dando a los comunistas el Ministerio del interior (con la creación de la policía política o Államvédelmi Hatóság, AVH) y fusionando las facciones comunista y socialdemócrata en el Partido de los Trabajadores húngaros (Magyar Dolgozók Pártja). Y tras eliminar progresivamente a todos los disidentes, gracias a la labor de los comunistas en el poder, como el ministro del interior László Rajk y el viceministro Rákosi (orgulloso de haber "cortado como rebanadas de salami" al resto de los miembros no comunistas del gobierno de coalición, como Béla Kovács o el mismo Nagy), en las elecciones de 1948 su victoria fue aplastante (dentro del llamado Frente de Independencia del Pueblo), proclamando la República popular de Hungría [1949-1989].

El 18 de agosto de 1949 se aprobó una nueva Constitución, a imagen y semejanza de la soviética, que proclamaba a la nación húngara como "el país de los trabajadores y campesinos" y se priorizaba la realización patriótica del socialismo. Mátyás Rákosi, formando en la URSS, se convirtió en el líder de facto del país, como Secretario General del Partido (Lendvai, 2003). Y fiel al estalinismo, por medio de la AVH, eliminó toda disidencia (el Cardenal József Mindszenty acabó en prisión) y a todo posible competidor (como el mismo László Rajk, ahorcado en junio de 1949), siendo más de 2000 personas ejecutadas y 100000 encarceladas. Se implantó el modelo de economía centralizada y estatista, se comenzaron a pagar las reparaciones de Guerra a la URSS, Checoslovaquia y Yugoslavia (el 20% del ingreso anual), se colectivizó brutalmente la agricultura, se impulsó la industria pesada y el país de adhirió obligatoriamente al Comecon. Asimismo se estableció el sistema educativo comunista basado en el principio de una nueva "intelectualidad de funcionamiento", donde se adoctrinaba a los estudiantes en el marxismo y se expulsaba la enseñanza religiosa[45].

Tras la muerte de Stalin y las evidentes dificultades de la economía nacionalizada, Rákosi fue sustituido como primer ministro por Imre Nagy (aunque retuvo su posición como secretario general del Partido de Trabajadores húngaro durante varios años de dura pugna entre ambos líderes). Nagy comenzó una lenta liberalización económica y mediática, y se excarcelaron a diferentes opositores comunistas; incluso planteó la posibilidad de no participar en el recién creado Pacto de Varsovia. Por ello, y bajo la batuta de Rákosi, Nagy fue sometido en 1955 a la condena del Comité Central del Partido de Trabajadores húngaro por "desviación derechista" y fue apartado durante un año del poder. Pero desde la URSS, Nikita Jruschov despojó del poder a Rákosi en beneficio de Ernő Gerő y rehabilitó al defenestrado Imre Nagy.

Y en plena convulsión política, estalló la "revolución húngara" de 1956, otro de los grandes episodios, y trágicos, de la Historia del país magiar. A partir de una movilización de estudiantes en Budapest en pro de mayores libertades y en contra de la ocupación soviética, y tras la represión de la AVH, varias partes de la capital se amotinaron contra el gobierno, logrando que el Comité Central del Partido de Trabajadores húngaro nombrara al reformista Nagy como Primer ministro. El 25 de octubre las tropas soviéticas actuaron en Budapest contra los manifestantes en la Plaza del Parlamento y János Kádár (todopoderoso ministro del Interior) tuvo que huir a la URSS[46].

Nagy diseñó una "vía húngara al socialismo", democratizando la vida política y mejorando las condiciones de vida de los trabajadores, buscando romper la tutela de Moscú (programa de gobierno publicado el 29 de octubre en el periódico gubernamental "Szabad Nép"). Y con la colaboración de Antal Apró, Károly Kiss, Géza Losonczy o Zoltán Szabó tomó el control del Partido de los Trabajadores, utilizando diariamente Radio Miskolc para pedir la salida de las tropas soviéticas, proclamar el anuncio de la liberación de los presos políticos y el fin del Estado de partido único, e impulsar nuevos consejos revolucionarios de trabajadores locales por todo el país. Incluso el 1 de noviembre defendió la intención de su gobierno de retirarse del Pacto de Varsovia y de defender la neutralidad del país [47].

En su gobierno de coalición Nagy contó con comunistas (Georg Lukács, Géza Losonczy), minifundistas (Zoltán Tildy, Béla Kovács e István Szabó), socialdemócratas (Anna Kéthly, Gyula Kelemen, József Fischer) y campesinos (István Bibó y Ferenc Farkas). Ante tal desafío, la URSS envió el 4 de noviembre sus tropas a Hungría (cerca de 2000 tanques), que aplastaron rápidamente la revolución (ejecutando a dirigentes como Pál Maléter, Attila Szigethy o Miklós Gimes, y al mismo Nagy).

El fiel János Kádár fue nombrado de nuevo Primer ministro, encargándose de la represión (21.600 encarcelados, 13.000 internados, y 400 ejecutados). Pero a principios de los años sesenta Kádár abrió una nueva línea política liberalizadora (el llamado "comunismo goulash"), declarando una amnistía general y modernizando la economía. Su apertura tuvo como hito el "Nuevo Mecanismo Económico", estrategia de desarrollo aprobada por el Comité central en 1966 para aumentar la competitividad comercial del país y promover la estabilidad política[48].

9. LA PALABRA. El sueño de la democracia húngara.

Llegó el gran hito. Para el gobierno de Orbán la caída del comunismo fue el inicio de la vuelta a la independencia nacional. Se alababa esa transición a la democracia, relativamente pacífica y rápida. Sobre la memoria de la abortada revolución de 1956, varios grupos opositores en Budapest comenzaron a organizar una plataforma alternativa, gracias a la liberalización de Kádár que permitió un cierto y controlado activismo político-social: la Federación de Demócratas Jóvenes (Fidesz), la Asociación de Demócratas Libres (SZDSZ), y el Foro Democrático húngaro (MDF) [49].

Ante la crisis casi terminal del sistema soviético, especialmente en Europa del este, en 1988 el nuevo Secretario General del Partido Comunista, Imre Pozsgay impulsó el llamado como "paquete democrático": libertad sindical, asociativa, asamblearia y de prensa, así como una nueva ley electoral. La inevitabilidad del cambio histórico, un año después el pleno de Comité Central aprobó el sistema político multipartidario y la transición gradual a una democracia liberal, y se acordó con la URSS la retirada planificada de sus fuerzas militares antes de junio de 1991. En esos meses se convocó, de manera bien recogida en los nacientes medios de comunicación libres, una amplia mesa redonda nacional, tanto con representantes de los nuevos partidos creados en los últimos meses, como con miembros de los antiguos grupos políticos (como los Minifundistas o pequeños propietarios, y los, Demócratas Sociales) y del casi difunto y gobernante Partido Comunista, el cual convocó su último congreso en 1989 y se redenominó como Partido Socialista húngaro (MSZP).

La histórica sesión del Parlamento del 16 al 20 de octubre de 1989, aprobó la transición político-social. Se convocaron elecciones parlamentarias multipartidarias inmediatamente. De manera urgente se fueron poniendo las bases de la nueva y democrática República de Hungría, siendo proclamada la misma el 23 de octubre tras una revisión de la Constitución de 1949. El político Mátyás Szűrös sería nombrado como presidente provisional y consensuado.  El primer gobierno electo estuvo en manos de József Antall del Foro democrático de Hungría (MDF), el cual participó activamente en la creación del Grupo de Visegrado en 1993 (junto con las posteriormente separadas Chequia y Eslovaquia, y con Polonia). Al breve ejecutivo de Péter Boross, quién tomó el poder tras la muerte repentina de Antall, le sucedió el gobierno de Gyula Horn y los socialdemócratas excomunistas del MSZP; labor marcada por el impacto del Paquete económico Bokros (obra del ministro de Economía Lajos Bokros) ante la crisis económica del periodo. A continuación, el opositor partido liberal-conservador FIDESZ logró una amplia victoria en las elecciones de 1998, siendo nombrado Viktor Orbán como Primer ministro (llegando al 42% del voto escrutado). Su primer gobierno, con una agenda cercana al liberalismo progresista occidental, aprobó, entre otras medidas, el ingreso en la OTAN en 1999 y el lanzamiento del llamado Plan Széchenyi (ayuda a las compañías húngaras para integrarse al mercado internacional). En un almuerzo organizado por Freedom House en Washington, Mark Palmer, ex embajador en Hungría que conocía bien el invitado, presentó a Orbán como el joven y prometedor líder de la Hungría democrática[50].

La ruptura de la coalición con la que gobernaba (con la crisis del pequeño socio FKGP), y la campaña mediática de la oposición sobre su supuesto autoritarismo, hizo perder a Orbán las elecciones de 2002 ante la entente formada por el Partido Socialista Húngaro (MSZP) y la Alianza de los Demócratas Libres (SZDSZ). Con primer gobierno socialista-liberal del economista Péter Medgyessy se terminó el proceso de integración formal de Hungría en la UE el 1 de mayo de 2004; pero el mismo fue derrocado, ante graves acusaciones de corrupción, el 29 de septiembre de 2004 por su compañero de partido Ferenc Gyurcsány, al que consideraba un "caballo de troya" tras un pacto secreto que denunciaba entre los líderes del MSZP y de SZDSZ Gábor Kuncze, László Kovács y Katalin Szili [51].

Pese a los crecientes problemas económicos, Gyurcsány fue reelegido el 9 de julio de 2006[52]. Aunque en 2009 fue apartado del ejecutivo por el Parlamento acusado de inoperancia económica e ineficiencia política, yante  las continuas protestas ciudadanas sucedidas ante un grave escándalo de corrupción económico-partidista; polémica nacional surgida tras haber visto la luz su confidencial "discurso en Balatonőszöd" (grabado por Magyar Rádió), en el cual supuestamente reconocía haber mentido a los ciudadanos para ganar las elecciones y profería insultos sistemáticos contra ciertos sectores del país. Su sucesor, Gordon Bajnai, conduciría los destinos del país hasta las elecciones de 2010, donde Orbán volvería al poder, pero ahora con una misión histórica diferente: la defensa de la identidad nacional húngara en tiempos de globalización acelerada[53].

10. EL DISCURSO. La Hungría histórica de Viktor Orbán.

Se recuperaba la "Constitución histórica" de Hungría.  El discurso político-social de la Hungría del siglo XXI rememoraba las grandes gestas y los héroes legendarios como símbolos de una Historia ligada a la Identidad. El gobierno de Viktor Orbán continuaba, así, la gran obra nacional significaba que ponía, entre transformaciones sustanciales y polémicas internacionales, al país magiar en la primera plana internacional. El 29 de mayo de 2010 Orbán asumió por segunda vez el poder como Primer ministro. Pero esta segunda vez, todo sería diferente. Orbán encabezaba ahora una profunda transformación nacional que cuestionaba el omnímodo poder de Bruselas, y que parecía hacer irreconocible al antiguo político liberal y pro-americano que había deslumbrado en Bruselas. Del anticlericalismo liberal de sus declaraciones y propuestas de 1991, a su afirmación pública en 2005 de “yo soy cristiano[54]. Una convicción manifestada en las palabras y en sus obras desde 2010. Junto a la acción legislativa en defensa de la identidad cristiana, sus discursos versaban sobre el papel de ésta en las raíces de Europa y en el futuro de Hungría, y en ellos abundaban las citas bíblicas y las frases religiosas latinas. Incluso Orbán anunció el lema de su gobierno: “soli Deo Gloria[55]. Ideas y propuestas recogidas el gran discurso en el extranjero de Orbán, en noviembre de 2011, en la London School of Economics describió la victoria de Fidesz en 2010 como la máxima expresión de un deseo de los ciudadanos húngaros de un liderazgo fuerte capaz de cerrar la transición post-comunista, y la necesidad de una nueva Constitución que recuperara la identidad nacional del país centroeuropeo.

Una evolución personal ligada a la transformación político-cultural de Hungría liderada por Fidesz (y con el ascenso de Jobbik como claro exponente) con el apoyo de la alianza entre las dos confesiones “nacionales y establecidas” del país: la mayoritaria Iglesia Católica (con el cardenal Péter Erdő y la minoritaria Iglesia reformada (con su pastor y mentor Zoltán Balog). Su colaboración se tradujo en la devolución de "la riqueza robada a las iglesias y al pueblo húngaro” por el comunismo, y la renovación de las Iglesias destruidas o envejecidas católicas y reformadas. Y con el apoyo mayoritario de la ciudadanía fue el punto de partida para legitimar su mandato en pro transformar el país desde una nueva revolución conservadora[56]. El Parlamento desarrolló una enorme actividad legislativa: más de 800 iniciativas legislativas, desde la aprobación de una nueva Ley Fundamental (modificada cinco veces desde 2011), hasta una reforma electoral, pasando por la transformación de la justicia y la defensa de la minorías húngaras en los países vecinos[57]. Medidas consideradas por el presidente de la Comisión, Jose Manuel Durão Barroso como amenaza para el Estado de derecho europeo, señalando la posibilidad de suspender los derechos del país considerado infractor y de su capacidad de voto en los organismos comunitarios (artículo 7 del Tratado de Lisboa); mientras Peer Steinbrück planteó la posibilidad de “expulsar legalmente” a Hungría si ésta seguía por su senda antidemocrática y la Eurocámara respaldó el “Informe Tavares” sobre determinados abusos de poder, a través de cambios legislativos que chocaban de frente con los principios progresistas de la UE[58].

En primer lugar, la nueva y citada Carta magna impelía a reforzar la identidad nacional húngara, dentro y fuera del país. Se concedió la nacionalidad a los húngaros étnicos de los países vecinos, se financiaron escuelas en magiar en el extranjero, y se apoyaron partidos políticos propios en dichas regiones limítrofes. A ello se unía la recuperación del pasado nacional, marcado por la Constitución. En 2012 se comenzó a recuperar la memoria del mismo Miklós Horthy con nuevas estatuas y placas en Kereki, Debrecen o Gyömrő[59].

La Constitución promulgada en 2011 recogía la esencia del proyecto de Orbán y FIDESZ[60]. Así comenzaba con la proclamación “Dios bendiga a los húngaros”, y continuaba con la Confesión nacional de Hungría[61]:

"NOSOTROS, LOS MIEMBROS DE LA NACIÓN DE HUNGRÍA, al inicio del nuevo milenio, con un sentido de responsabilidad de todos los húngaros, proclamamos por la presente lo siguiente: Estamos orgullosos de que nuestro rey San Esteban construyó el Estado húngaro en tierra firme y que hizo de nuestro país parte de la Europa cristiana desde hace mil años. Estamos orgullosos de nuestros antepasados que lucharon por la supervivencia, la libertad y la independencia de nuestro  país. Estamos orgullosos de los excelentes logros intelectuales del pueblo húngaro.  Estamos orgullosos de que nuestro pueblo ha defendido durante siglos a Europa en una serie de luchas  y ha enriquecido los valores comunes de Europa con su talento y diligencia".

Una declaración que recordaba la continuidad histórica de la nación húngara jurídico-políticamente, rechazando la ruptura jurídico-política tras la ocupación alemana y la ilegal Constitución comunista de 1949, momentos de “dominación tiránica” que la primera Asamblea Nacional, “libre, nacida de la Revolución de 1956” comenzó a desterrar al “marcar el camino de una recuperación de la libertad nacional, que el segundo día de mayo de 1990 proclamó definitivamente con la recuperación de la representación popular". Sobre esta declaración de continuidad histórica se fundaba la defensa y promoción de la identidad nacional húngara. Una Nación sostenida por un Estado fuerte y justo, protector de los más desfavorecidos y respetuoso de las comunidades naturales intermedias:  “Sostenemos que la familia y la nación constituyen el marco principal de nuestra  convivencia, y que nuestros valores fundamentales de cohesión son la fidelidad, la fe y el amor. Sostenemos que tenemos un deber general para ayudar a los más vulnerables y los pobres. Sostenemos que el objetivo común de los ciudadanos y el Estado es lograr el más alto y posible nivel de bienestar, seguridad, orden, justicia y libertad”. Posteriormente, en el articulado se concretaban algunos de los rasgos fundamentales de este proyecto: el Artículo D recogía el derecho de Hungría de reconocer y proteger a sus compatriotas habitantes de regiones en países limítrofes (y que antes se encontraban dentro del Imperio austrohúngaro), el Artículo L protegía la concepción tradicional del matrimonio y la Familia, y la necesidad de una política de desarrollo demográfico defendiendo la vida desde la concepción (desarrollado con la aprobación de la Ley CCXI de 2011 sobre la Protección de las Familias); y el Artículo M recogía la necesidad de una economía social de Mercado[62].

En segundo lugar se aprobó una nueva ley electoral que creaba nuevos distritos electorales y permitía votar a 500.000 húngaros étnicos que vivían en países vecinos. A la que se añadió posteriormente la obligación de publicar propaganda electoral solo en medios públicos durante la campaña de elecciones. Y se sancionó en 2012 una Ley de prensa que establecía la obligación de realizar siempre una cobertura “equilibrada” a todas cadenas de radio y televisión y radio[63].

Y en tercer lugar, en el plano educativo, el gobierno comenzó a centralizar el sistema público pública, mediante un plan de renovación y control por un lado, y con la ayuda de convenios con las iglesias por otro. Desde 2010 los socios de la coalición con Fidesz, los Demócratas Cristianos (KDNP), se hicieron cargo de los asuntos educativos, culturales, sociales y de salud, y en colaboración con la conservadora Asociación Nacional de Padres de Hungría (Magyar Országos Szülők Szervezete) dirigida por Sándor Keszei, y la Asociación de Intelectuales cristianos (Keresztény Értelmiségiek Szervezete) representada por Julianna Gärtner y dirigida por el sacerdote Zoltán Osztie. Asimismo, y bajo la batuta de Imre Kerényi, representante personal del primer ministro encargado de los asuntos culturales, se fomentaba una cultura conservadora de raíces cristianas [64].

En mayo de 2014 Orbán realizó, en su Conferencia en el Foro Europa de Berlín, una propuesta de debate sobre los desafíos del viejo Continente y cómo los países postcomunistas de la Europa Central pueden ser el referente del desarrollo de la Unión europea [65]. Hungría, como comunidad política, aportaba desde el éxito de su recuperación y siempre bajo unos ideales claros y comprometidos [66], los temas del debate sobre el futuro de Europa:

a)          La Soberanía económica. Ser independientes y responsables ya que “tarde o temprano tenemos que trabajar para ganar y devolver cada euro que gastemos”.

b)            La Recuperación demográfica. Ante una Europa envejecida, sin niños, solo sostenida momentáneamente por la emigración, "la historia ha demostrado que las civilizaciones que no son biológicamente capaces de perpetuarse a sí mismas están destinadas a desaparecer  y desaparecen. Nuestra civilización, Europa, hoy no es capaz de hacerlo".

c)            La Identidad nacional. Frente a los intentos de eliminación del orgullo nacional, para Orbán “la mayoría de la gente en Europa sigue vinculada a su nación, especialmente en un sentido político”.

d)            Las Raíces cristianas. Para Orbán “el cristianismo no es sólo una religión; es también una cultura sobre la cual hemos construido toda una civilización. No hay elección posible, se trata de un hecho”.

e)            La Familia natural. El futuro social de Europa pasaba por identificarse, como Hungría y otros muchos países “con el sentido cristiano de la familia” ya “que en la Europa cristiana la familia es la unión de un hombre y una mujer”.

        f)          El Trabajo. “Europa sólo puede prevalecer y prosperar a través de una sociedad basada en el trabajo”, mediante un “workfare state” (“Estado del trabajo”) que apoyaba el empleo en vez de subvenciones y restauraba la dignidad del trabajo manual [67].

Y tras su abrumadora reelección en 2014 comenzó la siguiente fase del proceso. Llegaba la hora de un nuevo tipo de democracia en Europa, lejos de la que denunciaba como ineficiente y corrupta estructura liberal, y por encima de un subvencionado e insostenible socialismo del Bienestar; y en esa hora Hungría, para Orbán, sería la vanguardia europea de un fenómeno postliberal en germen en medio mundo. La líneas maestras de su propuestas aparecieron dibujadas en su polémico discurso La era del Estado basado en el trabajo se está acercando, pronunciado en Tusnádfürdő (Rumanía) el 29 de julio de 2014, en la vigésima quinta edición de la Universidad libre de Transilvania[68]. Viktor Orbán esbozó en él las ideas del futuro Estado nacional húngaro frente a un auditorio de incondicionales: las  minorías húngaras en Rumanía. En primer lugar “la base del Estado húngaro recién organizado es una sociedad basada en el trabajo que no es liberal en su naturaleza, a partir de poderes políticos civiles cristianos y nacionales que rigen el país tras ganar las elecciones con dos tercios de los votos [69].

En este novedoso escenario histórico, Orbán declaró que:“hay una carrera mundial para inventar un Estado que sea más adecuado para lograr el éxito de la nación. Hoy en día, el mundo está tratando de entender los sistemas que no son no occidentales, liberales, tal vez ni siquiera las democracias, pero no obstante, son un éxito, y las estrellas de los analistas son Singapur, China, India, Rusia y Turquía”. El Estado del bienestar se había alejado de la “raíz de la nación-estado”, y debía ser sustituido por “el enfoque de un Estado basado en el trabajo”. Por ello proclamaba que: “Los ciudadanos húngaros esperan que los líderes de Hungría desarrollen un nuevo tipo de organización estatal que, después de la era de la organización liberal del Estado, una vez más, haga que la comunidad húngara sea competitiva, respetando el cristianismo, la libertad y los derechos humanos[70].

Las críticas no tardaron, de nuevo, en llegar. La oposición lo comparó con el mismo Putin. La prensa liberal anglosajona denominaba la organización desarrollada por Orbán como “Estado iliberal” y a su propia figura como la de un nuevo Mussolini o un “mini-Putin” por ser el único gobernante de la UE en bloquear a Jean-Claude Juncker como nuevo presidente de la Comisión, por apoyar económica y políticamente a Rusia en la crisis de Ucrania [71] (considerando injustas y contraproducentes las sanciones), y desarrollar políticas internas consideradas como autoritarias[72]. Orbán criticaba, al respecto, que esta estrategia comunitaria respondía a una visión multicultural de Europa que socavaba directamente sus principios fundamentales, al sustituir las políticas nacionales de protección de la Familia como factor de supervivencia demográfica (fomentar la natalidad) por acciones de acogida sin restricciones de la inmigración irregular. A su juicio, la UE hacía frente a la crisis demográfica europea desde una visión cortoplacista que negaba los valores fundamentales, y por ello señalaba que:

“Tenemos que pensar en una escala a largo plazo. Necesitamos más niños y familias más fuertes. Cuando más niños nacen, habrá más gente trabajando en Hungría. Así que para mí, la solución a esta pregunta se encuentra, en una mayor escala histórica, en nuestra política demográfica y de la familia. Un gobierno debe, por supuesto, también centrar su preocupación en el día a día, pero es igualmente importante no perder de vista la dimensión histórica. Por lo tanto, para resolver nuestros problemas necesitamos una fuerte protección de las familias, políticas de apoyo, aprecio y reconocimiento para los padres. Para resumirlo todo, necesitamos una política demográfica. En la Europa de hoy esto es criticado, esto no está de moda, y muchos países de Europa quieren abordar la escasez de trabajo con los migrantes, debido a que el horizonte temporal de sus tomadores de decisiones no se extiende más allá de mañana. No puedo aceptar esto, y no puedo estar de acuerdo con esto. Creo que la mayoría de la gente en este país comparte mi punto de vista. Debemos resolver este problema a partir de nuestros propios recursos. Debemos unir el pueblo húngaro, y debemos avanzar hacia la meta de ser tan fuertes como sea posible a través de nuestras propias fuerzas y recursos”[73].

Se concretaba la misión histórica de Orbán: una gran Hungría sobre un nuevo Estado construido desde el patriotismo económico (capitalismo de Estado), la democracia dirigida (posiblemente presidencialista) y las raíces cristianas (y sus valores sociales intrínsecos), que tuvo su inflexión con la crisis de la UE en 2015-2016. La dramática avalancha de refugiados y el ascenso imparable de los llamados populismos (de derechas e izquierdas), con el Brexit británico como culmen sorprendente, dio a Orbán razones adicionales. Convocó, en contra de Bruselas y la oposición nacional, un referéndum nacional el 2 de octubre de 2016 para legitimar su negativa a la política de asilo y de cuotas de refugiados, compartida por sus socios del Grupo de Visegrado (Chequia, Eslovaquia, Polonia)[74].

Y en el nacional-conservador gobierno polaco, Orbán encontró un aliado imprescindible, para una verdadera contrarrevolución, ya que a su juicio “el actual liderazgo europeo había fracasado”, por lo que se necesitaban “cambios fundamentales” para restablecer la seguridad continental, siguiendo el sólido ejemplo húngaro "basado en valores cristianos, con su política de reunificación de la patria y sus políticas familiares”. Palabras del Primer ministro en la cumbre económica húngaro-polaca en Krynica (2016), donde fue nombrado y aplaudido como el “hombre del año” por su “aportación a la política de la Europa del Este”, subrayando en su discurso dicha contrarrevolución era inaplazable ya que "en medio de la crisis de inmigración, los ataques terroristas y el retiro Británico de la UE". Por ello, la “falsa auto-evaluación debe ser terminada”, superando el mito con la realidad: la idealización de la UE como protagonista del mundo globalizado:

 “El Brexit ofrece una gran oportunidad para esta contrarrevolución. Debemos afirmar que los valores nacionales y religiosos son importantes y debemos defenderlos. Los británicos han dicho que quieren ser británicos. Mientras tanto, la elite europea, quienes deciden, los políticos, especialistas, medios de difusión, han venido creyendo que es preciso suprimir nuestras identidades nacionales"[75].

 



[1]    Daniel Abondolo, “Hungarian", The Uralic Languages, London: Routledge, 1998. 

[2]    György Marx, A Marslakók Érkezése. Akadémiai Kiadó, 2000.

[3]    Mátyás Domokos (ed.), A Komp-ország poétája: in memoriam Ady Endre, Publisher, Nap, 2005.

[4]    Stoddard, T. Lothrop. “Pan-Turanism”, The American Political Science Review. Vol. 11, Nº 1, 1917, pp. 12–23

[5]    Ilona T. Erdélyi, "Herder in der Ungarischen Literatur. Ein Essay", en Gerhard Ziegengeist et al (eds), Johann Gottfried Herder; Zur Herder-Rezeption in Ost und Südosteuropa, Berlin: Akademie-Verlag, 1978, pp. 146-157.

[6]              Teun A. Van Dijk, “El análisis crítico del discurso”. Anthropos, nº186, septiembre-octubre 1999, pp. 23-36

[7]              P. Lendvai, Hungary: Between Democracy and Authoritarianism, Columbia University Press, 2012.

[8]              Antonio Moreno, "Valiente pueblo húngaro". La Razón histórica, nº 24, 2014, pp. 17-21.

[9]              El asunto del control de las fronteras es algo más complejo. Fidesz hablaba durante anos de la sublimación de las fronteras dentro de la UE y Schengen, como una forma pacífica de reunificar Hungría y las minorías húngaras en los países vecinos. Para realizarlo adoptaron primero el “státustörvény” o ley del estatuto de los húngaros en 2001 (vigente desde 2002) y luego durante su segundo gobierno la doble nacionalidad. No fue hasta la crisis migratoria que el gobierno cambó de opinión y retórica en cuanto al control de las fronteras. C. Leotard, "El nacional-conservadurismo se afianza en la sociedad húngara: rechazo del FMI y austeridad, el cóctel explosivo del primer ministro Viktor Orbán", Le Monde diplomatique en español, nº 222, 2014, pp. 6-7.

[10]            Viktor Orbán, "Las raíces cristianas de Europa. Discurso en Berlín", La Razón histórica, nº26, 2014.

[11]            Sergio Fernández Riquelme, Hungría y la defensa de la Civilización Europea, Murcia: Colección La Razón histórica, 2016.

[12]            En esta ocasión utilizamos los nombres castellanizados para los príncipes y reyes reinantes, tal como se conocen en la historiografía española, y para el resto sus nombres nativos magiares.

[13]            Silvia Blanco, “Un enérgico cruzado del populismo. Orbán, que luchó contra el comunismo en Hungría hace 25 años, acapara el poder en todos los ámbitos con un mensaje nacionalista, conservador y cristiano”, El País, 6/04/2014.

[14]            J. Fernández y J.F. Fuentes, “Historia conceptual, memoria e identidad (II). Entrevista a Reinhart Koselleck”, Revista de Libros, nº 112, 2006.

[15]            Emilio Lamo de Espinosa, Culturas, estados, ciudadanos: una aproximación al multiculturalismo en Europa, Madrid: Alianza ed, 1995, pp. 17-18.

[16]            Leyenda que nos habla de dos hermanos Hunor y Magor que durante una cacería en busca del mítico y solar Ciervo Maravilloso (Csodaszarvas), escucharon en su descanso el dulce canto de unas hadas del bosque, entre las que se encontraban dos doncellas hijas de Dul, rey de los alanos, pueblo indo-iraní que luego aparece en la península ibérica (Dul surge como rey de ávaros o onogures/turco-búlgaros en una interpretación tardía de los historiadores). Tras secuestrarlas y desposarlas, sus herederos se convirtieron en los hunos (Oriente) y en los magiares (Occidente). Vid. D. Tóth, A Magyarság Története. Debrecen: Aquila Könyvkiadó, 2000.

[17]            L. Kontler, A History of Hungary. Millennium in Central Europe, New York: Palgrave Macmillan, 2002.

[18]            G. Kristó, Hungarian History in the Ninth Century, Szegedi Középkorász Műhely, 1996.

[19]            Gy. László, A kettős honfoglalás, Budapest: Magvető Kiadó, 1978.

[20]            D. Dümmerth, Az Árpádok Nyomában, Budapest: Panoráma kiadó, 1977.

[21]            Vid. E.Szász, Magyarország Képes Történelmi Atlasza, Budapest: Liliput Kiadó, 2005.

[22]            P. Engel, The Realm of St Stephen: A History of Medieval Hungary, 895–1526, London: I.B. Tauris Publishers, 2001.

[23]            M. Molnár, A Concise History of Hungary, Cambridge University Press, 2001.

[24]            D. G. Kosáry, Steven Béla Vardy, History of the Hungarian Nation, Nueva York: Danubian Press, 1969.

[25]            Sergio Fernández Riquelme, "Hungría y las raíces de Europa. Historia de una revolución conservadora en el siglo XXI", La Razón histórica , nº27, 2014, pp. 26-50.

[26]            Kormany (22/08/2016).

[27]            L. Kontler, op.cit., pp. 88-95.

[28]            Ídem, pp. 99-103.

[29]            Sergio Fernández Riquelme, op.cit, 2016.

[30]            D. G. Kosáry, S. Béla Várdy, op.cit.

[31]            L. Kontler, op.cit., pp. 202-210.

[32]            Véase András Oross y Tibor Martí, “La administración pública en la Monarquía de los Austrias y en el Reino de Hungría en los siglos XVI-XVII”, Cuadernos de Historia del Derecho, nº22, 2015, pp. 187-213.

[33]            L. Kontler, op.cit., p. 202-210.

[34]            Ídem, pp. 202-210.

[35]            D.G. Kosáry, S. Béla Várdy, op.cit., pp. 121-122.

[36]            Gábor Gángó, "1848–1849 in Hungary", Hungarian Studies, 15, 2001, pp. 39–47.

[37]            A.C. Janos, The Politics of Backwardness in Hungary, 1825-1945, Princeton: Princeton University Press, 2012.

[38]              D. G. Kosáry, S. Béla Várdy, op.cit., pp. 200-220.

[39]            A.C. Janos, op.cit., pp. 24-28.

[40]            Ídem.

[41]            Sergio Fernández Riquelme, op.cit., 2016, pp.  65-70.

[42]            Cardenal Mindszenty, Memorias, Barcelona: Caralt, 1979.

[43]            Miklós Horthy, Emlékirataim, Budapest: Európa Könyvkiado kft., 2012.

[44]              M.D. Fenyo, Hitler, Horthy and Hungary: German-Hungarian Relations, 1941-1944, London: Yale University Press, 1972.

[45]            G. Pusztai, A. Inántsy, “The Changing Social Role of Church-run Schools during the Communist Rule in Hungary (1948-1990)”, Historia y Memoria de la Educación, nº4, 2016, pp. 177-213.

[46]            P. Lendvai, The Hungarians: 1000 Years of Victory in Defeat. Princeton: Princeton University Press, 2003.

[47]            J.M. Solé Mariño, “Octubre de 1956: la insurrección de Hungría”, Historia 16, nº126, 1986, pp. 11-27.

[48]            M.D. Ferrero Blanco, “Las primeras disidencias del bloque del este, de 1945 a 1973: Yugoslavia, Hungría y Checoslovaquia”, Revista de Historia contemporánea, nº9-10, 1999-2000, pp. 409-444.

[49]            I. Szilágyi, “Hungría: veinte años de democracia”, Historia Actual, nº27, 2012, pp. 151-162.

[50]            Charles Gati, "Putin's Mini-Me. The Mask Is Off", The American interest, 07/08/2014.

[51]            Acusaciones que vertió en su entrevista "Gyurcsány áruló. A Mi csudának tartanám?", Índice.hu, 27/08/2014.

[52]            P. Gradvohl, “Hungría”, El estado del mundo, nº24, 2008, pp. 460-462.

[53]            Sergio Fernández Riquelme,, op.cit., pp. 75-80, 2016.

[54]            Gáspár Miklós Tamás, “Hungría, laboratorio de una nueva derecha: Viktor Orbán, heraldo de la "pequeña burguesía virtuosa”, Le Monde diplomatique en español, nº197, 2012, p. 4.

[55]            I. Sebesteyén, "Orbán hite. Hogyan lesz tegia liberalis politikusból tradicionális szellemi vezető?", Hetek (02/02/2007).

[56]            Peter Bognar, “Rollercoaster ride from liberal to conservative”, The Budapest Times, 13/04/2014.

[57]            Matt Chorley, “Cameron's ally in EU jobs battle Viktor Orban announces he wants to 'build an illiberal new state' in Hungary”, Daily mail, 30/07/2014.

[58]            J. Kirchick, "The Orban Effect: EU Conservatives Have a Hungary Problem", Spiegel online 29/05/2013.

[59]            P. Lendbai, op.cit., 2012.

[60]            Carlos Rodríguez Pérez, “Hungría: La constitución post Stalin”, Cambio 16, nº2100, 2012, pp. 36-39.

[61]            B. Somody, "Raising the Standard? The Current Challenges in Human Rights Protection in Hungary", en T. Kiriaky et al. (ed.), Constitutional Evolution in Central and Eastern Europe, Farngam: Ashgate Publishing, 2013.

[62]            Szabó Kálmán, "Hiszünk a szeretet és az összefogás erejében”. Orbán Viktor politikai krédója, Budapest: Kairosz Kiadó, 2003.

[63]            Viktor Orbán, op.cit., 2014.

[64]            József Debreczeni, Orbán Viktor, Budapest: Osiris Kiadó, 2002.

[65]            Vid. , “The rise of Putinism”, The Washington Post, 31/07/2014.

[66]            Szabó Kálmán, op.cit.

[67]            Sergio Fernández Riquelme, op.cit, 2016, pp. 77-19.

[68]            Jordi Vaquer, “Hungría iliberal”, El País, 07/04/2014.

[69]            Vid. I. Janke, Hajrá magyarok! – Az Orbán Viktor-sztori egy lengyel újságíró szemével, Budapest: Rézbong Kiadó, 2013.

[70]            Viktor Orbán, "The era of the work-based state is approaching", Kormany, 20/07/2014.

[71]            Damien Sharkov, “Hungary’s Mussolini' Vows to Make the EU Member an 'Illiberal State", Newsweek, 30/07/2014.

[72]            Viktor Orbán, "Los húngaros son luchadores por la libertad", Kormany, 22/08/2014.

[73]            “Entrevista con el Primer Ministro Viktor Orbán en Kossuth Rádió (programa "180 Minutos"). (26/08/2016).

[74]              “Debemos volver a la protección de valores” (Campus de Verano de la Universidad Libre de Bálványos), Kormany (25/07/2016).

[75]            Maciej Stasinski, “Kaczynski y Orbán anuncian una contrarrevolución nacionalista”, La Vanguardia (09/09/2016).

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