Tropicalia. La Revolución Musical Brasileña

 

Alejandro Martín Guevara

 

A raíz de nuestro último artículo “El Jazz y el movimiento por los derechos civiles del pueblo afroamericano”, vinieron a mi mente otros movimientos que habían tenido cierta importancia en la ayuda a las clases bajas en su lucha por ser escuchadas y tomadas en cuenta.

 

En esta nueva entrega queremos hablar de un movimiento revolucionario, surgido en la década de los 60 en Brasil de la mano de artistas que supieron innovar fusionando la tradición brasileña popular con las influencias más vanguardistas de la época con el fin de remover la conciencia de una sociedad acomoda al discurso oficial.

 

La noche del 31 de marzo de 1964, se produciría un golpe de estado en Brasil que acabó derrocando al gobierno democrático del presidente João Goulart e instauró una dictadura militar que se extendería hasta 1985. Dicho periodo desembocaría en un periodo político y social muy convulso que generaría grandes repercusiones en el ámbito cultural, llegando a crear un ambiente revolucionario siempre dentro de un contexto artístico.

 

El mundo del arte en general, pero la música como máximo exponente, se convirtieron en un medio para la protesta y una manera de que ciertos discursos cobraran un gran impulso. Por supuesto con sus contradicciones como todo movimiento cultural, ya que, si bien tenía una postura revolucionaria y proponía un cambio social, también era estéticamente conservador.

 

Este conservadurismo podía sentirse a la hora de ser fiel a las tradiciones culturales nacionalistas y la idea de que los estilos interpretados por los artistas deberían de ser siempre la samba y el folk brasileño, permaneciendo fieles a la identidad tradicional de la cultura brasileña. Toda influencia venida del extranjero era refutada, ya que en aquella época se le vinculaba al imperialismo.

 

Músicos emergentes que residían en Salvador de Bahía como Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa, Tom Zé o Troquato Neto, surgieron con una nueva propuesta, ya que consideraban este nacionalismo contradictorio con cualquier movimiento revolucionario que se pretendiera emprender.

 

Esta nueva propuesta se basaría en el Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade, públicado en 1928, que proponía un “Canibalismo Cultural” combinando influencias dispares para la creación de algo único. Una revolución políticamente alineada con la estética y con la valoración de la libertad creativa de los artistas. El artista tenía que disponer de total libertad para experimentar de la manera más personal y creativa que pudiera. Incluso llegaron a adoptar posturas como la idea de la violencia estética, con el uso de la música para crear un gran impacto, sacando de su zona de confort a la sociedad con su mensaje. Creían que esa transformación estética era lo realmente revolucionario.

 

Poco a poco la música fue politizándose de una manera radical, llegando a tener una conexión jamás vista antes. Cada canción tocaba un tema en la que representaba perfectamente la forma en la que el mundo era visto por la sociedad brasileña.

 

En ese momento en el mundo de la cultura en Brasil se consideraba que los grandes músicos debían enseñarle al pueblo lo que era el buen gusto, pero esta serie de artistas siempre rechazaron adoptar una actitud paternalista hacia el arte popular, ya que creían que era una idea ligada a la dictadura.

 

También fueron muy criticados por sus posiciones calificadas como ambiguas, rechazando los distintos relatos de nacionalismo con los que ambos bandos pretendían construir su discurso. El patriotismo conservador de los militares y el antiimperialismo burgués tan extendido en América Latina en aquella época gracias a la enorme influencia del Che Guevara y Fidel Castro.

 

El país pasaba por un contexto político en el que los movimientos opositores al régimen estaban muy dispersos, llegando a entorpecerse unos a otros en su lucha.

 

Debido a este contexto surgiría el movimiento Tropicalista o Tropicalia, término que venía del doble sentido de la imagen de Brasil “Paraíso Tropical”.

 

Podemos situar el comienzo del movimiento Tropicalia con la presentación de la canción Alegría que interpretó en 1967 Caetano Veloso en el Festival de la Música Popular Brasileña en el canal TV Record. En ese mismo evento Gilberto Gil presentaría su tema Domingo no Parque, convirtiéndose también en unos de los himnos del movimiento.

 

Años más tarde estos músicos de Bahía se mudarían a Sao Paulo, donde colaborarían con la banda de los Os Mutantes y Rogério Duprat entre otros. Una vez allí en 1968, grabarían el álbum Tropicália: Ou Panis Et Circenses, donde expresaron una fuerte crítica contra la tiranía de la dictadura.

 

Gracias al álbum Panis Et Circenses, podemos definir a Tropicalia como movimiento, ya que en realidad sería algo más parecido a un manifiesto donde se proponía un camino a seguir. Manifiesto que fusionó la tradición de los ritmos brasileños y africanos con la psicodelia y pop rock anglosajón. La rareza de sus tiempos y sus estructuras poco ortodoxas, lo hicieron estar a la vanguardia musical de todo el planeta.

 

En la portada del disco podemos ver a Rogerio Duprá junto a Caetano Veloso y Gilberto Gil, sujetando un orinal representando el arte erudito. Detrás de ellos podemos observar a la banda Os Mutantes hechos unos críos y con una pose desafiante.

 

La portada refleja un momento en el que la vanguardia erudita se sincroniza con el rock and roll y la música de los adolescentes, que a su vez estaba en sintonía con lo que estaban haciendo los Beatles en ese momento: coquetear con el arte de vanguardia, pero todavía conectado a un pop totalmente ingenuo que había existido antes ". El álbum Lonely Hearts Club Band de Sgt Pepper de los Beatles fue una de las influencias más fuertes del tropicalismo.

 

Como fruto de esa mentalidad hay una explosión de la cultura popular, acompañada de una aceptación y aprecio, como podemos ver en el éxito de figuras como Chacrinha, presentador de shows musicales de gran éxito desde 1950 hasta la década de los 89, donde se dieron a conocer grandes artistas como Roberto Carlos, Clara Nunes , Paulo Sérgio , Raul Seixas , Perla , entre muchos otros. Los programas de Chacrinha estaban calificados en un principio como “Povao” (Populacho), un término utilizado para describir la cultura de bajo nivel.

 

El gran público, a su vez, estaba más abierto a aceptar la viabilidad comercial de géneros como la brega. La palabra, que significa literalmente "hortera", denota un género particular de la música pop brasileña conocida por sus temas melodramático-románticos. La Brega ya existía y vendía muchos discos desde la década de 1950, pero era algo desconocido para los grandes medios. Desde los años 70 y 80, la cultura brega se vuelve muy visible, y Tropicalia jugó un papel importante en este proceso.

 

De hecho, el movimiento tenía como musa a la estrella brasileña Carmen Miranda, como signo de autenticidad, llegando el mismo Caetano Veloso a imitarla durante sus conciertos.

 

La imagen que tenía el ciudadano brasileño de Carmen Miranda era de una caricatura de lo que era considerado que una mujer brasileña tenía que ser, sin embargo, a nivel internacional se convirtió en todo un símbolo de Brasil y su cultura.

 

Esta división de conceptos facilitó los medios con los que abordarían los tropicalistas el concepto de autenticidad. Y el papel que tuvo la universidad también fue importante, no solo como terreno para expandir las ideas del movimiento, sino como lugar de debate y búsqueda de nuevas influencias en otras disciplinas.

 

Los estudiantes marxistas de la izquierda brasileña, cuya estética era fuertemente nacionalista y orientada hacia formas musicales tradicionales, no permitieron divulgar el ideario del movimiento en los ambientes universitarios, debido a que consideraban contaminado por las influencias corruptoras del capitalismo, y al apasionado interés de los tropicalistas en los nuevos sonidos psicodélicos venidos de Estados Unidos y de Inglaterra.

 

Hasta tal punto llegaban las tensiones artístico-p,olíticas que en septiembre de 1968 una actuación poco convencional de Caetano Veloso en el Festival Internacional de la Canción, celebrado en el auditorio de la Universidad Católica de Río con un público mayoritario de izquierdas, causó un gran alboroto al entrar este con una túnica verde brillante, adornada con cables eléctricos y collares con dientes de animales. La banda que lo acompañaba que eran Os Mutantes también iban vestidos de forma extravagante. El enfado de los estudiantes estalló cuando Veloso realizando movimientos escénicos llenos de connotaciones sexuales. El público reaccionó gritando, insultando y abucheando a los artistas, agravándose la situación cuando el cantante de pop norteamericano John Dandurand se unió al grupo en el escenario gruñendo incoherentemente en el micrófono.

 

Al día siguiente Caetano Veloso tuvo que volver para completar su actuación en el concurso, así que se dispuso a salir acompañado de Os Mutantes, con el mismo traje verde. En medio de una tormenta de abucheos interpretó un tema nuevo y provocativo llamado “É proibido proibir (Es prohibido prohibir), el cual había sido compuesto para la ocasión y cuyo título fue tomado de un cartel de protesta en Paris que había visto en una revista de prensa local.

 

El estruendo por los abucheos llegó a ser tan alto que se escuchaba más que la música, el público empezó a darle la espalda a los artistas, a lo que la banda de Os Mutantes respondió con el mismo gesto. Un Caetano Veloso enfurecido dejó de cantar y lanzó un agresivo discurso contra los estudiantes y denunciando el conservadurismo moral de la audiencia.

 

Como guinda al pastel se unió en el escenario a ellos Gilberto Gil, mostrando su apoyo a Veloso. La actuación finalizó como se pudo y los tropicalistas abandonaron el escenario con un caminar desafiante, agarrados de los brazos.

 

Los medios de comunicación con los que el movimiento tenía una relación hostil debido a la controversia que despertaban y al énfasis mediático en dar una atractivo masivo y comercial a los tropicalistas, intentaban sacar un partido comercial, como se podía observar en el seguimiento que se hacía a los eventos de tropicalia.

 

Con un alcance masivo y el surgimiento de la televisión en Brasil, además de una centralización gigantesca, el gran público podía ver eventos como los festivales de música. El país entero se detuvo a mirarlos, pero también despertaron las sospechas de la junta militar en la influencia de protesta que el movimiento podía tener en el ámbito cultural y social.

 

Con la profundización de la dictadura, los espectáculos de Tropicalia se volvieron cada vez más desafiantes, debido a la negativa de Veloso de hacer caso a la censura con su programación. Así que empezaron a monitorear los eventos.

 

Las expresiones anarquistas y antiautoritarias del Tropicalismo fueron interrumpida rápida y precozmente, ya que el gobierno y la junta militar emprendieron una dura represión contra muchos de sus artistas, teniendo que exiliarse, como fue el caso de Caetano Veloso y Gilberto Gil, quienes fueron obligados a huir a Londres tras años de censura, persecución y finalmente de encarcelamiento.

 

Según los historiadores el movimiento como tal con el final de la década de los 60, siguiendo su filosofía de evolucionar y cambiar sus enfoques, experimentó nuevos desafíos con una mentalidad más abierta a contraculturas y movimientos internaciones, como por ejemplo con el famoso movimiento afroamericano Black Power.

 

No hubo tiempo para entender a los interpretes Tropicalistas, como buenos o talentosos, simplemente permanecerán en el recuerdo de todos como un movimiento de ruptura que sentaría las bases por otros movimientos que finalizarían la labor crítica al nacionalismo iniciada por Tropicalia.

 

Uno de estos movimientos sería el Clube da Esquina, Un movimiento de artistas que atraería la atención de todo Brasil y parte del planeta debido a su innovación y creatividad y que surgiría a finales de los 60 en el estado de Mina Gerais y de la mano de músicos como Milton Nascimento, Marcio Borges o Fernando Brant.

 

El espíritu del movimiento sigue vivo hoy en día, gracias a la cantidad de revistas clandestinas donde los integrantes que se habían lanzado a la conquista del planeta enviaban sus artículos para seguir removiendo esas consciencias acomodadas.

 

En 2002 Caetano Veloso publicó Tropical Truth: a story of a music and revolution in brazil, además de otras compilaciones publicadas a finales de los 90 con colaboraciones de Gilberto Gil, Gal Costa, Tom Zé o Os Mutantes. Y en 2012 se filmó el documental Tropicalia, dirigido por el cineasta brasileño Marcelo Machado.

 

 

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